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| Viñeta humorística con la caricatura de Poe y Lovecraft (¿veis cómo el terror es también humor?) |
A ver, que no hay nada nuevo bajo el Sol está clarísimo. Todo está inventado, TODO.
Lo que ocurre es que hay que ser conscientes de estar haciendo algo para que ese algo trascienda. Y el ejemplo más claro de esa reflexión es que, evidentemente, los norteños vikingos pisaron suelo americano antes que el genovés. No creo que nadie lo ponga en duda (salvo las mentes fundamentalistamente cuadradas), y es una verdad tan cierta como que a los Mods les gusta los Beatles, aunque se empeñen en negarlo con todas sus fuerzas.
Pero los escandinavos no descubrieron América.
Y la razón es que carecían de voluntad para prolongar su estancia allí, que no fue más que una mera anécdota en la historia. Dejaron asentamientos, con algunos que otros entierros, pero, por ahora, para de contar. Y lo más curioso es que acudieron a esa 'tierra nueva' conscientes de que existía y con ganas de llegar a ese punto que algún marinero había creído vislumbrar cuando se alejó un poco de forma imprudente y audaz de la costa islandesas y en un día muy claro atisbó con una vista extremadamente aguda el perfil avanzado de la actual Canadá. Del mismo modo que desde las maravillosas playas de Cádiz hay días en los que se puede distinguir el azulado Norte de África.
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| Leiff Erikson en su llegada a tierras canadienses. Obra de Hans Dahl |
Pero esas historias permanecieron ocultas en la niebla de la leyenda y el folklore oral del Norte. Y en el cálido Sur nunca jamás se supo de aquello.
Por contra, Colón se topó de golpe con el continente –mucho más al Sur que los primeros– sin tener conciencia inicial de lo que había hecho. Creía estar en las Indias de las codiciadas especias y por eso llamó indios a los habitantes con los que trató, pero no fue consciente de que estaba en tierras desconocidas para una Europa meridional demasiado ensimismada en mirarse el ombligo. Y, al contrario que los norteños, de inmediato supo que debían quedarse allí de forma estable y permanente (hasta envió de vuelta a Castilla materiales y personas de aquellas nuevas tierras para que en la corte de los Católicos supieran lo que estaba pasando y de la importancia de ese hecho histórico). Se quedaron sin especias, pero dieron ese 'pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad' del único y especial Neil Armstrong en la Luna.
(Nuestro satélite, de hecho, más parece una llegada temporal vikinga que una colonización prolongada colombiana como la ocurrida en América Central y América del Sur; en efecto la Nasa llegó primero, pero me temo que el siguiente paso lo puedan dar esos nuevos niños ricos tecnológicamente hiperdesarrollados para apropiársela como, sin duda, ocurrirá con Marte. Ridley Scott, en este sentido, fue un visionario con su saga de Alien).
Porque descubrir es sinónimo –en demasiadas ocasiones– de un doloroso y brutal acto de colonización. Lo saben bien los antiguos griegos y los fenicios que dejaron huella prolongada en Iberia. Y ése es el motivo de que se hable en castellano en una parte nada desdeñable del continente americano en lugar de noruego o islandés antiguo.
Precisamente, esa conciencia o voluntad de querer hacer algo muy concreto es lo que me lleva a esta entrada. Porque mis hijas, Paula y Sofía, y yo mismo, hemos querido dar forma permanente al género poético del terror. O si lo prefieren la Poesía del Terror; o si les gusta más, el Terror Poético. Algo que he buscado (quizá no todo lo bien que debería) y que no he encontrado por ningún parte, con lo que estoy en disposición de asegurar que entre los tres vamos a crear con PLENA CONCIENCIA ese género literario.
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| Imagen que ilustra el terror gótico, en una imagen 'prestada' de elespejogotico.blogspot.com |
Lo sé, lo sé. Por eso me he permitido el lujo de plasmar la insoportable parrafada inicial. El enorme, el inmenso, el genial EA Poe, de ascendencia irlandesa, escribió poesía. Y sí, era de corte profundamente romántico con fuertes e intensos elementos y aromas góticos. Pero se da la circunstancia de que el señor Poe escribía esa misma temática en todos sus aspectos literarios, por lo que es como esos vikingos que llegaron a América, es decir no cultivó el género de Poesía del Terror, sino que eran sus ingredientes naturales, de modo que no tuvo nunca esa voluntariedad.
Hay otr@s que han introducido elementos de terror –en una gran parte más bien fantasía– en sus poesías, pero, al igual que Poe, sin el ánimo de generalizarlos. Es el caso del propio Lovecraft, su amigo Clarck Ashton, Borges –considero que sus laberintos y sus mundos antiguos tienen mucho de terrorífico– o, si me apuran, hasta el propio Roald Dahl, quien introduce elementos inquietantemente molestos en sus poemas.
Nosotr@s tres, sí tenemos ese ánimo; esa voluntad.
De modo que hemos elaborado este minúsculo manifiesto por si alguien más se anima. Evidentemente, publicaremos en este blog lo que vaya surgiendo sobre esta materia para animar a otros a seguir estos mismos pasos, conscientes (siempre la voluntad de por medio) de querer adentrarse en este novedoso género, que, creo yo, va a tener bastante buena salida y acabará derivando en múltiples subgéneros plenamente sabedores de querer iniciarlos.
Suena pretencioso; mucho. Y lo es. No lo niego. Pero en nuestro ánimo no entra formar parte del reino amparado por Caliope, sino bautizar o rebautizar de una vez por todas una senda que otros abrieron antaño y luego dejaron que se cubriera de nuevo de matojos y malezas hasta hacerse casi invisible.
No se trata de apropiarse de nada, sino de sacarlo a la luz ante los ojos del planeta.
Si te gusta la idea, como ya dije en algún entrada anterior:
Escribe,
Escribe,
Escribe... Y forma parte del proyecto.
He aquí el manifiesto:
Manifiesto por el terror poético
EL miedo se arropa con un sinfín de ropajes y colores. Desde el negro de la angustia existencial, al morado de los desconocido, pasando por el rojo de la ultratumba y todas sus funestas criaturas, llegando al azul de lo divino y lo infernal, al blanco del subconsciente, al verde de lo profundamente telúrico, al amarillo del denso espacio sideral o al marrón del horror al semejante.
Y en todos los niveles y subniveles del miedo destaca el terror, que es cuando se vislumbra lo que está por llegar sin remedio. El anticipo de lo temible; lo que no se puede evitar; el mordisco doloroso del destino; la tragedia incontenida como un tsunami imparable.
Y en el centro de todo ese pesado y abrumador miedo, el individuo: Solo, pequeño, indefenso, blando, sin protección, aislado, abandonado a su suerte. Porque es el individuo el que mira a los ojos de su propio miedo y quien debe afrontarlo sin que nadie ocupe su lugar.
NECESITAMOS canciones que desnuden al terror y lo acaben desalojando de su madriguera de barro para que se nos muestre abiertamente y sin disfraces. Que sepamos reconocer su rostro en la multitud. Porque ni nosotr@s somos iguales ante él ni él es igual para ninguno de nosotr@s.
CANCIONES que toquen la fibra más primitiva del último rincón del alma, allí donde no hay rastro de luz, donde se oculta agazapado y tembloroso nuestro YO más genuino, que se guía por el oído y el olfato, que no hace ascos a la sangre aún caliente, pero se amedrenta ante las sombras y se asusta de las voces que le susurran con palabras graves el mar, la hierba y el viento.
CANTAR al terror es cantarle al mundo antiguo cuando olía a nuevo y el aire era tan rico que abrasaba los pulmones.
SON canciones de un futuro aterrador e incontrolado, de mitos monstruosos nacidos sobre las tumbas de los dioses primigenios cuando el fuego modelaba el Universo.
CANTOS de estrellas ya muertas en un inmenso cementerio estelar que nos nos atrevemos a atravesar por temor a enredarnos en las pegajosas redes del tiempo.
Evidentemente, aquí dejo plasmado el primero de esos poemas o prosas poéticas que ya ha nacido:
Desciendo despacio hacia el húmedo útero de la Tierra.
Lentas paredes rugosas que abrasan al tacto;
aire irrespirable,
pies encharcados,
y detrás, como un poderoso ejército del hambre,
ávidos pasos que se amortiguan en el barro.
Adiós a la luz del Sol por la mañana,
al beso de la brisa en la montaña,
al perezoso transcurrir del tiempo en la playa.
Me despido de tu rostro sonriente en la ventana
y de esa boca que promete gozos puros e invisibles.
Adiós a las estrellas quebradizas en la tinta de la noche,
al poderoso abrazo de familia y amistades
que abrigan el alma cuando el mundo se oscurece.
Me despido de los múltiples sonidos y las palabras,
de sabores que despiertan la memoria siempre adormecida.
Adiós a la musical cadencia de tu habla sureña...
Me siguen en esta densa oscuridad que se palpa.
No hay voces traicioneras ni susurros;
sólo esos incansables pasos sin ecos vibrantes
que retumban en la seca atmósfera de la cueva.
Fuera oscurece con calma y sin prisas
y el campo se cubre con su manto frío y negro.
Quizá llueva el Cielo con ácidas lágrimas
al sentir el miedo que atenaza mi espíritu inquieto,
y el valle se ilumine con un millar de focos dorados
para alejar las sombras que perfilan los rincones.
Tengo cobre en la boca y me queman los pulmones,
mientras revivo el sabor del mar en tu piel suave de terciopelo,
y por un momento el corazón reacciona y canta.
Sólo tu recuerdo me mantiene cuerdo aquí dentro,
cada vez más cerca del Infierno en bajada permanente.
heridas laceradas por la roca;
sangre que mana y me ciega;
un dolor agudo que esclaviza el pensamiento.
Huyo del abrumador ejército del hambre
que busca hacer presa en mi carne y en mi vida
para beberla a sorbos prolongados.
Las piernas me tiemblan y caigo,
pero es tu imagen la que me alienta y me levanto.
No veo aquí abajo; mis dedos son mis ojos,
aunque avanzo como un niño bajo el peso de la duda.
Creo oír el grito de las aves planeando sobre el viento.
Creo entender mi nombre recitado por tus labios.
Mi alma revive con esperanzada fuerza.
Me atrevo a sonreír anticipando la huida.
Y de pronto me topo con la nada.
No hay salida. Me doy la vuelta arrasado y triste.
...Unos dedos rozan mis mojadas sienes.
Y el vermiforme silencio me devora lentamente...
¿Sus ha gustao? Pues próximamente, más.
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| Los Beatles en la época del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, cuando el Rock seguía siendo una revolución juvenil y no un negocio bastardo como ahora. Imagen de pittsburghdiamonds.com |
Entre tanto, que no falte la música. Me da la sensación –y es una percepción muy, pero que muy personal– que el género psicodélico tiene algo de terror, al igual que lo tienen los chistes, como me dijo una vez mi amigo Javier Pérez de Guerrero (consideraba los chistes como minúsculos cuentos de terror que nos hacen reír a modo de catarsis ante el miedo a la realidad cotidiana que nos rodea).
La Psicodelia deforma no sólo la base musical, sino el propio mundo del que habla con letras chiclosas y absurdas que chocan de frente con lo que se supone que es un mundo extremadamente normal (al menos en las épocas en las que fueron compuestas las canciones, porque con el tiempo todo, absolutamente todo, se acaba normalizando y pierde su brillo original e inquietante).
El contraste del absurdo con lo normal acaban siendo ese chiste ante el que sonríes mientras un escalofrío te sube por la columna vertebral y se te endurecen los pezones de forma molesta.
Y como ahora estoy 'redescubriendo' a los Beatles, quiero introducir aquí su maravilloso tema Lucy in the sky whith diamons (con su correspondiente letra traducida al idioma de Cervantes para los millones de personas que les cuesta afrontar la canción en la lengua de Shakespeare).
Déjate llevar, aunque quienes te transporten por los cielos sean dedos sarmentosos rematados en escamosas uñas largas...
Lucy in the sky with diamonds (Lucy en el cielo con diamantes)











