martes, 1 de agosto de 2017

Temor esencial III

Portada del video en Youtube de Dark Elektro Neuropunk (Dj Refizul


XIII

Si hay un culpable, es el hombre;
Pero no es menos criticable
Que Tú otorgues
Y al callar admitas
Las atrocidades cometidas en Tu plural nombre.
Reclamo el sano derecho de enojarme conTigo.
Y a un justo desahogo
Quebrantando las reglas de la ofuscada obediencia;
Lo pido porque antes que un dios
Adivino en Ti ser mi Padre y Amigo.

Tengo un temor antiguo, transparente,
De cristales afilados y espejos rotos,
Que deja al descubierto
La visión de Dios poéticamente seccionado
Y sus aventados despojos
Diseminados en múltiples imágenes de cieno.
Ojalá pudiera desgajar de mi mente
La idea que de Ti me dio un cuento
Como un anciano leñador alejado de nosotros
Que me marcó cuando era adolescente.

Cuántas veces abracé
La posibilidad de rechazarTe,
Cuántas me venció el odio
Y Te insulté sin ambages a la cara,
Libre de remordimientos,
Apartando de mí Tu presunta debilidad.
Mi añorado Maestro:
Sé con certeza que existes,
Aunque también disiento
De los que dicen que hay un éxtasis
Latente en los encuentros con la Divinidad.




XIV

Una religión de amor
Inmersa en un paraíso de rabia y furia
Que agota todas las facultades.
Me inquieta la incoherencia
De ese absurdo genial
Sublimado hacia una postura de entelequia
En la que el débil y el fuerte
Pueden hablarse de igual a igual,
Cuando la realidad que yo veo es
Que sólo se logra la igualdad en la muerte.

Hace tiempo me advirtieron
De que no basta la buena sangre
Para defender o atacar con tino una posición,
Sería insensato si además no se cuenta
Con el deseo de tener hambre:
El insaciable apetito de saber
Y un preciso conocimiento de la situación.
Yo carezco de armas para esta guerra
Que se inclina en favor del Enemigo
Y del bestial atractivo que irradia.

¿Cómo es que no hay diferencia
Entre el que se ha mantenido en la sombra
Orinándose en Tus enseñanzas
Para salir de la ruina
Con una última contrición
Y los que aguantaron con paciencia
Infinitas burlas en contra de su confianza
En Tu particular concepto del ser y del estar?
Lo siento. Soy tan limitado
Que no lo abarco,
Si bien esa expresión de justicia me fascina.



XV

Cae la lluvia lisa para enfriar mi ánimo.
La ilegítima, empero, mantiene sus dedos de hierro
Apretados sobre mis sienes empapadas;
Me aturde la presión haciéndome olvidar
Que una vez fui apto
Para dar todo de mí, para amar.
Ahora desconozco tal sentimiento,
Ni siquiera lo entiendo,
Y cuando lo fuerzo
Me asalta el sabor acre de una sofocante arcada.

Desde luego que lo fuerzo,
Tú me obligas, ¿no recuerdas?
El segundo de Tu lista.
Yo lo intento, Te lo juro que lo intento,
Y me aburro tanto
Con la ambigüedad de las gentes,
Sus ideas retorcidas en escorzo
Plasmadas en tontas frases a medias,
Ese obtuso "tú ya sabes"
Que me cansa hasta sentir asco...

Me siento partido en dos,
Sopesando la balanza que mide la carga
Enfrentada del cariño que Te tengo
Y mi aversión desatada hacia los hombres.
Se mantiene un equilibrado movimiento
De planos círculos concéntricos
Y ahí está lo malo,
Pues esta fe que yo profeso,
Anclada en la periferia,
Me oculta las ansiadas cumbres
Sobre las que poder alzarme victorioso.



XVI

Ya lo ves, Padre mío,
No sigo un rumbo fijado;
Oscilando sobre la enferma marejada
Permanezco a flote a la espera necesaria
De que alguno de los dos ceda.
Me bastaría la luz de una palabra
Para llegar a la orilla a salvo,
¡Pues dila!
Adelante, toma mi libertad
Y pulveriza de una vez Tu silencio.

¿Qué esperas? Mi Señor, mi Dios,
Mi única razón de vivir
Y de respeto a la vida de los demás.
La primera revolución cristiana
Quedó ya olvidada;
Una segunda se me antoja imposible
Por el hieratismo de Tus hijos
Y los acomodados hombres de sotana
Que no preparan la nueva venida de Cristo
Revestido de carne compacta.

La función sigue en el teatro de siluetas.
Sesión única y continua
Sobre un solitario escenario
Ante una grada vacía
Cubierta de mugre y chirriante nieve.
Si el Autor no escribe,
Si deja que su Obra duerma,
Serán los actores quienes usurpen las riendas
Barriendo los dorados papeles,
Creando flamantes ofertas
De novedosos mitos, héroes y leyendas.



XVII

Escucha la charla de las cartas.
Naipes construyendo el futuro
Que se abatirá a plomo,
Promesa de esperanza para los cretinos
Incapaces de vivir sin la falsa magia.
Tras Tu entierro sólo hay miedo
Al qué, quién, por qué y cómo;
Se alza protector el tarot adorado
Como proclamado mesías,
Muy del gusto de este fin de milenio.

¿Y si realmente no somos?
¿Y si se apagan los astros?
¿Y si la Tierra deja de dar vueltas
Manteniendo una parte
En penumbra helada perpétua?
¡Oh, sagrada inquietud existencial!
A más de uno habría que graparle la boca,
Pero a los otros los comprendo
Porque si Tú no quieres hablar
El feliz Enemigo se expresa con total claridad.

Fértil barbecho de dudas,
Y así ha de ser
Pues al orar en serio aceptamos
El espanto de que se haga Tu voluntad,
Con todo lo que eso conlleva,
Cuando ni siquiera sabemos
Los motivos de esa rara arbitrariedad.
La desconfianza es su buena nueva;
Gozoso, el Gran Sátiro sacará provecho
De lo que hicieron los deicidas,
Aunque su derrota ya fue largamente anunciada.



XVIII

¿Es inmutable la elección?
A la vista está que no
Si todos damos el mismo primer paso
Para luego seguir distintos senderos
Que se cruzan y separan
Al compás que señala el dédalo raso
De la efervescente vida.
Esa vida que cada cual se hace
O le obligan
A formarse a punta de espada.

"Ten cuidado, hombre hueco.
La negación del comienzo
Puede acabar siendo
El preludio de un No para siempre,
Incluso después de que tu cuerpo
Se descomponga allá en el pudridero".
Esta cuarta voz es más reposada
Que la de la Bestia, la Ira y La Duda;
Quizá si le pregunte a ella
Me haga con una buena réplica.

Va remitiendo
El vértigo que me mantiene lúcido.
Desconozco qué es la lluvia
Y cuál mi lento llanto,
Fundidos ambos en los relieves de mi cara.
Dios, estoy tan abatido.
Ya no soy nada; no soy nadie,
Aunque ayer mismo me comportara
Como el radiante heredero del mundo.
Pero ella no ha desaparecido,
No huye con la llegada de la calma.

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