jueves, 19 de diciembre de 2013

El Bufón

Para los más ansiosos, aquí tienen la segunda entrega de la serie (cortita) de "Cuentos absurdos". Es de la misma época que la anterior narración, y también fue presentado a concurso, sin éxito de ningún tipo, ¡je, je je! Según aparece en el manuscrito, fue escrito en Bilbao, el 3 de Febrero de 1990 (mi vigesimocuarto cumpleaños; prácticamente la mitad de la edad que acumulo ahora)  y estaba dedicado a un sabio: Miguel Ángel Jimeno. Se titula:


Máscara de bufón, de perso.wanadoo.es.

EL BUFÓN

Yo fui el bufón del rey. Una dulce responsabilidad barnizada de amargura y no exenta de importancia, de la que aún hoy me siento ciertamente orgulloso. En teoría era una tarea fácil: cuando él tenía necesidad de reírse acudía yo y con unas cuantas piruetas le regalaba, a modo de precioso don, con un poco de felicidad, dejándole al punto para continuar con sus pesadas y para nada envidiables labores de monarca. Luego, con suma discreción, volvía a esfumarme como si nunca hubiera estado allí o en ningún otro lugar.
Pero ni Su Majestad ni ninguno de los que estaban con él fueron capaces de entender.
Hubo momentos en los que gemí largamente como alma condenada encerrado en mis aposentos, hundido en la soledad, porque creo que ése era mi destino ineludible: la aislada existencia de los albardanes, manteniendo siempre, ocurriera lo que ocurriera, la estúpida sonrisa tallada en la boca. ¿Y sabéis lo mejor de todo? Que nadie me forzó a ello.
Sin más, un buen día, no hace muchos años de esto, me encontraba en la calle procurándome —a base de métodos muy poco recomendables; que todo hay que decirlo— un bocado para acallar mis rugientes tripas y tropecé con un rico comerciante. Pedí perdón de mil diversas maneras, pero él, al ver mi cuerpo pequeño y grotesco y mis extrañas maneras, se sintió ofendido hasta lo indecible e intentó apartarme de su camino a golpes de bastón.
Enseguida en torno nuestro se formó un corrillo de curiosos que, a carcajadas, estudiaban con detenimiento y celebraban con aplausos las evoluciones de mis ágiles esquivos. Al final, lo reconozco, resulté ser demasiado torpe para superar las circunstancias y el gran señor logró propinarme un bastonazo en la chepa, acompañado de un triunfal insulto que no merece la pena siquiera de transcribir en este manuscrito.
El dolor fue tan terrible que caí al suelo con los ojos humedecidos y una ganas atroces de rebanarle el cuello a aquel sapo engreído, aunque eso me pudiera costar la horca. Pero me contuve. Dios nuestro Señor sabe cómo y por qué.
Terminado el espectáculo, los curiosos se fueron retirando entre risas apagadas hasta que no se oyó más que el murmullo anónimo e impersonal de la plaza. Tardé un rato en reaccionar y al levantar mi enrojecida mirada me asombré contemplando ante mí a una niñita de cuclillas y vestida con lujo que también lloraba conmigo; yo de rabia, ella de pena, supuse.
De inmediato, sopesé mentalmente ambos sentimientos y supe que el suyo, la piedad, vencía con creces a mi odio impotente. Sin conocerme de nada, esa niña derramaba lágrimas de ternura por mi persona, y su gesto se abrió hueco, como una brasa ardiente en el polvo de nieve, en lo más recóndito de mi alma, esté donde ésta esté; una recompensa terrenal —la primera que recibía en toda mi vida—  que bien merecía una réplica adecuada.
Me sequé los ojos y procuré hacerle una serie de inocentes carantoñas que obtuvieron su fruto: seguía llorando, aunque en su cara manchada asomó un esbozo de luminosa sonrisa. No se reía de mí, sino conmigo; ahí está diferencia.
Y estropeé el mágico momento estirando el brazo para acariciarle el rostro en agradecimiento. Se echó para atrás con el ceño nublado y miedo en las pupilas. No se lo reproché... Luego descubrí que se trataba de la hija del comerciante que me maltrató por mi maldita deformidad.
Tuve la dicha, o la desgracia, según se mire, de que entre los que nos rodeaban cuando tuve el lance con aquel señor se encontraba un mayordomo de la corte. De inmediato en palacio se corrió la voz de lo ocurrido y la noticia llegó a oídos del mismísimo rey. Éste envió en mi busca y, tras localizarme en mi cuchitril, me llevaron ante su presencia.
Mantuvimos una suerte de diálogo silencioso, sobraban las palabras, tan sólo mirándonos sin que ninguno de los dos cediera, hasta que el coronado por la gracia divina estalló en una sonora risotada que me arrastró a mí mismo a reírme. Posteriormente el rey ordenó que me trajeran un enorme espejo y me lo situaron delante. Analicé el reflejo ante la regia expectación y mi propia incredulidad; entonces, después de reconocerme, volví a reírme a carcajadas. A partir de ese absurdo instante pasé a ser el primer bufón, el favorito, de la casa real.
Por lo que pude saber, mi fama, proporcionalmente inversa al tamaño de mi físico, se extendió a lo largo y ancho del reino como el fuego entre la paja, y todos comentaban siempre —incluso en las lejanas fronteras— el último de mis chistes o alguna de mis ingeniosas ocurrencias. Su Majestad me tomó franco aprecio y yo a él llegué a quererle como a un padre; el que nunca recordé tener.
Pero, repito, ni él ni su familia ni ninguno de sus cortesanos llegaron nunca a entenderme porque, sencillamente, no me conocieron ni ganas que tuvieron de hacerlo. Por eso, nadie supo jamás de mis largas estancias a oscuras en mis aposentos, ahogado en llanto por el recuerdo de aquella chiquilla que se apiadó de mí y atacado, del mismo modo, por la más endiablada de las soledades que se pueda sentir en este mundo.
Juro que amé al rey con todas mis ganas, pero al mismo tiempo le odiaba con fuerza insistente. De ahí que hiciera lo que hice: envenenarlo cuando fue a beber su copa de vino en Nochebuena. Al caer fulminado sobre la mesa los guardias cerraron las puertas del salón prohibiendo la salida a los que se hallaban disfrutando de la Natividad, la fiesta reina entre las fiestas. Pero yo me adelanté y proclamé en alto mi culpa:
—Yo lo maté.
Nadie preguntó el motivo. Menos mal. Porque ni yo mismo lo tengo claro. Las razones del corazón van por sendas diferentes, y hasta opuestas, a las de la cabeza, y en muchas ocasiones lo que podría justificar un acto no se ha de expresar con palabras, sino con puras sensaciones. En fin, el caso fue que me encerraron en una celda profunda para esperar a que se cumpliera la sentencia de muerte sin juicio previo. Ahora, en mi prisión, tan solo como siempre, manifiesto por fin cierta alegría y cuento, gracias a las piedras rectangulares que me mantienen sin saberlo prisionero, los escasos días que me quedan para ser definitivamente libre.
Sólo pido a Dios que el verdugo tenga el pulso firme al bajar el hacha y que en el Cielo haya reyes que me hagan reír.


Imagen de la obra teatral "El Rey y el Bufón", de Michel de Ghelderode, con la Muerte en medio de ambos personajes, cogida de la página de www.festivaldealcantara.es.


Como elemento musical, creo que viene como anillito al dedo temas que aludan al bufón. El primero de ellos es de The Milestones, con el título de "The Joker", y está enmarcado dentro de la más intensa tradición del Northern Soul. No la he elegido porque esté hasta las narices de traducir canciones y, por tanto, optara por un instrumental, sino porque me gusta tal cual es, ¿vale?



Bien, vale. Es otro tema instrumental, pero insisto que es más bien porque van de la mano con el escrito. ¡Diablos! ¡Qué mal pensados sois todos. Héteme aquí a Sun Ra and The Blues Project, con su "Joker is wild", sacado de su interesante proyecto "Do Batman and Robin". ¿Que os interesa? Pues nada, aquí tenéis el enlace: http://blog.wfmu.org/freeform/2006/02/sun_ra_and_the_.html.



¡Mira que sois! Me habéis obligado al final a introducir otra canción, esta vez con letra, sólo para demostraros que no estoy en plan vago. Es un clasiquete bastante cachondo: "The Joker" de Steve Miller Band.



La letra:

THE JOKER (EL BUFÓN)

Some people call me the space cowboy (Algunos me llaman el vaquero espacial)
Some call me the gangster of love (otros me llaman el ganster del amor)
Some people call me Maurice (Algunos me llaman Mauricio)
Because I speak of the pompitous of love (porque hablo de lo pomposo que es el amor)

People talking about me, baby (La gente habla sobre mí, nena)
Say I'm doing you wrong, doing you wrong (dicen que me lo estoy montando mal contigo, haciéndolo mal contigo)
Well, don't you worry baby, don't worry (Bueno, no te preocupes, nena, no te preocupes)
Because I'm right here, right here, right here (porque estoy justo aquí, justo aquí, justo aquí)
Right here at home (Justo aquí, en casa)

Because I'm a picker (Porque soy un recolector)
I'm a grinner (Soy un tipo que sonríe)
I'm a lover (Soy un amante)
And I'm a sinner (Y soy un pecador)
I play my music in the sun (Toco mi música con el sol)

I'm a joker (Soy un bufón)
I'm a smoker (Soy un fumador)
I'm a midnight toker (soy un drogata de medianoche)
I get my loving on the run (Consigo a mis amantes a la carrera)

You're the cutest thing that I ever did see (Eres la cosita más mona que he visto en mi vida)
I really love your peaches (Me vuelven loco tus melocotones)
Want to shake your tree (Quiero agitar tu árbol)
Lovey dovey, lovey dovey (melosos y acaramelados, melosos y acaramelados)
Lovey dovey all the time (melosos y acaramelados todo el tiempo)
Oh baby, I should show you a good time (¡Oh, nena! Tendría que enseñarte cómo pasar un buen rato)
Because I'm a picker (Porque soy un recolector)
I'm a grinner (Soy un tipo que sonríe)
I'm a lover (Soy un amante)
And I'm a sinner (Y soy un pecador)
I play my music in the sun (Toco mi música con el sol)

I'm a joker (Soy un bufón)
I'm a smoker (Soy un fumador)
I'm a midnight toker (soy un drogata de medianoche)
I sure don't want to hurt no one (Estoy seguro de que no quiero dañar a nadie)

People keep talking about me, baby (La gente sigue hablando sobre mí, nena)
Say I'm doing you wrong (dicen que te estoy haciendo daño)
Well, don't you worry, don't, no, don't worry mama (Bueno, no te preocupes, no, no te preocupes, mamita)
Because I'm right here at home (porque estoy justo aquí, en casa)

You're the cutest thing I ever did see (Eres la cosita más mona que he visto en mi vida)
I really love your peaches (Me vuelven loco tus melocotones)
Want to shake your tree (Quiero agitar tu árbol)
Lovey dovey, lovey dovey, lovey dovey all the time (melosos y acaramelados, melosos y acaramelados todo el tiempo)
Come on baby (¡Vamos, nena!)
Now I'll show you a good time (Ahora te mostraré cómo pasar un buen rato)

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