sábado, 24 de noviembre de 2012

Octava entrega de Deliciosamente Humano

Siento ser tan rápido a la hora de volcar últimamente contenidos en el blog, pero me siento acosado por el tiempo que se me va de las manos. Me da la sensación de que se agota con rapidez y tengo demasiadas cosas que mostrar. Como el silencio de los lectores es abismal, continúo por la saga de Deliciosamente Humano, a pesar de que La Rosa Negra es, con diferencia, lo que más se lee. Quien quiera peces, que se moje la rabadilla, que dice el refrán; o lo que es lo mismo, quien quiera algo que lo pida claramente, ¿ok?.
Dicho esto, aquí os regalo otro cuentecillo más:


                                                   Amago de superhombre
En la estancia no entraba casi luz. Las persianas estaban bajadas y sólo por alguna rendija un débil rayo de sol se esforzaba por iluminar un rincón, confiriéndole a la habitación un cierto aire de celda. En el centro había una cama con ruedecillas en las patas y sobre el lecho descansaba una anciana que acababa de ser operada. La mujer se hallaba en periodo de recuperación, de ahí que el flujo de enfermeras fuera cada vez menor.
El flotante olor de las flores era demasiado intenso y dulzón y empezaba a fastidiar al joven sentado en uno de los sillones situados a ambos lados de la camilla.
Sustituía momentáneamente a su hermana, quien había bajado al bar del hospital para comer algo. La enferma era la abuela de ambos. Si ésta daba visos de encontrarse mal su nieto debía de notificarlo a las enfermeras; por lo demás, atendía también las llamadas telefónicas, en exceso numerosas para su gusto.
El cuarto estaba muy caldeado y la temperatura parecía aumentar por momentos. Para combatir el calor el joven se despojó del jersey soltando el aire con un sonoro bufido. La mujer no se despertó.
Me gusta la luz filtrada a través de barras
y barrotes. Imagen cogida de
jansenson.blogspot.com.es.
Golpearon a la puerta suavemente y acto seguido Begoña entró sonriendo. Aquella estudiante en prácticas resultaba fantásticamente atractiva para el joven, pero éste no sabía cómo decírselo; de hecho, creía que ni siquiera tenía derecho a hacerlo. Una de esas tontas situaciones tan comunes a las personas de talante tímido, como era el caso. Begoña saludó en voz baja y se dirigió hasta una mesita rodante donde reposaban los restos de la comida ingerida por la anciana.
-¿Qué tal se encuentra? -Susurró la chica señalando a la camilla.
-Mejor, gracias -respondió el joven sonrojándose levemente sin poder evitarlo en la penumbra del sillón.
-Si necesitáis algo, no tenéis más que avisar, ¿vale? -Begoña retiró la bandeja y se despidió educada con su gracioso acento navarro. El joven se levantó rápidamente para abrirle la puerta haciendo que la muchacha bajara los ojos murmurando unas palabras de agradecimiento. Durante un momento vio cómo la enfermera se alejaba por el pasillo, fijándose en la suave cadencia de sus firmes caderas, luego se metió en la habitación y cerró la puerta. La abuela continuaba durmiendo.
El teléfono quebró la quietud y la anciana, abriendo los ojos alarmada, se quedó mirando a su nieto en silencio.
-¿Digo que estás durmiendo? -Inquirió éste antes de descolgar.
-Si es de la familia, me lo pasas.
El joven mantuvo al aparato una conversación breve, tajante, aburrida y monótona, en contestación a las típicas preguntas que se suelen hacer al llamar a un enfermo. Después colgó.
-¿Quién era?
-Una amiga tuya; bastante plasta, por cierto.
-¡Oh! No lo sabes tú bien -apuntó la abuela-. Les agradezco muchísimo que se preocupen por mí, pero si me pongo siempre es que acabo agotada.
-¡Bah! No te preocupes. Anda, duérmete.
-¿Y tu hermana?
-Bajó a comer. Vuelve ahora.
El joven se acomodó de nuevo en el sillón y su abuela cayó en un sueño profundo nada más cerrar los párpados. Los sedantes que tomaba para calmar el dolor eran realmente fuertes y la mantenían atontada la mayor parte del día.
Para matar el tiempo se dedicó a estudiar la camilla. Era de ésas móviles que se podían subir o bajar tanto en la cabecera como en los pies; bastaba con darle vueltas a un gato grisáceo que ponía en marcha un sistema simple de ruedas y tuercas. El joven se movió hacia adelante y retiró el gato de la palanca a la que estaba acoplado. Luego se recostó en su asiento entreteniéndose en hacer rotar el retorcido instrumento sobre su eje alrededor de la mano.
Acto seguido dejó volar la imaginación cuando sus ojos se posaron sobre la enferma.
Visión enfermiza titulada "La Peste", tomada de www.elhorizontal.com
La vio tan frágil, tan segura, tan sumamente arropada por sus nietos...
"Sería irónico -se dijo mentalmente- que la persona que la vigilaba fuera también la que la acabara matando". Bastaría con un simple golpe certero en la cabeza y ni tan siquiera sufriría. Pasaría a dormir para siempre en una muerte indolora y dulce.
Después se vio a sí mismo dejando con calma el arma homicida sobre la cama para a la enfermera que estuviera de turno. "Ojalá que fuera Begoña". Ella vendría quedándose horrorizada ante la escena. "No, mejor que no sea Begoña; esa clase de chicas tan finas no se suelen enamorar de los asesinos. Pero sí la que trabaja por las tardes, la que tiene cara de vinagre. Démosle una pequeña sorpresa".
-Debería usted de dar aviso sobre lo que ha pasado, ¿no le parece? -Le diría.
Luego permanecería en la habitación aguardando a las fuerzas del orden; incluso abriría la persiana a fin de que la estancia se llenara de luz y poder contemplar así, a sus anchas, su repugnante obra. Primero el histérico sonido de las sirenas llenando el lugar, unos pasos rápidos en el exterior y la irrupción de varios agentes de marrón con caras de pocos amigos.
Entonces encendería un relajante cigarrillo preparándose para el inevitable interrogatorio.
-¿Por qué lo hizo? ¿No era usted familiar suyo? ¿No se encontraba la víctima a su cargo?
¿Cómo les iba a explicar a esos cabezas de chorlito que si había actuado así fue porque se sentía capaz de ello, porque le apetecía matar, porque su valor era mayor que el de cualquiera, que asesinó porque sí? Veía como algo imposible que los policías llegaran a entenderlo, y por eso se limitaría a responder:
-La maté porque roncaba...
Dejó tan malsana fantasía a un lado y de nuevo se encontró en la habitación de un hospital, con las ventanas cerradas, ya en las tinieblas del norteño invierno.
Alegoría sobre la afinidad entre mujeres, de Jodorovski (creo),
cogida de planocreativo.wordpress.com
Su hermana entró en ese momento encendiendo las luces y la anciana despertó finalmente. Tenía más afinidad con ella, por mera cuestión de carácter, y le gustaba departir con la joven sobre cualquier cosa, porque tenía una capacidad de detalle que la entretenía. Su nieto, por contra, era demasiado parco en palabras y no sabía llenar su prolongado tedio tras tantos días hospitalizada.
-¿Comiste bien? -Quiso saber la abuela.
-De maravilla. Hola, tú -saludó al hermano, quien se puso en pie tras colocar el gato en su sitio. Luego se vistió el jersey y se apresuró a despedirse.
-Bueno, yo me tengo que marchar -dijo dando un beso a cada una de ellas. En la puerta sacó un pitillo del abrigo.
-Estaré aquí para la cena. Hasta luego.
En el pasillo aspiró ansioso el humo del tabaco, porque en el interior del cuarto, durante las visitas, no estaba permitido fumar y se alejó en dirección a los ascensores. Pasó ante el control de las enfermeras y vio a Begoña atendiendo una llamada telefónica. Cuando la chica levantó la mirada al paso del joven éste le sonrió y le lanzó un furtivo guiño. Incomprensiblemente, esta vez fue ella la que se sonrojó.
 
Para amenizar la lectura, he preferido volver la mirada al Revival Mod-ernista. El grupo elegido, Secret Affair (me encantaban) y su tema, ¡cómo no!, el Time for action. Equilicuá:
 
Letra y traducción, evidentemente:
 
Standing in the shadows, (Permaneciendo en las sombras)
Where the in-crowd meet (donde se cita la multitud*)
We're all dressed up for the evening (estamos todos vestidos para pasar la noche)
We hate the punk elite (who are the punk elite) (odiamos a la élite punk-¿quién es la élite punk?)
So take me to your leader (así que llévame ante tu líder)
Because its time you realised... (porque es el momento de que te liberes...)
CHORUS (ESTRIBILLO)
That this is the time (Que éste es el momento)
This is the time for action (time for action) (Éste es el momento para la acción)
This is the time to be seen (time to be seen) (Éste es el momento para exhibirse)
This is the time for action (Éste es el momento para la acción)
Time to be seen (El momento para exhibirse)
They can laugh in our face (Podrán reírse en nuestras cara)
Cos we know we're right (porque sabemos que estamos bien)
Looking good's the answer (la respuesta es la buena apariencia)
And living by night (y vivir para la noche)
So take me to your leader (así que llévame ante tu líder)
Because its time you realised... (porque es el momento de que te liberes...)

REPEAT CHORUS (REPETIR ESTRIBILLO)
Look at Sweet Julia (Echa un vistazo a la dulce Julia)
Speeding on the late night train (A toda leche en el último tren de la noche)
They're laughing at the way she dresses (Se ríen de su forma de vestir)
Too smart and clean (Demasiado elegante y limpia)
But she don't care (Pero a ella le da igual)
because she know's she's right (porque sabe que está bien)
And you know we're only two steps away (Y sabes que estamos sólo a dos pasos de distancia)
REPEAT CHORUS (REPETIR EL ESTRIBILLO)
 
* The in-crowd en este caso no alude únicamente a una masa de gente, sino a un tipo muy determinado de personas con mucha clase para vestir y, especialmente, para escuchar determinado tipo de música, por lo que acudían a determinados clubes musicales no aptos para los no sibaritas.

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