miércoles, 5 de agosto de 2026

Verano de colores (Prologo)

Hubo un tiempo de amistades duraderas en el tiempo. De ésas en las que, tras años de ausencia, se charla con naturalidad en el reencuentro, como si la última despedida se hubiera producido ayer mismo. Amistades que se amasan entre los 10 y los 16 años y que se asientan y hacen fuertes en los años previos a la pesarosa madurez y su "¡basta de juegos!"...

Nebulosa Mariposa. Fuente: NASA, ESA, and J. Kastner (RIT), cogida de cosmoaventura.com


Nací en Cáceres, hace de esto ya 60 años. Nunca jamás he presumido de contar con una memoria portentosa; antes bien se me esfuman las vivencias con excesiva facilidad, al contrario de esas personas que aseguran atesorar recuerdos vívidos de cuando tenían dos años. Para mí esa edad es una bruma perpetua en una casa que yo recuerdo oscura (me refiero a que era de interior), aunque tengo anclado como un anzuelo en el cerebro la imagen de dos caballos de plástico –uno blanco y otro amarillo– cabalgando de la misma manera que los plasmó Theodore Gericault en su obra sobre carreras en Epsom, colocados en un alféizar de granito claro de una pequeña ventana que había en un patio interior. Y nada más. 

También me llegan flashes de mis varias estancias en la casa de Madrid de mis abuelos paternos, en la calle Quintana, cuando me llevaban mis padres a que Fernando Olaizola me perforara los tímpanos con drenajes, porque las infecciones de oídos eran tremendamente dolorosas –hasta el punto de que con el tiempo mi madre me dijo que yo le pedía que me los arrancara–, o de navidades en Oviedo, en la Avenida de Galicia, donde vi nevar por primera vez en mi vida y pude tocar esa magia blanca tan extraña en determinados lugares de la Zona Sur ibérica.

Pero no soy de los que aseguran con certeza infinita tal o cual cosa me ocurrió cuando tenía tantos años. Las edades se entremezclan como la harina con la sal y el agua y conforman un todo, que es mi niñez con playas, sierras, montañas, pantanos, castillos y bosques milenarios, aviones y ciudades, carreteras interminables, sol abrasador y lluvia, frío y verdor, murciélagos y ciervos voladores, paisajes amarillos y polvorientos, poemas del Cid al destierro, guerras a pedradas en descampados; y es mi adolescencia con cerveza y cigarrillos, toneladas de música, sidra escanciada y verbenas nocturnas, discotecas estampadas, libros de fantasía, celtas, cómics y terrores, besos robados en cementerios, interminables sesiones continuas de cine, amores imposibles, reflejos agitados de Onán y un deseo irresistible de ser especial.

Luna creciente de agosto, símbolo de la noche, en una imagen tomada prestada del EMA Infoca


Era un época en la que creía firmemente en el efecto de la Luna sobre todos nuestros líquidos internos, haciéndonos hervir la sangre y generando una fuerza interior extranatural. Creía en el poder controlado de la mente, en la ingravidez de los cuerpos aplicando el mismo principio de Arquímedes, pero sobre el éter y no sobre el agua. Creía que la voluntad y el deseo bastaban para conseguirlo todo, muy a pesar de la cantidad ingente de ocasiones que me mostraron y demostraron esa falsedad, porque entonces, con esa edad, los batacazos eran menos dolorosos que ahora. Es más, podría calificar aquella época de feliz, mientras que ahora me conformo con pequeños sorbos de alegría para estar de cuando en cuando contento.

Y sí, estaba firmemente convencido de que toda leyenda y mito tiene un trasfondo de realidad, especialmente cuando se repiten a lo largo y ancho del mundo en cualquier época de la Historia. Fantasmas, dragones (sustantivo mágico por excelencia), espíritus elementales, criaturas que se alimentan de nuestro cuerpo, nuestra sangre y nuestra alma, muertos que reviven, miedos del más allá profundo, seres extradimensionales, brujería encarnada en hombres y mujeres y, por supuesto, demonios o ángeles caídos, si se prefiere. He de reconocer que en estas cosas últimas no debería usar el tiempo en pasado, porque es el día de hoy y no estoy del todo convencido de que no estén ahí en las sombras, bajo tierra o a simple vista conviviendo con la Humanidad.

Todo esto que expongo, tiene mucho, muchísimo que ver con lo que voy a intentar plasmar a continuación, y que no es otra cosa que mis recuerdos infantiles y de primera juventud durante los meses de verano. No tengo más remedio que cambiar los nombres tanto de lugares como de personas, porque es que la inmensa mayoría siguen vivas, salvo una mujer que fue para mí una segunda madre y a la que quise y respeté siempre –incluso en los peores momentos de la adolescencia– por su bondad, su ternura y su maravillosa forma de ser. Pero el resto os juro por mi alma que es todo verdad, verdadera de la buena.


Para este prólogo me apetece 'pinchar' un tema que llevo relativamente poco tiempo escuchando, pero que me enamoró a primera vista, y es de 1979. Se titula 'Jah War', del grupo británico The Ruts. Tiene un bajo magnífico de los que penetran en el cerebro para anidar en la zona más interna y oscura del subconsciente. La banda nació en plena época Punk británica, cuando el National Front hacía la vida imposible a extranjeros, negros, mestizos y todo lo que no tuviera el culo de color blanco de leche. Sus letras y su actitud son profundamente antirracistas, en una época complicada (como lo es ahora) ante la que la música servía como arma arrojadiza y profundamente mortal y como elemento imprescindible para ampliar libertades personales y colectivas.




Jah War (Guerra de Dios)

The air was thick with a smell of oppression (El aire estaba cargado con un olor a opresión)
The militants joined with angry position (Los militantes se unieron en actitud de cabreo)
Redemption type with a strain of repression (Un tipo de redención, con matices de represión)
Young blood boiling hot with agression (Sangre joven hirviendo agresiva)

Jah war fighting fighting (Guerra de Dios, luchando, luchando)
Jah war, too close frightening (Guerra de Dios, demasiado cerca, acojona)

The winds were blowing and stirring up reaction (Los vientos soplaban y provocaban una reacción)
A storm broke out a militant action (Se desató una tormenta por una acción militante)
Hot heads came in uniform (Llegaron los uniformados de cabeza caliente)
Thunder and lightning in a violent form (Truenos y relámpagos de forma violenta)

Jah war fighting fighting (Guerra de Dios, luchando, luchando)
Jah war, too close frightening (Guerra de Dios, demasiado cerca, acojona)
Jah war fighting fighting (Guerra de Dios, luchando, luchando)
Jah war, too close frightening (Guerra de Dios, demasiado cerca, acojona)

The air
Jah war fighting fighting (Guerra de Dios, luchando, luchando)
Jah war, too close frightening (Guerra de Dios, demasiado cerca, acojona)

Fighting fighting jah war (Luchando, luchando, guerra de Dios)
Too close frightening jah war (Demasiado cerca, acojona, guerra de Dios)

Fighting fighting jah war (Luchando, luchando, guerra de Dios)
Too close frightening jah war (Demasiado cerca, acojona, guerra de Dios)

Clarence Baker (Clarence Baker)
No trouble maker (no es un alborotador)
Said the truncheon came down (dijo que la porra se descargó)
Knocked him to the ground (noqueándole al suelo)
Said the blood on the streets that day (Habló de la sangre en las calles ese día)
The blood and the madness (la sangre y la locura)
Said the blood on the streets that day (Habló de la sangre en las calles ese día)
Hey (¡Hey!)

Fighting fighting jah war (Luchando, luchando, guerra de Dios)

Fighting fighting jah war (Luchando, luchando, guerra de Dios)
Fighting fighting jah war (Luchando, luchando, guerra de Dios)
Fighting fighting jah war (Luchando, luchando, guerra de Dios)