sábado, 14 de febrero de 2015

Fiestas de cine

Imagen de la época de los Juegos Olímpicos de México de 1968 en la que se plasmó en forma de laberinto las formas del logotipo oficial basadas en Op Art. Cogido de segd.org

Nada mejor que una fiesta para desvelar el ego sum, descubrir rostros tras las máscaras y darse a conocer como realmente es uno mismo. Lo digo muy en serio. Me refiero a la posibilidad cierta de desinhibirse, soltarse la melena, dejar de retener la bestia que vive agobiantemente alojada en el pecho, aprisionada como el peor de los males entre las frágiles costillas que pugnan por romperse y liberar al YO rotundo, individual, brillante, único, particular.
El YO esencial y magnífico.
No concibo que nadie haya ido nunca a una fiesta, como tampoco imagino una vida sin música (repetida esta idea hasta la saciedad en entradas anteriores).
Fiesta, siempre fiesta, sea la que sea y en el formato en que se presente. En una casa particular (increíble la que se montó en la Nochevieja de 1986 a 1987 en Cáceres, con Brighton 64 sonando a todo volumen en una residencia ubicada en plena Parte Vieja, en la calle del Duque, prácticamente asomándose a la Plaza Mayor y que pendía por encima del mesón del mismo nombre que la vía donde estaba ubicado) o a gran escala, en el campo, ya fueran urbanitas o en idiomas extraños y ajenos al natural. No importa el estatus social ni lo abultada (o no) que uno tenga la cartera. La verdad es que no siempre son tan fantásticas y envidiables las mega-fiestas que organiza la pudiente gente (que lo son), y hay que tener muy claro que cualquiera puede montar un sarao interesante ya sea en su propio hogar, en el establecimiento hostelero de un amigo o en un parque zoológico, si se tercia.
En mis viajes a tierras de la antigua Siberia, a la sobreabundante ciudad de Novosibirsk, me percaté de que el frío es un tradicional y fantástico aliado de las fiestas en casa de alguna familia a las que acudir como invitado. El gélido clima (con nevadas en septiembre), y, por supuesto, la ausencia de bares en las calles como el Gran Modernista manda. Allí, en una misma vivienda, se congregaban hasta 20 personas, sudando como locos por la calefacción a todo trapo y sobre las prolongadas mesas se había depositado mucho vodka de ése que te deja la cabeza extrañamente despejada y las piernas temblorosas como las de un pelele (del auténtico, marca Stolichnaya o creo recordar que había uno especialmente sabroso bautizado como una de las principales estaciones de metro de Moscú, Komsomolskaya), verduras para parar literalmente un convoy de ferrocarril y sopita de borsch. Es un claro ejemplo de que cualquier ocasión, cualquier lugar y cualquier circunstancia, combatiendo cualquier obstáculo para ello, es válida para iniciar una fiesta.
Cualquier fiesta implica, como mínimo, contacto (a veces muy directo), relación, oferta y exhibición pura y dura de imagen (especialmente entre los Mod-ernistas), recepción de ideas y sensaciones, almas desnudas y a veces también cuerpos, ingesta (abundante) del omnipresente alcohol o de otros líquidos inanes, comida para el estómago y la mente, píldoras regeneradoras, la primitiva sensación del baile y algún tipo de ritmo que te obliga a mover los pies. A veces, incluso, hay luces que desgranan pasiones (altas y bajas) y en ocasiones se acompaña de imágenes en grandes pantallas que imprimen velocidad y vértigo a la diversión prometida.
El poder psicotrópico de las fiestas lo conocieron bien los 4 Fab de Liverpool.
Queda dicho, en una fiesta se bebe y se contacta con otros congéneres. El alcohol no es ese infierno al que aluden los abstemios que dicen no necesitarlo para divertirse (si bien no suelen ser divertidos ellos mismos, aunque también hay honrosas excepciones); el alcohol, en medidas no absurdas ni desmedidas, destapa el tarro de las esencias internas por el que asoma una boca sonriente, un chiste sin palabras que se despereza, un baile eterno y consciente escondido entre los dedos de los pies, un conquistador (como palabra genérica para abarcar a ambos sexos) desconocido que requiere de un mejor conocimiento (incluso desde el punto de vista bíblico y, sobre todo, desde el délfico) para quererse con pasión o dejar de odiarse desapasionadamente. Otra cosa bien diferente es acabar como los protagonistas de la película "Días de vino y rosas" por su absurda y desentendida inconsciencia y su desconocimiento de sí mismos (muy recomendable su visualización para evitar caer en el fango esclavizante de las almas humanas que supone el alcoholismo descontrolado). Eso hay que evitarlo y saber hacerlo, también. Es infinitamente preferible ser bebedor compulsivo que un babeante alcohólico con nombre y apellidos.
Y se conoce a personal de todo tipo y color. Desde los que merecen ser escuchados, hasta los que son considerados como meros objetos sexuales y tan sólo se recrean los ojos en su presencia física, pasando por los que te transmiten, casi sin querer, su intenso amor por el baile con ese extraño arte de mover el cuerpo al ritmo de una música embrujadora que hechiza los sentidos, pero sin embotarlos, y llegando a los pobres desgraciados que necesitan desesperadamente un amigo.
Existencialismo puro y duro.
¡Ah! Y, por favor, pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, nunca, jamás de los jamases, os rebajéis a mendigar una amistad a nadie ni por parte de nadie.

Una fiesta con un espacio correctamente ambientado es sinónimo de éxito. Aquí pega algún temita de Pop-Art-Rock del estilo que hacían los Eyes, los Who o los Roulettes. Algo sonará al final de esta entrada.
No podía ser de otra forma. La primera elección es de esa Biblia de la Juventud que supone la película de 1979 de Frank Roddam, Quadrophenia, en la que se muestra una fiesta auténticamente MOD sin tapujos ni coacciones y con el apoteosis del My Generation, de The Who sonando a todo volumen en un simpático anacronismo que se puede permitir y dejar hacer sin tener que rasgarse estúpidamente las vestiduras (bueno, eso de romperse las ropas no va mucho con esta Escena, la verdad). Y Jimmy, siempre Jimmy metiendo la pata, fracasando como persona, pero nunca como mod-ernista, perdiendo amigos y amores, así como mitos, hasta reiniciar una nueva vida, seguramente más llena, sin mirar atrás, pero sin olvidar nunca nada de lo aprendido. Lo he comentado en más de una ocasión: siempre quise decir aquello de "¡Hey, tíos! ¡Hay una fiesta en Kitchener Road!".


Desayuno con Diamantes, (Breakfast at Tiffany's) una película tierna donde las haya, es el ejemplo de ese despertar que estaba por llegar a principios de los 60' del siglo pasado. Obra maestra elaborada por Blake Edwards en 1961, guarda en su seno una de las fiestas más disparatadas de la historia del Cine. Es un sarao montado en una minúscula vivienda en la que acaban okupando decenas de personas bebidas y poseídas por el ritmo infernal del Modern Jazz, y en medio de todos ellos los límpidos ojos de Audrey Hepburn buscando cruzarse con los del escritor gigoló (casi un alma beatnik sin saberlo) encarnado por George Peppard, ése que décadas más tarde lideraría como Hannibal el televisivo Equipo A. La banda sonora del inmenso Henry Mancini no tiene desperdicio. Irrepetible la escena de una mujer por completo ebria contemplándose en un espejo, primero riendo a carcajadas para aparecer poco después llorando con desconsuelo. Una imagen excelente sobre el simbolismo del Teatro de la Vida que no hay que olvidar.



Esta película me marcó cuando era un infante a punto de dar el paso hacia la adolescencia. Y me dejó un sabor amargo de boca, porque  no entendía la razón por la que alguien, en este caso el personaje de  Jack Lemmon, que era un celoso defensor de su independencia quien acaba enamorándose de una despampanante italiana en el asombroso cuerpo de Virna Lisi, no termina de ver cómo su esposa le adora de tal modo que para un chaval solitario como era mi caso, suponía una pérdida de tiempo y un derroche de amor que yo estaba más que dispuesto a recibir en su lugar. ¿Cuál es la comedia de marras? "Cómo matar a la propia esposa", de 1965, sabiamente organizada y confeccionada por Richard Quine. Y en ella aparece otra fiesta en casa del dibujante de tiras cómicas para diarios en la que la explosiva mezcla de música, alcohol y drogas acaban forjando un peligroso crisol de situaciones que derivan en un juzgado.
(Vais a tener que disculparme, pero, al parecer, incluí desde Youtube un video sobre la fiesta que pertenecía a un particular y éste lo ha acabado retirando. Así que he elaborado yo mi propio video, desde donde quería empezar hasta el momento mismo de cerrarlo, y aquí os lo ofrezco de nuevo. Insisto, perdón por el apagón tecnológico e informativo que se ha producido hasta ahora por razones ajenas a este vuestro humilde blog):


"Round Midnight" (Alrededor de medianoche), es un peliculón francés, también muy tierno, sobre los inicios el Jazz Bebop, que dirigió en 1986 Bertrand Tavernier. Al margen de que la historia es una delicia, la plasmo aquí y la elijo por la fiesta que se forma en una casa con Herbie Hancock al piano acompañado a la voz por Sandra Reaves-Philips, en un temazo, "Buttercup's Song", que refresca el alma. Da gusto verla, da gusto oírla, da gusto recrearse e imaginarla de nuevo en la distancia. Por cierto, que la banda sonora ganó el Óscar de ese año. Por algo sería. Sobre esta película hablé en 2009 en el increíblemente único y fascinante foro Hipondria Mods, del que formé parte en sus primeros años de existencia. El enlace: http://hipocondriamods.mforos.com/1035566/8823627-alrededor-de-la-medianochje-autou-de-minuit/


Dicho lo cual, me apetece mucho incluir esta canción de The Roulettes. Se titula "The long cigarette". La conocí en casa de mi amiguete Carlos Cordero, que se compró un excelente LP de este genial conjunto musical británico.


Esta canción de The Who se llama "Call me lightning" y tiene un ritmo que entusiasma mi alma. La conocía hace un montón de tiempo, cuando adquirí un recopilatorio con una de las portadas más horrorosas que había visto nunca, en fin. Es ésta:



CALL ME LIGHTNING (Llámame relámpago)

See that girl who's smiling so brightly (Mira a esa chica con la sonrisa tan brillante)
Well I reckon she's cool and I reckon rightly (Bueno, me da que ella es genial y creo que pienso bien)
She's good looking and I ain't frightened (Es buena al mirar y no me siento acobardado)
I'm gonna show you why they call me lightning (Os voy a mostrar por qué me llaman relámpago)
Hey little girl who's dancing so lightly (¡Hey, nena! ¿Quién está bailando tan ágilmente?)
My XKE is shining so brightly (Mi XKE* brilla de forma tan reluciente)
The noose around us is slowly tightening (el nudo que se está formando a nuestro alrededor se está cerrando lentamente)
I'm gonna show you why they call me lightning (Os voy a mostrar por qué me llaman relámpago)
Hey little girl who's dancing so lightly (¡Hey, nena! ¿Quién está bailando tan ágilmente?)
My XKE is shining so brightly (Mi XKE brilla de forma tan reluciente)
The noose around us is slowly tightening (el nudo que se está formando a nuestro alrededor se está cerrando lentamente)
I'm gonna show you why they call me lightning (Os voy a mostrar por qué me llaman relámpago)
You can't catch me, I'm as fast as can be (No me puedes atrapar, voy tan rápido como puedo)
Call me lightning, I'm as fast as can be (Llámame relámpago, voy tan rápido como puedo)
No you can't catch me, no you can't catch me (No, no me podéis atrapar; no, no me podéis atrapar)

*XKE era un modelo de Jaguar de 1963 realmente atractivo.


Finalmente, están The Eyes, un grupo poco conocido fuera de este mundillo. Escribieron este tema, "My Degeneration", con mucho humor, como contrapartida al "My Generation", de The Who. Si queréis saber más sobre The Eyes y este tema en concreto, leed este fantástico artículo: http://rockasteria.blogspot.com.es/2012/03/eyes-arrival-of-eyes-1965-66-uk-great.html.




lunes, 2 de febrero de 2015

Alandaluces

Olivos tan antiguos como la propia tierra sobre la que se asientan y hunden sus raíces como dedos inquisitivos. Delicada foto de Víctor Subirana Garreta, cogida de blogpruebasvictorok.blogspot.com

¿Qué tuvo que marcar a esta tierra de pálidos sueños
para que se hayan reflejado sus agónicas pesadillas
en los retorcidos troncos de olivos centenarios,
donde quedarán prisioneras hasta el fin de los días
las oscuras almas, más por defecto que por vicio?

¿Son los ojos ahora ciegos de antaño los que osaron
asomarse a un devenir complaciente,
mientras las manos sangraban para regar los surcos
de esta arcilla, tumba de perdidas generaciones,
modelada con sutil capricho por dioses muy humanos?

Grita ahora como lo hizo en el amanecer de su historia
dejando ahogar el eco de su desesperada resistencia
con un silencioso caudal de agua salina.
Y por estos campos de polvo blanco y muérdago verde
se cierran los dientes y los puños asiendo la nada.
Pasos que sólo dejan huella en el olvido de la memoria.

¿Prueba eso que no hay futuro a la vera del Guadalquivir
como río maldito que sacia su sed de muerte
en las rojas ondas flotantes para pervertir ancianas doncellas?

¿Qué privilegio saturó la mente gris del pueblo
para dormir durante siglos en la leyenda de la fantasía;
allí donde se calzan los duendes sus altas botas de piel lamida?

Se despereza el alba atrapado en el rocío de las telarañas.
Y un mortecino sol descubre la bruma de la Sierra,
donde mora el cadencioso Señor de las Manchas,
para mirarse en el iris azabache de la espesa lechuza.

Hay belleza; hay esperanza.
Porque las palabras brotan como afilados espinos
reventando las burbujas de pereza
ocultas a la vuelta de la esquina.


Escuchar canciones como la de Jarcha, "Andaluces de Jaén", y perdérseme la mente en un infinito negro de los que relajan la cabeza es uno.





¿El toque Mod-ernista? Quizá sea bueno rememorar formaciones antiguas que se regodeaban en tocar R&B o puro Blues. Éstos son Entresuelos, de Sevilla, con un jovencísimo Charlie Cepeda dándole vida a sus dedos junto a su papi.



lunes, 26 de enero de 2015

Dimensiones sentidas


Hay personas capaces de moverse a través de imperfectas dimensiones que no terminan de cuadrar.
Imagen, que me encanta, titulada Reflejo y cogida de http://www.cuentocolectivo.com/

Retorno a tus ojos cada vez que puedo
o me lo permite la memoria.
No hay un día en el que el sol se apague
con tu ausencia sentida.
Y es propio del alma ansiar lo que se nos escapa
evitando el ocaso de una larga vida vacía.
Son los ecos insistentes de tus palabras
los que me anclan a un presente que se marcha y se pierde
sin prisas.
Sobre mí se cierne la duda de ese porvenir
que se retrasa como un fantasma enamorado.
Y en la escarcha de tu pelo hay reflejos
de temores sin nombre ni pasión
pronunciados temerosos por mis anónimos labios.
Porque hay frío en la soledad del pasado
marcado por remotos deseos
que retorcidos flotan en la niebla del olvido
como un cadáver que se deja guiar por tu vaporosa mano.
Por tu sempiterna presencia transcurren
los invisibles segundos de esta existencia de plomo
que se hace insoportable sin tocarte,
sin oírte, sin mirarte.
Porque te mueves por el tiempo
con la gracia de las ninfas impasibles,
carente de huella sobre un mundo que agoniza
bajo el latente peso de la inútil providencia.
Y justo ahora (ni nunca); justo ahora no estás.

Tiempo, polvo y arena reconcentrados en esta imagen capturada de danielcottalobato.blogspot.com

Y aunque lo expuesto suena un tanto tristón, nada mejor que elevar el ánimo con Cooper y su "Technicolor".



Tengo que decir, y así se lo expuse en su día a Francisco Ortega Mateo, que Los Escándalos fue un grupo que me marcó tanto por sus letras como por su música. Y aquí están con "¿Dónde se fue la diversión?".


Y no podían faltar mis adorados Los Negativos, con esa inquietante "Habitación realmente pequeña". 


miércoles, 14 de enero de 2015

Hipertensión

Paisaje humano, cogido de mundoconsciente.es.
HIPERTENSIÓN

Brevísimo gesto el del viento
al rozar con descarnados labios
tus aún frescas mejillas.
Y te estremeces
anticipándote al gozo;
y te ruborizas
imaginando sin prisas
las ternuras de los ágiles dedos
descubriendo simas y pozos
en el terso mapa de tu cuerpo.
Y esa sonrisa de terciopelo que medita
futuras pasiones que traerá el mañana,
mientras anudas sin pensar tu melena
vibrando despacio en tu seno
hasta manar ríos de incandescente lava.
Y los ojos de miel perdidos en el horizonte,
buscando níveas promesas de azahar
latentes, esquivas, exquisitas, plurales,
que se han de cumplir con la llegada del alba.
Y las manos inquietas como mirlos
que al volar lamen con su oscuro pecho
las cumbres nevadas y las dunas ardientes
de un jardín frondoso y desierto,
con cristalinas fuentes de sal y nácar.
Apuras los segundos y el aire
en un suspiro casi eterno
retorciendo los minutos atados al reloj.
Y te recreas
con la memoria ahora enriquecida;
y te descubres
cada vez más viva, amplia y sabia
degustando agridulces sabores
de repletas experiencias densas
tan profundas y sutiles
como la raíz del boj
punzando la arena del Tiempo.

No sé por qué, pero cuando estaba escribiendo esto, me vino de inmediato un tema que guarda en su seno una tensión musical y sensual de muy primerísimo primer orden. Es el "Little Things", de Dave Berry.


Añado la versión original, que varía un poco respecto de la anterior y quizá haya gente a la que le guste más, evidentemente.



Little Thins (Cositas)

Little things that you do (Las cositas que haces)
Make me glad I'm in love with you (me hacen feliz, estoy enamorado de ti)
Little things that you say (Las cositas que dices)
Make me glad that I feel this way (me hacen tan feliz que estoy siempre así)
The way you smile the way you hold my hand (Esa forma de sonreír, la forma en que coges mi mano)
And when I'm down you tell me im your man (y cuando estoy hundido me dices que yo soy tu hombre)
You know I love those little things in my ear (Ya sabes que me encantan esas cositas en mi oído)
That you say when there's no one near (que dices cuando no hay nadie a nuestro alrededor)
Little things that you do (Cositas que haces)
Make me know that your love is true (me hacen ver que tu amor es verdadero)
When we walk you like to hold my hand (Cuando caminamos te gusta cogerme la mano)
And when we talk you tell me I'm your man (y cuando hablamos me dices que soy tu hombre)
You know I love those little things that I hear (Ya sabes que me encantan esas cositas que oígo)
Those little things you whisper in my ear (esas cositas que susurras en mi oído)
I know there ain't nobody else like you (Sé que no hay nadie más como tú)
No one can do the little things you do (Nadie más puede hacer las cositas que haces)
Little things that you do (Las cositas que haces)
Make me glad I'm in love with you (me hacen feliz, estoy enamorado de ti)
Little things that you say (Las cositas que dices)
Make me glad that I feel this way (me hacen tan feliz que estoy siempre así)
The way you smile the way you hold my hand (Esa forma de sonreír, la forma en que coges mi mano)
And when im down you tell me I'm your man (y cuando estoy hundido me dices que yo soy tu hombre)
You know I love those little things that I hear (Ya sabes que me encantan esas cositas que oígo)
The little things you whisper in my ear (esas cositas que susurras en mi oído)
I know there ain't nobody else like you (Sé que no hay nadie más como tú)
No one can do the little things you do (Nadie más puede hacer las cositas que haces)

lunes, 12 de enero de 2015

Occidental y aséptico narcisista

Transformación del periodista Clark Kent en el superhéroe Superman, por el genial Alex Ross.
Llevo años (y años) dándole vueltas al mismo tema: La muerte (asesinato) de mi vocación profesional, que, curiosamente, siempre achaco a otra mucha gente, pero nunca a mi propia persona.
Salí (para siempre) un soleado verano de la Facultad de Ciencias de la Información, en la Universidad de Navarra, ya algo renqueante y con una cojera incipiente que comenzaba a fastidiarme con un agudo dolor frente a lo que estaba por venir a muy corto y medio plazo. Me pesaba algo la armadura de plata con la que un periodista en potencia forjado en los estudios superiores se envuelve en defensa de la latente Verdad, la esquiva Objetividad (si es que existe tal cosa), la ausente Justicia y el encantadormente absurdo Sistema de Vida Occidental (casi, casi, la autoencomienda del superheroico alter-ego de Clark Kent). Y eso se ha acabado notando en exceso a lo largo del tiempo transcurrido desde entonces.
Fueron cinco años universitarios con profundos altibajos en mi formación. Los primeros cursos, excesivamente similares al BUP y al COU que acababa de dejar atrás, aunque con ciertas nociones de economía que me resultaron frescas, novedosas y algo útiles (por vez primera escuché el concepto de Campana de Gauss y el nombre de Keynes pronunciado con reverencia contenida por el eternamente sonriente profesor Miguel Alonso Martínez-Echevarria); una cierta (y manifiesta) incapacidad por parte de algunos docentes (Rosa María Echevarría, sin ir más lejos) para transmitir su supuesta pasión por una asignatura que quizá les venía grande, y una clase de Teología que me enseñó una gran verdad a través del conocimiento de Don Ignacio Ordovás (primo hermano del muy venerado maestro musical y mago de las ondas Jesús Ordovás, de Radio 3) : "Para defender o atacar algo, previamente hay que conocerlo".
Entre medias, la apertura de ojos hacia la información de carácter internacional (con el insigne profesor Pedro Lozano Bartolozzi como maestro de ceremonias), unas más que insuficientes prácticas de radio con Ángel Faus o unas muy divertidas gotas de comunicación audiovisual con Juan José García-Noblejas (ya disfrutando del jubileo en su merecido retiro). He de reconocer que en esta asignatura, en concreto, me lo pasé bastante bien elaborando reportajes y cortometrajes (nuestro grupo, en el que, entre otros, estaban Miguel Ángel Jimeno, Antonio Sánchez Escalonilla e Ignacio Saavedra, elaboró un reportaje sobre la muerte del Ché, otro más sobre los infanzones de Sos del Rey Católico(*) y un cortometraje basado en un cuento mío, titulado "El artista y el diablo", que ha sido plasmado en este blog  —http://jmjcollantes.blogspot.com.es/2014/02/el-artista-y-el-diablo.html— y que salió horrorosamente mal bajo mi más que lamentable dirección).
Y, volviendo al asunto que nos atañe, lo mejor de todo a lo largo de TODA la carrera: La sabiduría del recientemente desaparecido José Antonio Vidal-Quadras para enseñarnos a expresarnos, sacando lo mejor que teníamos oculto en el interior, a través de la sublime palabra escrita (ésa que cuesta horrores hacer desaparecer por mucho que muchos se empeñen).
Tengo que reconocer que buena parte de la culpa de que quisiera hacerme periodista la tiene la creación de Hérgé, el inconmensurable Tintin y su inseparable chucho terrier Milou.
Dejando atrás los muy felices años universitarios, la práctica de la profesión también tuvo sus altibajos desde que inicié mis muy profundas e intensas prácticas en el diario pacense Hoy (tanto en las oficinas de Cáceres, como las de Mérida), posteriormente en el cacereño periódico Extremadura, luego dando el salto al caótico periódico Ya en Madrid hasta que cerró de forma dramática (mi primer encuentro con los sindicatos y el Fogasa), La fugaz y efímera Gaceta de Córdoba (un agotador e intensísimo mes en la calle con poco más de 20 números y un segundo encuentro con el Fogasa), el muy instructivo Semanario La Calle y, finalmente, el ABC en su edición cordobesa, donde llevo ya la friolera de 14 añitos dándole sin parar a la tecla. En todo ese tiempo (7.906 días, según mi fe de vida laboral a fecha de publicación de esta entrada; 21 años, seis meses y 6 días a 14 de enero de 2015), me he topado con todo tipo de profesionales de mi nivel y, sobre todo, jefes (esa extraña raza a la que no quiero pertenecer así pasen siglos sobre esta tierra que finalmente me abrazará en su seno), y lo que he sacado más en claro es que la responsabilidad recae, en la mayoría de los casos, no en la persona más apta y adecuada, sino en la que más y mejor sabe escalar, el listillo de turno o el más individualista. La única clave para ello es morirse de ganas de mandar (algo que no casa con buena parte de la Humanidad) y no para mejorar el entorno o dignificar un trabajo o una empresa, ¡para nada! Más bien, para retroalimentar un ego inmenso (de ésos que impide permanecer a uno de estos energúmenos con sus semejantes compartiendo el mismo espacio físico en una habitación) y siempre hambriento de vano reconocimiento social y profesional.
Tuve el gran honor, no obstante, de trabajar junto al creador, diseñador y fotógrafo cacereño (maestro de periodistas y amante sibarita del Jazz y de un buen gin-tonic preparado con sabiduría arcana en el bar de su amigo) Enrique Higuero Manzano, cuando era director del rotativo entonces afincado en Camino Llano el fogosamente irracional almeriense Francisco Pérez de Torres, también fallecido (en 1994), quizá por su excesivo amor a la barra y que se portó conmigo siempre como un señor (llegándome a regalar, incluso, una cassette grabada en su casa de los Troggs, autores del increíble "Wild Thing"); disfruté vivamente con la cercana presencia de Julio Riquelme, Begoña Olabarrieta, Guzmán García Doncel, María José Barrero o Manuel Santaella (otro fallecido), todos ellos en Madrid, mientras que ya en la ciudad califal me codeé con un inmenso periodista de alma y mente como es Pablo Manuel Díez, a día de hoy haciendo las Chinas (las actualmente potenciales Américas de antaño), y todavía disfruto con la profesionalidad inconmensurable de Valerio Merino, el hombre del iris de oro y las pasiones internas más extravagantes que jamás haya escuchado.
¿Por qué será que dos de mis tres superhéroes favoritos con diferencia tienen de alter-ego
a periodistones? Éste es el fastuoso fotógrafo Peter Parker (AKA Spiderman), del Daily Bugle, cogido
de http://gkode.com.mx/
Con ello quiero decir que siempre hay dos rostros, como los que utilizaban los actores de la antigua Grecia para ocultar su verdadero yo, que miran a una misma realidad; dos puntos de vista coincidentes con lo bueno y lo malo, lo optimista y lo pesimista, lo blanco y lo negro, el Ying y el Yang siempre en permanente equilibrio, que conforman un mismo hecho. Y si hay bondad en la profesión que he elegido —que la hay—, también asoma el vicio, la corrupción, la falsedad, la mentira y el engaño en un exceso de abundancia.
No tengo que retrotraerme mucho tiempo atrás para decir que el periodismo ha cambiado en demasía, a peor, evidentemente. Cuando daba mis primeros pasos en la prensa escrita todavía era más importante la información como tal que la ideología política. Se trataba antes que nada de informar y sacar a la luz los acontecimientos que marcan el devenir de una ciudad, de una comarca, una región, un país, un continente o el mundo entero. Se publicaban noticias de todos los bandos (en mayor o menor medida) y los lectores se enteraban "de lo que estaba pasando", les gustara o no les gustara, lo compartieran o no, coincidieran o no con esas otras formas de ver la vida. La realidad era más completa desde el punto de vista informativo.
Ahora se ha impuesto la máxima del New York Times que dice "si yo no lo publico, no existe"; o lo que es lo mismo, "démosle a nuestro público lo que realmente quiere leer, sea o no verdad, sea o no cierto". Y ese peligro de dimensiones y consecuencias impresionantemente impredecibles marca un devenir y un estar del presente que se hace casi inamovible, estático, siempre igual. La realidad se recrea una y otra vez con mínimos y nimios detalles, empastando la información hasta extremos chiclosos. Se impone la clave ideológica y son "los míos" los que hablan, actúan y hacen (siempre bien y para bien), mientras que los "otros" ÚNICAMENTE han de salir reflejados cuando lo hacen mal (o nosotros hacemos ver que lo hacen mal), ridiculizando sus palabras (mediante pequeños matices a base de adjetivos calificativos más propios de la opinión que de la información puramente dicha) y sus actos o, sencillamente, haciéndolos desaparecer del mapa castigándolos con el ostracismo más absoluto.
Y no es una mera cuestión de ideologías. En mi caso, ya estuviera en un medio progresista o en un medio conservador siempre tendría problemas, porque lo que necesito es comunicar y no defender ninguna postura por encima de ese deber casi sagrado. Me hubiera ocurrido lo mismo en la Guerra Civil Española, en la que de haberla sufrido habría militado (o habilitado, que también se puede) en un tercer bando que hubiera combatido contra los otros dos. Fijo.
Pero todo eso está minando a marchas forzadas mi escasa vocación. Ya no consiste en una labor social, sino en un trabajo más, como el hecho de acudir todas las semanas a una oficina gris y plúmbea, haciéndolo lo mejor y más dignamente que puedo tan sólo para merecerme cobrar a cambio un sueldo a final de mes. Y no; no considero que tendría que dejar mi puesto a otra persona más vocacional, porque estimo que hablamos más de necesidades vitales y no de ambiciones espirituales (que, en mi caso concreto, las procuro cubrir con este blog).
Toda una insensata parrafada para tratar de justificar lo que es injustificable como buen occidental de alma insatisfecha: mis altibajos con la felicidad-infelicidad-tristeza; mis idas y venidas entre la euforia y la depresión; mi exceso de amargura, aún a sabiendas de que tengo más de lo que merezco o necesito. Un mal muy de Occidente que se adueña de las almas y se contagia con pesares similares y próximos del prójimo, que acabamos asumiendo con malsano placer sádico como propios y poder, así, seguir quejándonos de nuestro adorado estatus, a modo de competición con los semejantes sobre quién ha vivido la vida más trágica y quién ha apurado tragos más amargos a lo largo de su muy miserable existencia.
Mister Obor, con su habitual y eterna sonrisa, dueño y señor del semáforo de Ollerías, en Córdoba.
Una mañana, hace de esto algo más de un año, mientras volvía de dejar a mis hijas en el colegio, me topé con él en el semáforo que atraviesa el nacimiento de la Avenida de las Ollerías hacia el Pretorio y, sin mediar palabra, me saludó con la mano sonriendo. No me conocía de nada y me dijo adiós en un castellano horroroso con una blanquísima dentadura destacando como una luz sobre su rostro marrón. Y, evidentemente, le devolví el saludo. Vendía las mismas chorradas que otros antes que él y los suyos y que también habían llegado en masivas oleadas previas: extremadamente silenciosos rusos cojos, mancos o tullidos de bruñidos muñones y rostros tristemente hieráticos; rumanos que todavía no habían descubierto la chatarra como principal fuente de ingresos y ahora los nigerianos, los que más están aguantando de todas esas invasiones que habían llegado hasta la capital califal. Pañuelos y ambientadores de coche.
A partir de entonces, cada vez que cruzaba esa calle le devolvía el saludo y llegó un punto en que fui yo quien se adelantaba a su saludo. Y un buen día me paré y hablé con él. Su escaso español y mi mal inglés nos permitió mantener un mínima conversación en la que saqué en claro que era policía en su país de origen, pero tuvo que abandonarlo por alguna razón que no me especificó en su día y que seguramente acabaré averiguando. Con el tiempo, fui conociendo algo más de su vida. Su familia es del Sur del país (lejos, por tanto, de las atrocidades que se cometen en el Norte por parte del grupo terrorista Boko Haram) y es uno de los siete hijos que tuvieron Christiana y Joseph, sus padres. Tiene 37 años, pero su espíritu es francamente juvenil (lo demuestra, también, su gusto musical, que va desde el ritmo más puramente africano, hasta las canciones en plan Godspell o el Hip-Hop) y siempre, siempre, siempre está sonriendo. Pase lo que pase a su alrededor, no pierde la sonrisa cuando hablas con él.
Se llama Félix Obor Friday y ha tenido las santas narices de casarse y tener un hijo en nuestra tierra (cordobés, por tanto). Aprende español por las tardes de forma gratuita en un centro asistencial y su carácter abierto y afable le ha permitido agrupar en su entorno a un grupo de viandantes habituales que se han autoconvertido en sus protectores. Algunos le dan dinero, otros comida o bien le llevan un café con leche con algo para acompañar al desayuno. Muchos le saludan al pasar por el semáforo y creo que el éxito social de esta persona es su humildad y su buen humor, sin olvidar unas altísimas dosis de fe en un Dios que parece no haberle concedido nada, pero al que él se aferra simplemente por el mero hecho de sentirse vivo.
Estoy seguro que él siente mucho más que yo la Vida. Creo que tiene una existencia más genuinamente intensa que la mía. Me da la sensación de que ese tipo de fe es bastante más profunda que la que profesan algunos de los que se rasgan aquí las vestiduras cada vez que se menciona a alguna religión y, por supuesto, mucho más que la que defienden los fundamentalistas ya sea con un lamentable uso de la palabra (como algunos que reclaman la demolición de la Mezquita cordobesa) o a través del absurdo lenguaje de las armas; manipulando y retorciendo en ambos casos lo que se supone que es la Palabra divina.

La profesión periodística puede ser tan dulce como la miel untada sobre el cadáver de una vieja o tan repugnante como una mosca buscando su entidad y su ser sobre el mundo de las ideas que representa una cabeza. Imagen de Valerio Merino.

(*) Sos del Rey Católico es una preciosa localidad de Zaragoza de apenas 635 habitantes, donde Luis García Berlanga rodó en 1985 su genial película "La Vaquilla" y a donde la reina Juana Enríquez viajó desde Navarra para que su hijo, el futuro rey Fernando II "El Católico", esposo que fue de Isabel I de Castilla, pudiera nacer en territorio aragonés y no navarro. Era el año 1452 (un 10 de Mayo) y en gracia por aquel servicio su padre, el rey Juan II de Aragón, declaró que a partir de entonces todo aquel nacido en Sos se considerara infanzón a perpetuidad. Por tanto, es un pueblo hasta arriba de hidalgos y, con total seguridad, el municipio del mundo con más nobles censados por metro cuadrado. Un buen motivo para reportajear, ¿no?

Evidentemente, no tengo más remedio que incluir algunos temas nigerianos recomendados por Félix. Espero que los disfrutéis. El primero es de Lucky Dube y se llama "The way it is". Es Reggae.


Y éstos son Bracket y su "Yori, Yori".


También le gusta Flavour. Este tema se llama "Ada Ada"


Esto dice que le va bastante. Es D'Banj y su "Oliver Twist".


Me presentó, igualmente a Lyanya y su temita "Kukere".


Esto es un ejemplo del música cristiana que se hace en Nigeria y que ellos denominan Gospel. Es Agatha Moses y su "Nigerian Praise 1".


Finalmente, de los suyos plasmo a P-Square, con la canción "Personally".



No puedo dejar una entrada sin su toque Mod-ernista. Me gustaría incluir el magnífico "Free Nelson Mandela", de Specials AKA.


Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)

Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
Free, free, free, free, free (Liberad, liberad, liberad, liberad, liberad)
Nelson Mandela (a Nelson Mandela)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
Twenty-one years in captivity (Veintiún años encarcelado)
Shoes too small to fit his feet (con los zapatos demasiado pequeños para ajustarse a su pies)
His body abused but his mind is still free (Su cuerpo sufre abusos, pero su mente sigue siendo libre)
Are you so blind that you cannot see? (¿Estás tan ciego que no puedes verlo?)
I said free Nelson Mandela (He dicho que liberéis a Nelson Mandela)
I'm begging you, free Nelson Mandela (Os lo suplico, liberad a Nelson Mandela)
Pleaded the causes at the ANC (Defendió la causa en el ANC*)
Only one there in a large army (Solitario en medio de un inmenso ejército)
Are you so blind that you cannot see? (¿Estás tan ciego que no puedes verlo?)
Are you so deaf that you cannot hear his plea? (¿Estás tan sordo que no puedes oír su súplica?)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
I'm begging you, free Nelson Mandela (Os lo suplico, liberad a Nelson Mandela)
Twenty-one years in captivity (Veintiún años encarcelado)
Are you so blind that you cannot see? (¿Estás tan ciego que no puedes verlo?)
Are you so deaf that you cannot hear? (¿Estás tan sordo que no puedes oírlo?)
Are you so dumb that you cannot speak? (¿Estás tan mudo que no puedes ni hablar?)
I said free Nelson Mandela (He dicho que liberéis a Nelson Mandela)
I'm begging you, free Nelson Mandela (Os lo suplico, liberad a Nelson Mandela)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
Begging you, begging you please (Os lo suplico, os lo suplico, por favor)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
You've got to, you've got to (tenéis que hacerlo, tenéis que hacerlo)
You got to free (Tenéis que liberarlo)
You got to free (Tenéis que liberarlo)
You got to free (Tenéis que liberarlo)
Nelson Mandela (Nelson Mandela)
Nelson Mandela (Nelson Mandela)
I'm telling you, telling you, telling you (Os lo digo, os lo digo, os lo digo)
You've got to free, you've got to free (Tenéis que liberarlo, tenéis que liberarlo)
You've got to free, you've got to free (Tenéis que liberarlo, tenéis que liberarlo)
Nelson Mandela (Nelson Mandela)

*Siglas del Congreso Nacional Africano, partido de Nelson Mandela.

Lo bueno que tiene un blog como éste es que se puede alterar las veces que uno quiera. Por eso, ahora (varias semanas después de su publicación) voy a introducir en esta entrada otro tema que le pega mucho. Es "La reina del muelle", de Los Flechazos.