miércoles, 4 de mayo de 2011

En defensa del caballero de un ojo

Portada de Vertice con Cíclope ejerciendo de líder natural de la Patrulla X original
    Scott 'Slim' Summers, alias Cíclope, es, muy probablemente y salvo honrosas excepciones, uno de los personajes de comic más incomprendido y que menos ha calado entre el público seguidor de los superhéroes de la Casa de las Ideas (Marvel). Y esta afirmación nada fortuita viene a cuento después de oír hablar a numerosos lectores devoradores de novelas gráficas quienes lo consideran un estúpido "soseras", pasado de moda y casi un proscrito entre los mutantes, ya que ni siquiera tendría cabida en las filas de los increíbles Hombres X (en España conocidos por la Patrulla X).
     Una idea que, para ahondar más en la injusta herida, ha sido potenciada en las dos maravillosas versiones cionematográficas de este grupo de mutantes en favor de ese chulo guaperas con aspecto de salvaje chico malo-malísimo-malérrimo llamado Lobezno (Wolverine, para los angloparlantes). Algo que, en opinión de éste que opina, ha supuesto toda una puñalada trapera por parte de su ya chochete creador Stan 'The Man' Lee hacia quien fue el auténtico origen y médula espinal de la Patrulla formada por el profesor Charles Xavier allá por los tiernos y coloridos años 60 del siglo pasado.
    Tampoco sale muy bien parado, que todo hay que decirlo, en la miniserie de la Era del Apocalipsis, en la que en mundos alternativos al 'nuestro' cada personaje del universo mutante lleva una vida bien diferente a la suya habitual en las series de Marvel. Sin ir más lejos, el héroe auténtico no es otro que el principal enemigo de la Patrulla, Magneto, mientras que Jean Grey (alias Fénix y ex Chica Maravillosa) está enrollada con Lobezno (ya se sabe que a los guionistas, en especial a los ingleses, les pone mucho este tipo de cosas como hacer que el Joker sea homosexual o que Batman sea un desgraciado con pintas, abusón, pendenciero y obtuso). El triste Cíclope no escapa a esta norma inglesa y pasa de ser el jefe de la Patrulla X (curiosamente, siempre es considerado un líder) a engrosar las filas de los malvados mutantes que maltratan a los pobres humanos, siendo, igualmente (¡cómo no!), uno de los principales entre ellos.
    Pues bien, a estas alturas de artículo, empieza a ser evidente mi enfado ante el penoso trato que se le ha dado a este personaje, tanto por parte de guionistas, como de los propios productores de la Marvel como del público (en este último caso, con todo el derecho del mundo, puesto que cada cual tiene su propio gusto y hay que cumplir la máxima de que éstos siempre tienen la razón).
     Yo soy uno de los que forman parte del público lector habitual de cómics. Me formé leyendo novelas gráficas y hasta aprendí idiomas con ellas (francés con Tintín, sin ir más lejos). Yo era de los chavales que se gastaban (casi toda) su paga semanal en escudriñar el lateral de aquel quiosco del Parque de Cánovas en Cáceres y hacerse con todas las novedades que iban llegando, desde el Capitán América hasta Puño de Hierro, pasando por los Cuatro Fantásticos y llegando a Spiderman (en efecto, por entonces era un 'marvelita' recalcitrante hasta que me pasé a las filas de los 'decenianos' al redescubrir a Supermán y al abrírseme los ojos con Batman, del que soy uno de los más fervientes seguidores sin considerarme ningún retrógrado fascista o un amargado filonazi, como consideran algunas mentes simplistas, aunque ésa es otra historia). Por cierto, la otra parte de mi paga se iba en el cine (por si alguien tenía curiosidad).
Imagen de Cíclope de PolygonHeroes.
    El caso es que entre los primeros ejemplares que cayeron en mis manos había un número en blanco y negro de la Patrulla X original, del que no puedo acordarme, pero en cuya portada un alucinante rayo óptico lanzado por Cíclope seccionaba limpiamente y con precisión de excelente cirujano una saca de dinero robado que un ladrón, de espaldas al público, llevaba en la mano. ¡Cielo santo! ¿Qué se supone que era aquello? Para mí, eran toda una novedad, por entonces agradable, y los mutantes (todavía sencillos y comprensibles para una mente simple como la mía) entraron en mi universo de fantasía personal de la mano de aquellos cinco adolescentes -la Chica Maravillosa, Cíclope, el Hombre de Hielo, Ángel y la Bestia- dirigidos a pruedente distancia por el Profesor Xavier, que hacía las veces de padre-de- todos-sin-serlo.
    Si cada uno de ellos era increíble por separado y tenía latente su propia historia particular, cargada de problemas e ilusiones, como si fueran meros chicos de la calle, la de Cíclope fue la que más me impactó. Quizá porque, en el fondo, se me parecía en algo. Solitario, acomplejado, abstraído, muy tímido... Pero líder, a su manera. Y fue él quien me hizo ver que los superhéroes eran humanos, que no por el hecho de contar con una habilidad especial estaban libres del sufrimiento y de la duda, que incluso debían de esconderse en demasiadas ocasiones ante la sociedad y que por su incomprensión de cara a los demás los hacía, precisamente, especiales, antes incluso que por sus poderes.
    Por otro lado, me enseñó que uno no tiene por qué abusar ni sentirse superior, a pesar de saberse por encima de una buena mayoría de 'normales' (ser modesto, vaya); que siempre hay algo que aprender (estar abierto) y que no se puede ir por la vida de estar de vuelta de todo (porque te puedes caer con todo el equipo ante el regocijo de los presentes). Tanto es así que pasé de representar a la Antorcha Humana en mis juegos de recreo a actuar como Cíclope (lo que me permitía ser el 'jefe' por unos momentos).
    En otras ocasiones, que todo hay que decirlo, me hubiera gustado partir en dos con uno de esos rayos visuales a más de un estúpido macarrilla de colegio... ¡Qué le vamos a hacer! Nadie sabe si hubiera sido un magnífico superhéroe o un genial supervillano con un poder en sus manos y la elección es algo muy personal.

Portada del especial dedicado a Cíclope
    Hace ya tiempo que la Marvel quiso pagar su deuda hacia este marginado personaje y sacó, en la serie Iconos X-Men, un número dedicado a Scott Summers, en color, de 96 páginas y casi 7 euros (que más de uno considera tirados por el retrete, a tenor de las críticas que he leído). Vale, reconozco que la historia no vale mucho, no es muy original y que bien podrían haberse esmerado un poco más, ya que se trataba de una situación especial como pocas. Pero, al menos, para los seguidores de Cíclope no deja de ser un fresco soplo de esperanza para que se recupere su figura y ésta ocupe su auténtico lugar frente a otros héroes de papel con más caché y carisma.
    Insisto en que no quiero ser dogmático y que se trata de una opinión tan válida como la de cualquier otro (es decir, totalmente inválida en un mundo subjetivo donde los haya como es el nuestro), pero creo que Cíclope hubiera sido tan buen líder entre los homo sapiens como Scott Summers lo es entre los homo superior, y eso es algo que no se puede decir de cualquier superhéroe ni de cualquier mutante.
    Por cierto, Scottie, al final, se queda con la chica. ¡Qué le vamos a hacer!

Héteme aquí un temita musical que siempre que lo oigo no puedo evitar tener en la mente imágenes de cómic (aunque diera cobertura a una serie de TV):


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