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martes, 20 de octubre de 2015

Pequeños vates que perfilan el futuro

Luna y bruma; una combinación mágica y peligrosa. Imagen captada de mercedesgpazos.wordpress.com
Una composición que inició mi hija menor, Sofía, de ocho años, una mañana mientras deambulaba por la casa bailando y saltando, y que terminó dándole forma escrita mi hija mayor, Paula, de once años en su cuaderno de creaciones perdidas y halladas en los rincones de su pequeño hogar.
Una canta; la otra escribe y ambas miran al futuro con ganas de conocer qué les depara el destino.
La frase inicial surgió con mucha naturalidad mientras Sofía imitaba el paso de las hadas sobre el parqué del suelo. Y la expresó con esa voz de los niños para incitar al misterio: Casi en un susurro, que desembocó en una sonrisa que reconocía su ingenio.
Le gustó lo que había dicho y lo acabó repitiendo elevando cada vez más la voz hasta tronarlo como un actor británico sobre el escenario con un público completamente entregado a su destreza escenarial.
El resultado de esa química fraternal son estos versos que Paula declama de memoria y con los ojos brillantes cada vez que tiene la oportunidad de hacerlo. Porque Paula es ella misma poesía y Sofía es la danza que la encarna. Y ambas, de la mano, son mi esperanza de eternidad.

"Sueños imposibles la vida te regalaría.
Flores se quedarán.
Cristales brillantes en el suelo quedarán.
Corazones rotos se quedarán.
Besos y labios se romperán.
El mar se secará en un instante,
pero jamás en mí podrá apagarse la llama de tu amor".

Claramente se evidencia el influjo del poeta sevillano en mi hija, al que lee y relee, una y otra vez, sin cansarse. Sin tener conciencia siquiera de que es uno de los máximos exponentes del Romanticismo hispano. También está prendada de Antonio Machado, pese a que no lo conoce, y cuando recita "Sobre el olivar" casi adivinas que sus ojos perdidos en el horizonte contemplan una blanca lechuza perderse en la noche sobre árboles de tinta negra que clavan sus sarmentosas raíces en la tierra blanca a la pálida y cremosa luz de la Luna.
Una lechuza capturada en pleno vuelo. Imagen cogida de fotonatura.org
A Sofía le va cada vez más el Soul y el Blues, por lo que le dedico este temita que le haría mover la cabeza de forma rítmica y poner ojos de pillina. Es Root Doctor y el tema, "Walking out on you".




Paula se decanta más por la música que genera esta muy ajada Piel de Toro. Así que le voy a entregar a Los Flechazos y su magnífico tema "El Faro".


lunes, 12 de enero de 2015

Occidental y aséptico narcisista

Transformación del periodista Clark Kent en el superhéroe Superman, por el genial Alex Ross.
Llevo años (y años) dándole vueltas al mismo tema: La muerte (asesinato) de mi vocación profesional, que, curiosamente, siempre achaco a otra mucha gente, pero nunca a mi propia persona.
Salí (para siempre) un soleado verano de la Facultad de Ciencias de la Información, en la Universidad de Navarra, ya algo renqueante y con una cojera incipiente que comenzaba a fastidiarme con un agudo dolor frente a lo que estaba por venir a muy corto y medio plazo. Me pesaba algo la armadura de plata con la que un periodista en potencia forjado en los estudios superiores se envuelve en defensa de la latente Verdad, la esquiva Objetividad (si es que existe tal cosa), la ausente Justicia y el encantadormente absurdo Sistema de Vida Occidental (casi, casi, la autoencomienda del superheroico alter-ego de Clark Kent). Y eso se ha acabado notando en exceso a lo largo del tiempo transcurrido desde entonces.
Fueron cinco años universitarios con profundos altibajos en mi formación. Los primeros cursos, excesivamente similares al BUP y al COU que acababa de dejar atrás, aunque con ciertas nociones de economía que me resultaron frescas, novedosas y algo útiles (por vez primera escuché el concepto de Campana de Gauss y el nombre de Keynes pronunciado con reverencia contenida por el eternamente sonriente profesor Miguel Alonso Martínez-Echevarria); una cierta (y manifiesta) incapacidad por parte de algunos docentes (Rosa María Echevarría, sin ir más lejos) para transmitir su supuesta pasión por una asignatura que quizá les venía grande, y una clase de Teología que me enseñó una gran verdad a través del conocimiento de Don Ignacio Ordovás (primo hermano del muy venerado maestro musical y mago de las ondas Jesús Ordovás, de Radio 3) : "Para defender o atacar algo, previamente hay que conocerlo".
Entre medias, la apertura de ojos hacia la información de carácter internacional (con el insigne profesor Pedro Lozano Bartolozzi como maestro de ceremonias), unas más que insuficientes prácticas de radio con Ángel Faus o unas muy divertidas gotas de comunicación audiovisual con Juan José García-Noblejas (ya disfrutando del jubileo en su merecido retiro). He de reconocer que en esta asignatura, en concreto, me lo pasé bastante bien elaborando reportajes y cortometrajes (nuestro grupo, en el que, entre otros, estaban Miguel Ángel Jimeno, Antonio Sánchez Escalonilla e Ignacio Saavedra, elaboró un reportaje sobre la muerte del Ché, otro más sobre los infanzones de Sos del Rey Católico(*) y un cortometraje basado en un cuento mío, titulado "El artista y el diablo", que ha sido plasmado en este blog  —http://jmjcollantes.blogspot.com.es/2014/02/el-artista-y-el-diablo.html— y que salió horrorosamente mal bajo mi más que lamentable dirección).
Y, volviendo al asunto que nos atañe, lo mejor de todo a lo largo de TODA la carrera: La sabiduría del recientemente desaparecido José Antonio Vidal-Quadras para enseñarnos a expresarnos, sacando lo mejor que teníamos oculto en el interior, a través de la sublime palabra escrita (ésa que cuesta horrores hacer desaparecer por mucho que muchos se empeñen).
Tengo que reconocer que buena parte de la culpa de que quisiera hacerme periodista la tiene la creación de Hérgé, el inconmensurable Tintin y su inseparable chucho terrier Milou.
Dejando atrás los muy felices años universitarios, la práctica de la profesión también tuvo sus altibajos desde que inicié mis muy profundas e intensas prácticas en el diario pacense Hoy (tanto en las oficinas de Cáceres, como las de Mérida), posteriormente en el cacereño periódico Extremadura, luego dando el salto al caótico periódico Ya en Madrid hasta que cerró de forma dramática (mi primer encuentro con los sindicatos y el Fogasa), La fugaz y efímera Gaceta de Córdoba (un agotador e intensísimo mes en la calle con poco más de 20 números y un segundo encuentro con el Fogasa), el muy instructivo Semanario La Calle y, finalmente, el ABC en su edición cordobesa, donde llevo ya la friolera de 14 añitos dándole sin parar a la tecla. En todo ese tiempo (7.906 días, según mi fe de vida laboral a fecha de publicación de esta entrada; 21 años, seis meses y 6 días a 14 de enero de 2015), me he topado con todo tipo de profesionales de mi nivel y, sobre todo, jefes (esa extraña raza a la que no quiero pertenecer así pasen siglos sobre esta tierra que finalmente me abrazará en su seno), y lo que he sacado más en claro es que la responsabilidad recae, en la mayoría de los casos, no en la persona más apta y adecuada, sino en la que más y mejor sabe escalar, el listillo de turno o el más individualista. La única clave para ello es morirse de ganas de mandar (algo que no casa con buena parte de la Humanidad) y no para mejorar el entorno o dignificar un trabajo o una empresa, ¡para nada! Más bien, para retroalimentar un ego inmenso (de ésos que impide permanecer a uno de estos energúmenos con sus semejantes compartiendo el mismo espacio físico en una habitación) y siempre hambriento de vano reconocimiento social y profesional.
Tuve el gran honor, no obstante, de trabajar junto al creador, diseñador y fotógrafo cacereño (maestro de periodistas y amante sibarita del Jazz y de un buen gin-tonic preparado con sabiduría arcana en el bar de su amigo) Enrique Higuero Manzano, cuando era director del rotativo entonces afincado en Camino Llano el fogosamente irracional almeriense Francisco Pérez de Torres, también fallecido (en 1994), quizá por su excesivo amor a la barra y que se portó conmigo siempre como un señor (llegándome a regalar, incluso, una cassette grabada en su casa de los Troggs, autores del increíble "Wild Thing"); disfruté vivamente con la cercana presencia de Julio Riquelme, Begoña Olabarrieta, Guzmán García Doncel, María José Barrero o Manuel Santaella (otro fallecido), todos ellos en Madrid, mientras que ya en la ciudad califal me codeé con un inmenso periodista de alma y mente como es Pablo Manuel Díez, a día de hoy haciendo las Chinas (las actualmente potenciales Américas de antaño), y todavía disfruto con la profesionalidad inconmensurable de Valerio Merino, el hombre del iris de oro y las pasiones internas más extravagantes que jamás haya escuchado.
¿Por qué será que dos de mis tres superhéroes favoritos con diferencia tienen de alter-ego
a periodistones? Éste es el fastuoso fotógrafo Peter Parker (AKA Spiderman), del Daily Bugle, cogido
de http://gkode.com.mx/
Con ello quiero decir que siempre hay dos rostros, como los que utilizaban los actores de la antigua Grecia para ocultar su verdadero yo, que miran a una misma realidad; dos puntos de vista coincidentes con lo bueno y lo malo, lo optimista y lo pesimista, lo blanco y lo negro, el Ying y el Yang siempre en permanente equilibrio, que conforman un mismo hecho. Y si hay bondad en la profesión que he elegido —que la hay—, también asoma el vicio, la corrupción, la falsedad, la mentira y el engaño en un exceso de abundancia.
No tengo que retrotraerme mucho tiempo atrás para decir que el periodismo ha cambiado en demasía, a peor, evidentemente. Cuando daba mis primeros pasos en la prensa escrita todavía era más importante la información como tal que la ideología política. Se trataba antes que nada de informar y sacar a la luz los acontecimientos que marcan el devenir de una ciudad, de una comarca, una región, un país, un continente o el mundo entero. Se publicaban noticias de todos los bandos (en mayor o menor medida) y los lectores se enteraban "de lo que estaba pasando", les gustara o no les gustara, lo compartieran o no, coincidieran o no con esas otras formas de ver la vida. La realidad era más completa desde el punto de vista informativo.
Ahora se ha impuesto la máxima del New York Times que dice "si yo no lo publico, no existe"; o lo que es lo mismo, "démosle a nuestro público lo que realmente quiere leer, sea o no verdad, sea o no cierto". Y ese peligro de dimensiones y consecuencias impresionantemente impredecibles marca un devenir y un estar del presente que se hace casi inamovible, estático, siempre igual. La realidad se recrea una y otra vez con mínimos y nimios detalles, empastando la información hasta extremos chiclosos. Se impone la clave ideológica y son "los míos" los que hablan, actúan y hacen (siempre bien y para bien), mientras que los "otros" ÚNICAMENTE han de salir reflejados cuando lo hacen mal (o nosotros hacemos ver que lo hacen mal), ridiculizando sus palabras (mediante pequeños matices a base de adjetivos calificativos más propios de la opinión que de la información puramente dicha) y sus actos o, sencillamente, haciéndolos desaparecer del mapa castigándolos con el ostracismo más absoluto.
Y no es una mera cuestión de ideologías. En mi caso, ya estuviera en un medio progresista o en un medio conservador siempre tendría problemas, porque lo que necesito es comunicar y no defender ninguna postura por encima de ese deber casi sagrado. Me hubiera ocurrido lo mismo en la Guerra Civil Española, en la que de haberla sufrido habría militado (o habilitado, que también se puede) en un tercer bando que hubiera combatido contra los otros dos. Fijo.
Pero todo eso está minando a marchas forzadas mi escasa vocación. Ya no consiste en una labor social, sino en un trabajo más, como el hecho de acudir todas las semanas a una oficina gris y plúmbea, haciéndolo lo mejor y más dignamente que puedo tan sólo para merecerme cobrar a cambio un sueldo a final de mes. Y no; no considero que tendría que dejar mi puesto a otra persona más vocacional, porque estimo que hablamos más de necesidades vitales y no de ambiciones espirituales (que, en mi caso concreto, las procuro cubrir con este blog).
Toda una insensata parrafada para tratar de justificar lo que es injustificable como buen occidental de alma insatisfecha: mis altibajos con la felicidad-infelicidad-tristeza; mis idas y venidas entre la euforia y la depresión; mi exceso de amargura, aún a sabiendas de que tengo más de lo que merezco o necesito. Un mal muy de Occidente que se adueña de las almas y se contagia con pesares similares y próximos del prójimo, que acabamos asumiendo con malsano placer sádico como propios y poder, así, seguir quejándonos de nuestro adorado estatus, a modo de competición con los semejantes sobre quién ha vivido la vida más trágica y quién ha apurado tragos más amargos a lo largo de su muy miserable existencia.
Mister Obor, con su habitual y eterna sonrisa, dueño y señor del semáforo de Ollerías, en Córdoba.
Una mañana, hace de esto algo más de un año, mientras volvía de dejar a mis hijas en el colegio, me topé con él en el semáforo que atraviesa el nacimiento de la Avenida de las Ollerías hacia el Pretorio y, sin mediar palabra, me saludó con la mano sonriendo. No me conocía de nada y me dijo adiós en un castellano horroroso con una blanquísima dentadura destacando como una luz sobre su rostro marrón. Y, evidentemente, le devolví el saludo. Vendía las mismas chorradas que otros antes que él y los suyos y que también habían llegado en masivas oleadas previas: extremadamente silenciosos rusos cojos, mancos o tullidos de bruñidos muñones y rostros tristemente hieráticos; rumanos que todavía no habían descubierto la chatarra como principal fuente de ingresos y ahora los nigerianos, los que más están aguantando de todas esas invasiones que habían llegado hasta la capital califal. Pañuelos y ambientadores de coche.
A partir de entonces, cada vez que cruzaba esa calle le devolvía el saludo y llegó un punto en que fui yo quien se adelantaba a su saludo. Y un buen día me paré y hablé con él. Su escaso español y mi mal inglés nos permitió mantener un mínima conversación en la que saqué en claro que era policía en su país de origen, pero tuvo que abandonarlo por alguna razón que no me especificó en su día y que seguramente acabaré averiguando. Con el tiempo, fui conociendo algo más de su vida. Su familia es del Sur del país (lejos, por tanto, de las atrocidades que se cometen en el Norte por parte del grupo terrorista Boko Haram) y es uno de los siete hijos que tuvieron Christiana y Joseph, sus padres. Tiene 37 años, pero su espíritu es francamente juvenil (lo demuestra, también, su gusto musical, que va desde el ritmo más puramente africano, hasta las canciones en plan Godspell o el Hip-Hop) y siempre, siempre, siempre está sonriendo. Pase lo que pase a su alrededor, no pierde la sonrisa cuando hablas con él.
Se llama Félix Obor Friday y ha tenido las santas narices de casarse y tener un hijo en nuestra tierra (cordobés, por tanto). Aprende español por las tardes de forma gratuita en un centro asistencial y su carácter abierto y afable le ha permitido agrupar en su entorno a un grupo de viandantes habituales que se han autoconvertido en sus protectores. Algunos le dan dinero, otros comida o bien le llevan un café con leche con algo para acompañar al desayuno. Muchos le saludan al pasar por el semáforo y creo que el éxito social de esta persona es su humildad y su buen humor, sin olvidar unas altísimas dosis de fe en un Dios que parece no haberle concedido nada, pero al que él se aferra simplemente por el mero hecho de sentirse vivo.
Estoy seguro que él siente mucho más que yo la Vida. Creo que tiene una existencia más genuinamente intensa que la mía. Me da la sensación de que ese tipo de fe es bastante más profunda que la que profesan algunos de los que se rasgan aquí las vestiduras cada vez que se menciona a alguna religión y, por supuesto, mucho más que la que defienden los fundamentalistas ya sea con un lamentable uso de la palabra (como algunos que reclaman la demolición de la Mezquita cordobesa) o a través del absurdo lenguaje de las armas; manipulando y retorciendo en ambos casos lo que se supone que es la Palabra divina.

La profesión periodística puede ser tan dulce como la miel untada sobre el cadáver de una vieja o tan repugnante como una mosca buscando su entidad y su ser sobre el mundo de las ideas que representa una cabeza. Imagen de Valerio Merino.

(*) Sos del Rey Católico es una preciosa localidad de Zaragoza de apenas 635 habitantes, donde Luis García Berlanga rodó en 1985 su genial película "La Vaquilla" y a donde la reina Juana Enríquez viajó desde Navarra para que su hijo, el futuro rey Fernando II "El Católico", esposo que fue de Isabel I de Castilla, pudiera nacer en territorio aragonés y no navarro. Era el año 1452 (un 10 de Mayo) y en gracia por aquel servicio su padre, el rey Juan II de Aragón, declaró que a partir de entonces todo aquel nacido en Sos se considerara infanzón a perpetuidad. Por tanto, es un pueblo hasta arriba de hidalgos y, con total seguridad, el municipio del mundo con más nobles censados por metro cuadrado. Un buen motivo para reportajear, ¿no?

Evidentemente, no tengo más remedio que incluir algunos temas nigerianos recomendados por Félix. Espero que los disfrutéis. El primero es de Lucky Dube y se llama "The way it is". Es Reggae.


Y éstos son Bracket y su "Yori, Yori".


También le gusta Flavour. Este tema se llama "Ada Ada"


Esto dice que le va bastante. Es D'Banj y su "Oliver Twist".


Me presentó, igualmente a Lyanya y su temita "Kukere".


Esto es un ejemplo del música cristiana que se hace en Nigeria y que ellos denominan Gospel. Es Agatha Moses y su "Nigerian Praise 1".


Finalmente, de los suyos plasmo a P-Square, con la canción "Personally".



No puedo dejar una entrada sin su toque Mod-ernista. Me gustaría incluir el magnífico "Free Nelson Mandela", de Specials AKA.


Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)

Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
Free, free, free, free, free (Liberad, liberad, liberad, liberad, liberad)
Nelson Mandela (a Nelson Mandela)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
Twenty-one years in captivity (Veintiún años encarcelado)
Shoes too small to fit his feet (con los zapatos demasiado pequeños para ajustarse a su pies)
His body abused but his mind is still free (Su cuerpo sufre abusos, pero su mente sigue siendo libre)
Are you so blind that you cannot see? (¿Estás tan ciego que no puedes verlo?)
I said free Nelson Mandela (He dicho que liberéis a Nelson Mandela)
I'm begging you, free Nelson Mandela (Os lo suplico, liberad a Nelson Mandela)
Pleaded the causes at the ANC (Defendió la causa en el ANC*)
Only one there in a large army (Solitario en medio de un inmenso ejército)
Are you so blind that you cannot see? (¿Estás tan ciego que no puedes verlo?)
Are you so deaf that you cannot hear his plea? (¿Estás tan sordo que no puedes oír su súplica?)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
I'm begging you, free Nelson Mandela (Os lo suplico, liberad a Nelson Mandela)
Twenty-one years in captivity (Veintiún años encarcelado)
Are you so blind that you cannot see? (¿Estás tan ciego que no puedes verlo?)
Are you so deaf that you cannot hear? (¿Estás tan sordo que no puedes oírlo?)
Are you so dumb that you cannot speak? (¿Estás tan mudo que no puedes ni hablar?)
I said free Nelson Mandela (He dicho que liberéis a Nelson Mandela)
I'm begging you, free Nelson Mandela (Os lo suplico, liberad a Nelson Mandela)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
Begging you, begging you please (Os lo suplico, os lo suplico, por favor)
Free Nelson Mandela (Liberad a Nelson Mandela)
You've got to, you've got to (tenéis que hacerlo, tenéis que hacerlo)
You got to free (Tenéis que liberarlo)
You got to free (Tenéis que liberarlo)
You got to free (Tenéis que liberarlo)
Nelson Mandela (Nelson Mandela)
Nelson Mandela (Nelson Mandela)
I'm telling you, telling you, telling you (Os lo digo, os lo digo, os lo digo)
You've got to free, you've got to free (Tenéis que liberarlo, tenéis que liberarlo)
You've got to free, you've got to free (Tenéis que liberarlo, tenéis que liberarlo)
Nelson Mandela (Nelson Mandela)

*Siglas del Congreso Nacional Africano, partido de Nelson Mandela.

Lo bueno que tiene un blog como éste es que se puede alterar las veces que uno quiera. Por eso, ahora (varias semanas después de su publicación) voy a introducir en esta entrada otro tema que le pega mucho. Es "La reina del muelle", de Los Flechazos.


domingo, 9 de noviembre de 2014

A Spielberg y sus escualos

Dos perfiles que van mucho de la mano: el de un escualo y su presunta víctima (confundida con una foca). Cogido del blog www.bajoelazul.com

Los que estábamos acostumbrados a que anualmente Steven Spielberg nos regalara con un largometraje que hiciera soñar al más escéptico de los seres humanos, invitándonos a asomar la nariz hacia un mundo de fantasía cuajada de realismo, siempre apto para una buena pantalla grande y acompañado de un gigantesco paquete de crujientes palomitas, nos llama poderosamente la atención este repentino silencio de tan prolífico realizador, que en 2012 rodó su último trabajo como director sobre la persona de "Lincoln", y sobre el que se especula con varios trabajos ("Robocalypse", "El Gran Gigante Bonachón" o "St. James Palace") sin que parezca que haya prisa por su parte para decantarse en uno u otro sentido.
Yo no soy ningún experto en la obra de este singular judío de Cincinnati, como sí lo es, por ejemplo, mi amigo y compañero de estudios, Antonio Sánchez Escalonilla,(un enlace hacia una entrevista de Fila Siete interesante a este profesor de Guión Audiovisual de la Universidad Rey Juan Carlos —creo que tendrían que empezar a pensar en cambiar de nombre—: http://web.archive.org/web/20110818124447/http://www.filasiete.com/entrevistas/antonio-sanchez-escalonilla), que basó su divertida tesis doctoral en el cineasta norteamericano (y que luego amplió con otro libro más; ambos en mi haber). Pero, evidentemente, soy un sincero admirador suyo, porque me crié con sus películas, y alguna de ellas realmente me dejaron huella, aunque, como fue el caso de "El diablo sobre ruedas" ("Duel"), de 1971, la visioné por televisión, un domingo por la tarde, sin saber que era de él... ¡y me encantó!

"Ella fue la primera". ¿Os acordáis de este reclamo publicitario de la película?
"Tiburón" ("Jaws"), de 1975 (cuando tenía nueve nada tiernos años) fue, sin lugar a dudas, la que más me marcó con diferencia. Provocó en mí una intensa admiración por ese perfecto animal, que apenas ha variado desde la época del Jurásico (o más allá), a la vez que un profundo terror (casi tanto como el que me profesa el mar como cuna de la vida y que guarda en su seno incógnitas de todo tipo de formas y tamaños), del que hoy sigo sin conseguir deshacerme de él.
"El director de Ohio también refleja las constantes infantiles en su modo de crear la atmósfera de terror que envuelve por completo a la película. En efecto, Spielberg reescribió la historio de [Peter] Benchley desde la perspectiva de los miedos pueriles y consiguió de esta manera que el espectador adulto experimentara de nuevo los pánicos que le atenazaron muchos años atrás", reza el profesor Antonio Sánchez Escalonilla en la página 57 de su tesis en alusión a esta película. Y, a fe mía, que el cineasta conmigo lo consiguió. Porque sentí terror, "ámbito en el que la pura fantasía empieza a ser creíble", en palabras de Donald R. Mott y Cheryl M. Saunders, lográndolo el realizador a partir de "aquello que hay debajo de la superficie marina", del mismo modo que, según Douglas Fowler, "los niños saben que lo que hay debajo de la cama es algo siniestro".

Cartel de la película que yo me encargué de reproducir con fruición tiza negra en mano en numerosas paredes blancas de las calles de Cáceres.
Tengo que reconocer que me provocó pesadillas (las primeras que recuerdo en color, con los balones de oxígeno amarillos que terminaban clavándose en el cuerpo del monstruo destacando sobre el cristalino azul de un mar límpido y peligroso) durante muchas semanas y hasta me daba la sensación de que el sofá que había en el cuarto que compartía con mi hermano, Luis, cobraba forma de inmenso Carcharodon carcharias, mientras mi litera (la de arriba) se convertía en una frágil, minúscula y devorable chalupa flotando indefensa en la infinitud del océano; pero lo superé y me convertí en uno de los principales admiradores del tiburón que hay en este mundo (conste que admirador no equivale a experto, ¿eh?).
Héteme aquí el trailer original norteamericano sobre la película:



A partir del animal inmortalizado por Spielberg no quise perderme ninguna cinta que aludiera a estos animales. Ni siquiera me perdí ninguna de la saga tiburoniana posterior a la cinta de 1975, de la que para mi gusto únicamente se salva "Tiburón 2", realizada por Jeannot Szwarc en 1978. El resto no dejaron de ser intentos lamentables de sacar dinero a algo que ya estaba agotado como fórmula.
Cartel de la segunda parte de la saga sobre tiburones spielbergriana.
Y aquí el trailer de esa segunda parte:


A partir de aquí voy a mencionar algunas de las infinitas cintas con escualos de protagonistas que se multiplican hasta el absurdo, centrándome un poco en las que realmente me merecen la pena mencionar y poder llegar, luego, a una conclusión lógica:
- La Muerte Blanca (1936). De Edwin G. Bowen como director, productor y montaje de esta película medio ficción medio documental.
- Shark (1969). De Samuel Fuller. Al parecer uno de los especialistas fue atacado en plena filmación por uno de los tiburones que estaba sedado y lo mató en directo.
- Mako, el tiburón de la muerte (1976). De William Grefe.
- Tiburón asesino (1976). De William A. Graham.
- Tintorera (1977). De René Cardona Jr.
- El cazador de tiburones (1979). De Enzo G. Castellari.
- El último tiburón (1981). De Enzo G. Castellari. Llevó el subtítulo de "Tiburón 3" y eso obligó a que la tercera parte de la saga iniciada por Spielberg se titulara en España "El gran tiburón".
- Tiburón 3 (1983). De Joe Alves, con Dennis Quaid haciendo de las suyas como el hijo ya mayor del jefe Brody.
- El devorador del océano (1984). De Lamberto Bava.
- El paraíso del tiburón (1986). De Michael Jenkins.
- Tiburón La Venganza (1987). De Joseph Sargent, con el regreso de Lorraine Gary como viuda del jefe Brody.
- La noche del tiburón (1989). De Anthony Richmond.
- La criatura (1998). De Stuart Gillard.
- Shark attack (1999). De Bob Misiorowski.
- Deep Blue Sea (1999). De Renny Harlin. Merece la pena detenerse en esta cinta por la calidad de la historia (es muy original) y por su desarrollo visual y técnico. Digamos que es una mezcla entre el pez creado por Benchley y la cada vez menos leyenda de "Submarino", un inmenso tiburón blanco de 10 metros que vive en las aguas de la costa surafricana y que, según dicen, demuestra tener una inquietante inteligencia para cazar víctimas humanas. Todo ello en un espacio reducido y con un elenco de lujo, donde los "grandes" (Samuel L. Jackson) se quedan en un segundo plano, en favor de los que por entonces no eran actores muy conocidos (LL Cool J).
Cartel de Deep Blue Sea.
Y éste es el trailer, a ver si a alguno de vosotros os entra el gusanillo de verla:


- La caza del tiburón (2001). De Matt Codd.
- Shark attack 2: El demonio del mar (2002). De Davis Worth.
- Shark attack 3: Terror en el abismo (2002). De Davis Worth.
- Open Water (2003). De Chris Kentis. Todo un ejemplo de cómo con un presupuesto de risa (500.000 dólares) y en muy poco tiempo (79 minutos) hacer que el público se remueva inquieto, nervioso y con miedo en el asiento (ya sea en pantalla grande o en televisión). Recomiendo vivamente su visionado. Los tiburones son reales, la historia es real, los actores Blachard Ryan y Daniel Travis (y los cámaras, también ¡que diantre!) los tienen muy bien puestos. Es lo que le puede pasar a cualquier pareja cuya relación zozobra, ya sea en el mar, en tierra o en el cielo... Por cierto, uno se puede llegar a cabrear un montón con la situación que se produce.


Hasta el trailer pone nervioso...


- Dark waters (2003). De Phillip J. Roth.
- Red water (2003). De Charles Robert Carner.
- Hai-Alarm auf Mallorca (2004). De Jorgo Papavassiliou.
- Megalodon (2004). De Pat Corbitt.
- 12 days of terror (2004). De Jack Sholder. Se llamó La playa del terror, en castellano y es una historia también espantosamente real, en la que se basó tanto Benchley para su libro como Spielberg para su película original. Es lo que mi amigo Esteban Montero llamaría un "bonito teleflín", es decir una película hecha para televisión, pero puedo aseguraros que está magníficamente hecha. Dura lo que tiene que durar (sin prisas) y narra fielmente los hechos acontecidos a principios del siglo pasado, cuando (científicamente hablando) no se creía que los tiburones pudieran ser potencialmente peligrosos para los humanos, en las costas próximas a New Jersey. Muy recomendable.


Y el trailer correspondiente:


- Shark Tale (2004). De Rob Letterman, Vicky Jenson y Bibo Bergeron. "El espantatiburones" en castellano. Una especie de Juan Sin Miedo del mar. Muy, muy divertida y recomendable (para mi gusto, claro está).
- El ataque de los tiburones (2005). De Paul Shapiro.
- Sharkman (2005). De Michael Oblowitz.
- Space shark (2005). De Danny Lerner.
- MEG (2008). De Jan de Bont.
- Shark swarm (2008). De James A. Contner.
- Tiburones en Venecia (2008). De Danny Lerner. Otro bonito teleflín con aventura de fondo, tesoros ocultos, malos malérrimos y buenos muy buenos y todo ello con bichos enormes masca-carnes por los canales de Venecia de fondo.

El consiguiente trailer:

- Tiburones en Malibú (2009). De David Lister.
- Mega Shark versus Giant Octopus (2009). De Jack Perez.
- Mega Shark versus Crocosaurus (2010). De Christopher Olen Ray.
- Sharktopus (2010). De Declan O'Brien.
- Dinoshark (2010). De Kevin O'Neill.
- Tiburón 3D, la presa (2011). De David R. Ellis.
- Swamp shark (2011). De Griff Furst.
- Super Shark (2011). De Fred Olen Ray.
- Sand Shark (2011). De Mark Atkins.
- El ataque del tiburón de dos cabezas (2012). De Christopher Olen Ray.
- Snow Shark (2012). De Sam Qualiana.
- Marea Letal (2012). De John Stockwell. Según dicen, con el único aliciente de contemplar el esplendor de Halle Berry y poco más.
- Bait 3D (2013). De Kimble Rendall.
- Ghost Shark (2013). De Griff Furst.
- Sharknado (2013). De Anthony C. Ferrante.
- Mega Shark versus Mecha Shark (2014). De Emile Edwin Smith.
- Sharktopus versus Pteracuda (2014). De Kevin O'Neill.
- Sharknado 2 (2014). De Anthony C. Ferrante.

Probablemente, habrá más, pero tampoco es cuestión de aburrir al personal. Y después de este largo listado de bodrios y no tan bodrios viene la conclusión: ¿Es posible hacer algo nuevo y original con tiburones? Pues yo creo que sí, y sería una buena idea. La planteó en su día el propio Spielberg sin saberlo.
Recordad, ¿cuál es uno de los mejores momentos de la película del genio de Ohio? Se ha hecho de noche y en el barco de Quint están los tres bebiendo y en un momento dado se inicia un duelo de cicatrices entre el pescador y Hooper, con Brody de invitado de piedra. De repente, Hooper le pregunta por un tatuaje que tiene y la respuesta es densa, pesada, misteriosa... "Es del USS Indianapolis". Y tras la respuesta se hace el silencio. El espectador nota la tensión en el ambiente de la película; parece que Quint ha tocado un tema tabú o algo por el estilo y comienza su narración, con todo lujo de detalle, hasta el punto de que cualquiera puede visualizar perfectamente lo que está narrando, el horror de aquel naufragio en el que perecieron 883 marineros devorados por cientos de tiburones, y por fin la última frase: "Pero entregamos la Bomba".
Es una historia con todos los alicientes para que sea un éxito en pantalla... Si la rueda Spielberg. Y, además, con la posibilidad de recuperar el personaje de un Quint joven, visto desde otro punto de vista totalmente diferente al que aparece en "Tiburón", la responsable de una saga de películas, algunas de las cuales son dignas sucesoras de su legado fílmico.
Para conocer detalles del USS Indianapolis recomiendo que os leáis este enlace:
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/08/130730_uss_indianapolis_naufragio_segunda_guerra_mundial_finde
También tengo un cuento en el blog relacionado con tiburones: http://jmjcollantes.blogspot.com.es/2013/07/blanco.html
Aquí os dejo la narración de Quint en la película y luego pensad en lo que aquí os digo.


He elegido la canción "No voy a cambiar" de Los Flechazos por una única razón, aparte de que me gusta. Hay una frase que dice "el estilo no se compra, sé que tú nunca podrás entenderlo", y, aunque estaba dicho en alusión clara y directa al Mod-ernismo, puede utilizarse para cualquier ámbito de la vida (incluido el del cine y la inmensa e ingente cantidad de basura que se hace cada año). A disfrutarla.


jueves, 17 de julio de 2014

Sólo por esta vez

TODO con humor va mucho mejor. Cogido de mi muy querido foro hipocondriamods.mforos.com.

Resulta curioso cómo transcurren las cosas. Nunca fui de la opinión de que "mi" Música tuviera que ser algo generalizado. Al revés, me guardé siempre muy mucho de que esas canciones procuraran no trascender los límites de mi pequeño ser, porque pensaba que tanta magia descontrolada en manos de los "normales" no era ni sano ni bueno para el mundo, demasiado ensimismado en sí mismo (valga la redundancia) como para atender a minúsculos espacios de placer sin límite como son esos pildorazos sonoros de no más de cuatro minutos cada uno.
Y, aunque sigo pensando igual, voy a hacer una excepción en esta entrada sólo porque hice una promesa.
Veréis, el XXXIV Festival de la Guitarra de Córdoba organizó para el 11 de julio de 2014 un concierto de Ariel Rot y Loquillo en el Teatro de La Axerquía y como a mí el músico argentino me agrada y a mi mujer, Yolanda, le gustaba el barcelonés en su día (cuando se codeaba con Rockers), la —creo que no es laísmo— convencí de ir a disfrutar de la maravillosa noche mora de la capital califal (que lo fue, merced a una inmensa cuasi Luna llena de color crema y a un vientecito refrescante, y muy a pesar de la cerveza que vendían en el chiringuito abierto en el interior, tanto por la marca, que no me gusta, como por los abusivos precios que reclamaban por unas cantidades ridículas, ¡en fin!).
Un elegante Ariel Rot. Gran músico.
Muy buen ambiente. La grada hasta la bandera, mientras que la zona privilegiada —justo delante del escenario, donde la acústica es realmente especial— mostraba algunos claros que permitía bailar a los más suertudos sin pisarse unos a otros. Salió primero Ariel (un nombre extremadamente limpio) con demasiado escaso tiempo para demostrar su calidad y arropado por un buen grupo de músicos, pero regalándonos algunas joyas al margen de su discografía habitual (y de las novedades de su entonces último trabajo "La Huesuda"), como un instrumental interpretado con una gloriosa Gretsch color caoba caramelo de sonido cadencioso y suave que hizo que se movieran los pies a una velocidad pasmosa, o un poutpurri tocado a ritmo de Blues canallesco y satisfactorio de temas de Tequila, comenzando por "Vamos a tocar un rock and roll", que casi me hace llorar y que muy pocos de los allí presentes supo reconocer, para dejarme un buen sabor de boca, muy a pesar, insisto, del poco tiempo que pudimos disfrutar de su sabiduría musical (os recuerdo que yo pagué por verle a él como concertista y no como telonero de la otra estrella, que es como al final le hicieron sentir, sin tiempo, apenas, para caldear el ambiente).
El Loco salió a la una de la madrugada (con la Luna ya muy alta y habiendo recorrido un cuarto de su trayectoria celestial) después de un cuarto de hora de descanso entre espectáculo y espectáculo y con ganas de no querer largarse del escenario. Se daban varias circunstancias para ello: era el cumpleaños de su manager y al pobre lo avergonzó sobremanera exponiéndolo a la fuerza al público (realmente lo pasó muy mal, y de eso sé un rato y lo pude ver claramente); habían pasado 25 años desde su concierto en Córdoba (en ese mismo lugar) y el público, hay que reconocerlo, estaba tan entregado que al señor José María Sanz se le notó en su salsa, hasta el punto de lanzar sin asomo de decoro un par de pullitas, una contra el ministro Montoro y su absurdo ansia por seguir elevando impuestos (IVA al 21%) al ritmo que le impone desde el Norte la nueva Dama de Hierro germana, y otra contra el separatismo catalán, país de donde es originario, afirmando que en Cataluña "no restan, sino suman".
De este modo, alargó su presencia escenarial tanto como quiso (brillantemente acompañado de una banda genial, en la que me apuesto mis —muy— masculinos atributos a que el Señor de los Teclados, Santi Comet, es Mod-ernista fijo) y tanto como se lo acortaron al argentino, si bien éste último y el guitarrista asturiano que acompañó a Loquilllo en sus más de tres horas de actuación, el magnífico e impresionante Igor Paskual, hicieron honor al nombre del Festival, porque ambos mostraron su inmenso amor por este instrumento propio de pequeños —e irrepetibles— dioses humanos de dedos ágiles como brisas marinas.
¿Qué tiene que ver todo esto con la introducción de esta entrada? Pues bastante. Hablando del público, y  teniendo en cuenta que era Loquillo, resultaba inevitable que hubiera... rockers. Unos cuantos bastantes, la verdad; en exceso para mi gusto, máxime teniendo en cuenta que en ningún momento del concierto se produjo el menor sonido de los que solían gustar a estos muchachos del tupé al menos en mi época... todos ellos vestiditos de negro, con camisetas de su héroe cantante y la gran mayoría ya sin pelo —yo peino mucho más que ellos—,  y con una inmensa carga de actitud hortera hacia sus princesitas —especialmente uno que tenía a mi lado y que me da la sensación que fue el mismo que salió al escenario hace unos años en otra edición del Festival de la Guitarra acompañando al genial Chuck Berry (no estoy muy seguro porque los rockers me parecen todos muy iguales unos a otros) y que se dedicó a hacer play-back de rodillas ante su chorbita para lo que necesitaba de, al menos, siete metros cuadrados (no era un fideo precisamente), mientras otro de la misma panda de un par de metros de altura y con el cuello de su blanco polo subido como hacen los pijos cortejaba a su parejita con idénticos movimientos que su ídolo—. Pelín ridículo... Sí.
El caso es que fuimos al concierto con dos amigos, Jesús Ligero y Auxi Fernández (pareja y felizmente ligados entre sí por los pétreos lazos del matrimonio), y ella me oyó a la salida lanzar la pequeña crítica hacia lo hortera que podía llegar a ser el muchacho que estaba a mi lado y me preguntó si un mod y un rocker no eran lo mismo o, al menos, si el sonido de la música que escuchaban unos y otros no eran idénticos, ya que la estética sí que estaba claramente diferenciada.
Página de El Caso que hablaba de la muerte de Jesús Lefler y que desembocó en el cierre de Rockola.
Lo primero que hice fue negar la mayor. Sinceramente, veo una gran diferencia entre ambos sonidos (a pesar de que hay determinado tipo de Rhythm and Blues que pueda sonar bastante a un R'n'R) y mi mente regresó a ese mal rato que pasamos todos cuando se produjo el incidente que acabó cerrando el mítico Rockola madrileño, tras lo cual las emisoras de radio, en ese extraño afán de sacar las cosas de quicio con los sucesos, estuvieron emitiendo la noticia tratando de diferenciar el sonido MOD (con un tema emitido de Quadrophenia de The Who) del sonido ROCKER (Elvis Presley), ¡manda güevos!
Es más, Auxi me pidió que le diera un ejemplo de alguna canción en castellano de corte Mod-ernista y que se la cantara. ¡Diantre! Me quedé en blanco y no me salió ninguna. Sentí vergüenza por esa incapacidad para mostrarle a alguien lo que una canción podía provocarme y para nada satisfice su deseo con un sinfín de excusas (no se trataba de ocultar únicamente lo mal que canto). Al día siguiente le prometí regalarle esta entrada del blog con un puñado de buenas canciones y que ella misma opinara al respecto... Así que ¡va por ella!
La primera canción es todo un clásico de la época. Telegrama y su "Chica el metro". La escuché por primera vez una noche en Radio 3 (luego la repitieron hasta la saciedad) y me enamoré de inmediato de ella. Hay que aclarar que por aquella época (1982; yo tenía escasamente 16 tacos) la mayoría de los Mod-ernistas, digan lo que digan hoy en día los puretas, buscábamos un sonido punkero en las canciones (el influjo Jam era tremendo y muchos de nosotros adorábamos a los Nikis y su estupendo tema "Ernesto") y esta canción —básicamente puro Power-Pop energético con toques esencialmente Sixties— ofrecía eso y mucho más: era bailable (a lo Pogo) y reconocíamos detrás de ella una calidad muy superior a la de muchos grupos del Revival británico, con lo que nos hacía sentir orgullosos de nosotros mismos y de nuestra propia "movida". Recuerdo que en un quiosco del Paseo de Cánovas, en Cáceres, ubicado junto a la estatua del insigne poeta salmantino Gabriel y Galán (que inspiró con sus "Extremeñas" a Luis Chamizo para su "Miajón de los castúos"), adquirí una revista sobre grupos españoles de la época y que tenía la contraportada dedicada a los Mods, con Telegrama como buque insignia, por delante, incluso, de Los Elegantes, y que yo guardé como oro en paño durante años hasta que (como todo lo que ha tenido algo de importancia o interés en mi vida) se acabó evaporando perdiéndose en Dios sabe qué extraño lugar...


Los Flechazos fueron la Gran Revelación (equiparable para los Mod-ernistas hispanos a la de San Pablo con Cristo). Su primer LP ("Viviendo en la era pop", de 1988) era eso: un trabajo con un puñado de canciones excelentes, puro sonido MOD en constante efervescencia contra el que nadie (ni los más oscuros seres que iban de aburridísimos faces por la vida) pudo decir nunca nada en contra. R and B, Soul, Surf... Tenía de todo y muy sabiamente mezclado con una fórmula mágica que nos hizo gritar bien alto a todos nosotros que habíamos conseguido "nuestro" grupo; como si tuviéramos a nuestros "Who" o nuestros "Jam". No es que los demás grupos se hubieran limitado al formato single y a elaborar canciones sueltas, pero el fracaso de la producción en los larga duración de unos (Los Elegantes) y el extraño sonido que buscaron otros en el suyo (Brighton 64) hicieron de Los Flechazos el grupo referente durante los siguientes años desbancando claramente a los otros. Alejandro Díez —su líder y amigo personal de Carlos González, un mod de Vitoria con el que hice muy buenas migas— parecía un pozo sin fondo de capacidad creativa, aunque al final sonaba demasiado igual y prefirió dejarlo para continuar su carrera  en solitario como Cooper.
Alejandro en su Scooter. Cogido de mod-male.blogspot.com
Tuve la inmensa suerte de ver al grupo en varios directos (con grandes sorpresas, como aquel extraño domingo por la tarde en Madrid en el que Carlos Cordero y yo nos topamos con una de sus actuaciones gratuitas en el Parque de Atracciones; celebraciones gloriosas, como su décimo aniversario cantando el "Soy así" de Los Salvajes con el mismísimo Gaby Alegret en el escenario gritando constantemente: "¡Vamos Mooooods!" y una bestial bronca a puñetazos limpios entre José Luis, un amigo mío de Cáceres que me llevó en su coche al concierto, y una tal "Pájaro", un mod chiflado tan gordo y grande como el anterior, por lo que parecía una pelea entre Hulk y La Cosa que  terminó tan rápido como empezó y con varios edificios de la zona reducidos a cenizas como ocurre en los comics de la Marvel; o la delicia del megaconcierto de presentación del LP "Mi Generación 80", de 1994, en la sala Revolver de Madrid, en el que estuvimos prácticamente todos los Mod-ernistas cacereños de entonces. con Juan Pedro "Juanpe" González incluido, aunque con la gran ausencia de Juan Francisco, y con el único e irrepetible Perepe pasándoselo como sólo un tipo de alma libre, feliz y vivaracha como la suya puede disfrutar). La última de sus actuaciones fue como Cooper en Córdoba, en 2012, en la Sala Directos37, que cerró muy poco después de aquello por culpa de los vecinos, y en el que Alejandro hizo un gran esfuerzo por estar sobre el escenario porque estaba realmente enfermo. Charlamos un ratito antes de irse  al hotel y se acabó. Algo más sobre su historia: http://lafonoteca.net/grupos/los-flechazos.


Hablar de Brighton 64 es hacer alusión a la quintaesencia del Mod-ernismo hispano. Con el corazón en la mano, ellos fueron mi auténtica referencia a la hora de dar los primeros pasos en este fastuoso mundillo que a día de hoy todavía chispea con luminosos y colorados rescoldos humeantes en mi interior, y por tanto suponen para mí mis primitivos pasos en la búsqueda de un sonido particular y propio que prácticamente llenaba con The Jam y The Who, amén de otros grupos del Revival que empezaban a destacar por sobre el resto, como Merton Parkas o los Lambrettas. Los hermanos Gil —Ricky y Albert— eran los mods por antonomasia y el ejemplo que muchos de nosotros seguimos durante meses antes de despegar y comenzar nuestro vuelo en solitario —individualismo a ultranza, ya saben—. Me topé con ellos por primera vez en Gijón, en una tienda discos. Habíamos ido a ver el concierto en la plaza de toros de Miguel Ríos, que por entonces estaba presentando su gira "Rock and Ríos" (con los Nikis de teloneros, casi nada), y por la mañana paseamos por la ciudad aprovechando el buen tiempo y que mi amigo el hipermegamaxiastuariano José Luis del Valle tenía un Mehari blanco descapotable y muy molón. La "Movida" madrileña estaba ya a tope y la sección de música española era abundante y entonces, entre los vinilos de Siniestro Total, Gabinete Caligari o Glutamato Ye-Yé, brilló un maxisingle de nombre mágico y músicos perfectamente reconocibles por sus trajes, parkas y jam-shoes bajo el sugerente título de "Barcelona blues". Juro que mi cabeza comenzó a girar y a girar dando vueltas y lo compré sin importarme el precio (lo tengo desde 1983 como una de mis joyas vinílicas más preciadas); el resto del día, con independencia de todo lo demás, me sentí el tío más importante y con suerte del Mundo.
Entrada de aquel glorioso concierto en Málaga (que Carlos guarda todavía en su haber). Cogida del Myspace modsdemalaga.
Unos jovencísimos Ricky y Albert en el concierto de la sala Skalon, en 1984.
Aquello me sirvió para que poco después, en la Semana Santa de 1984, cantar como un poseso en primera fila sus cuatro cortes durante el sensacional concierto que los B64 interpretaron en Málaga, en la sala Skalon, ubicado en la calle Beatas, del que ellos mismos hablan en su libro autobiográfico "Bola y cadena" y en el que había una chorbita de cara preciosa, pero absurdamente vestida como un hombre (traje y parka), y en el que Ricky lucía la camiseta de la primera Concentración Mod malagueña, mientras que muchos de los presentes llevaban prendido en sus parkas el parche oficial, que representaba una target con los colores hispanos (rojo y amarillo). Gran noche junto a los ya finados Churri y Comi, a los que Carlos Cordero y yo conocimos previamente en Torremolinos, localidad de la que se sentían orgullosos como iniciadores del proceso independentista respecto de la capital malagueña para pasar a ser municipio propio. Como las demás en las que disfruté de su directo: Siroco de Madrid o la anteriormente citada Revolver con la múltiple actuación por el recopilatorio (*).
Otra gran noche tuvo lugar en la Nochevieja de 1986, con una fiesta por todo lo alto —en la que hubo de todo— en un piso que estaba ubicado justo encima del Mesón Extremeño de Cáceres. Allí se juntó la flor y nata de lo que últimamente se ha dado en llamar la "Movida" cacereña, y allí acudimos los Mod-ernistas elegantemente ataviados y armados con el último Maxisingle de los B64, "La casa de la bomba", del que pudimos pinchar sus cuatro fastuosos temas haciendo bailar a lo más granado de la juventud local.
Así se los hice saber a ellos muchísimo más tarde en otra extrañísima actuación ya como Matamala en Córdoba. Apenas estábamos en el local al aire libre una veintena de personas (la mayoría sentadas bebiendo) mientras que yo y otro antiguo Mod-ernista bailábamos sus canciones delante de ellos. Un grandísimo punto a favor de los hermanos Gil (cuando me enteré mucho más tarde que su hermana era la muy bellísima Ariadna, lo sentí por ella,  porque por muy famosa que esta actriz sea, para mí siempre será la hermana de ambos, y no al revés), que otros, como ha sido el caso muy reciente de Sex Museum, no han sabido seguir cancelando una actuación por falta de público suficiente.
Los B64 (Brigatones-Matamala) AMAN la música y así lo han demostrado —y me lo han hecho saber personalmente— en los últimos 30 años y por mucho que al otro lado del Atlántico haya listillos que no los sepan calificar como Mod-ernistas, Albert y Ricky, Ricky y Albert están muy por encima de calificativos y su alma es más negra que el carbón. No es de extrañar, por tanto, que cuando Kiko Amat, en una visita a la Feria del Libro cordobesa, me preguntó antes de firmarme su libro "Cosas que hacen bum" cuál había sido el grupo que más me había influenciado en mi vida yo le respondiera sin el menor asomo de duda: "Los Brighton" (una respuesta que, al parecer, le daba el 90 por ciento de los encuestados... por algo sería). Imprescindible esta entrada, aunque sólo sea por ver el primero de los vídeos que hay allí colgado con un "Barcelona Blues" al ritmo que, en mi opinión, se tendría que haber grabado en el Maxisingle (y que a más de uno le hará saltar la lagrimita de añoranza): http://barcelonarock80s.blogspot.com.es/search/label/BRIGHTON%2064.


Supe de los Sprays en Cáceres. Por entonces las liturgias de fin de semana se repetían siguiendo las mismas pautas una y otra vez hasta la saciedad o el aburrimiento, lo que a la postre te hace ver el nido original como una prisión —Carlos fue el primero en huir hacia la capital como lugar de promesas capaces de saciar su necesidad de algo más—. Esos movimientos rememorados cada viernes y sábado (en realidad, adoraba los miércoles, porque allí era el Día del Espectador y en el Gran Teatro reponían viejos clásicos como West Side Story, y películas más recientes, pero no de estreno, del estilo de Los chicos del maíz o la mismísima Quadrophenia) consistían en iniciar la tarde-noche en la zona de la Plaza Mayor —donde el número de mesones es tan elevado como el de granos en el grasiento cutis de un adolescente— para luego acabar llenando la madrugada y los pubs de La Madrila, en la parte moderna de la ciudad.
Muy pocas veces se modificaba esa costumbre, salvo por las escapadas a La Montaña, cuando Carlos consiguió su primer coche (un SEAT blanco) y escuchábamos en el radiocassette a La Lupe y su particularísimo "Fever" mientras imaginábamos que Cáceres era un puerto de mar abrazado por la noche, o las visitas a localidades cercanas, como Malpartida (donde en la discoteca más grande de toda Extremadura sufrí el peor encontronazo con macarras de toda mi vida, que acabó con mi cara destrozada en un médico de urgencias: Se hacían llamar Los Perros, y, a tenor de cómo actuaban, moviéndose en manadas, sus madres realmente debían de ladrar y llevar collares para que las sacaran a defecar, miccionar y pasear, las más suertudas, porque la mayoría de ellas seguramente pertenecerían a la calle, donde cualquiera podría hacerlas suyas a cambio de unos pocos cuartos).
En fin, en uno de esos bares modernos, el Lennon Pub, ubicado en unas retorcidas escaleras de bajada que conectaban la calle Doctor Fleming con Santa Teresa de Jesús (Carlos todavía recuerda la anécdota de un tipo que salió de allí borracho como una cuba y que las bajó rodando... ¡sin que se le cayera el cubata de la mano ni se le derramara el líquido de su interior! Estoy seguro de que cuando se levantó todos los presentes aplaudimos —y nos reímos— con entusiasmo), fue donde descubrí a este grupo de Barcelona. Si en la actualidad la falta de dinero es la excusa perfecta para desfasarse con el Botellón, por entonces buscábamos otras salidas más elegantes que el simple beber hasta hartarse en plena calle para poder  colocarse: Nosotros habíamos inventado una muy efectiva, aunque de sabor horroroso. Consistía en pedir un cubata de cerveza; es decir, en un tubo largo dejar caer un cuarto de ginebra y llenarlo luego hasta el borde con delicioso jugo de cebada. El resultado era como beber colonia, pero el subidón era impepinable.
Pues bien, en una de ésas estábamos cuando escuché muy dentro de mi cerebro, por encima de las voces cercanas y conversaciones multifacéticas, parte de la canción "Te veré a las 10". Me levanté guiado por las potentes notas, me encaminé hacia el disc-jockey (DJ), le llamé y le pregunté qué era lo que estaba sonando. Y aquí está lo gracioso: cuando me vio, sonrió con ese típico gesto de adivino que me decía claramente en silencio: "sabía que ibas a venir".
Nos conocían en toda la estrecha y minúscula ciudad. Sexo rápido, dinero rápido y fama rápida (en nosotros se cumplía a plomo —únicamente— la última parte del aforismo) y que el pinchadiscos hubiera hecho eso sólo podía significar una prueba; un examen para comprobar nuestra "pureza", que, al parecer, supimos resolver con solvencia, aplomo y desenvoltura. Eran tiempos de todo o nada y tan pronto te elevaban a los altares como te hundían sin piedad en el fango como un plástico cualquiera. Todos eran jueces, pero también susceptibles de ser juzgados por una palabra, un mal gesto, un mal día, una mala  interpretación...
Me mostró condescendiente la carátula del sencillo, Sprays. No me gustó el nombre. Nada. Pero sí —mucho— la foto de la portada. Tres tíos elegantes a rabiar (me enamoré de los zapatos blancos del que estaba a la izquierda), con trajes que les sentaban bien (no como a mí, que todo me quedaba mal, como si la ropa estuviera enfadada conmigo) y un llamativo corte de pelo a lo Paul Weller (de los primeros año) que yo no podía reproducir.
Se me quedó grabado en la memoria (ese mismo año, 1982, Felipe González se alzó como presidente del gobierno al frente del PSOE, derrocando a la UCD de Adolfo Suárez, y el mundo que había a mi alrededor comenzó a mutar y cambió) y no tardé mucho en pasarme por Harpo, nuestra tienda habitual de discos, ubicada en la calle Roso de Luna, donde el chaval me dijo que lo podía encontrar. Y, por supuesto, evidentemente, lo adquirí. Muy a pesar de que la voz del cantante, Tony Rodríguez, —a día de hoy, incluso,— no me gusta, porque me suena como nerviosa en exceso, pero la música es poderosa, con un ritmo muy mod en ambos casos (de por fuerza, porque se parecen en extremo), y los marcados riffs de guitarra, bajo y batería golpean en mi mente con una fuerza tal que siempre me hicieron pensar en que un simple single no era bastante. Al parecer, no dieron para más y me quedé con las ganas. Para saber más: http://barcelonarock80s.blogspot.com.es/search/label/SPRAYS.



Si hubo una época que realmente hecho de menos, ésa es cuando nuestro profesor del colegio Licenciados Reunidos Don Ricardo organizaba viajes de Semana Santa a Torremolinos. Carlos y yo solíamos acudir siempre que podíamos y allí experimentamos un extraño amor hacia las tierras andaluzas, que tan bien sabían descubrir diversiones ocultas a corazones más norteños. Y no sólo en tierras malagueñas. Otras Semanas de Pasión íbamos a las costas gaditanas, donde conocimos a un grupo de gente especial, muy, muy especial. Era la Feria de Jerez (sinceramente, no recuerdo bien el motivo y la razón de por qué estábamos allí), pero el caso fue que los vi a todos juntitos, en un número significativo (hasta la fecha nunca había visto a tantos agrupados en el mismo sitio) y con una pinta de Mods que echaban para atrás. estaba Perepe con el pelo corto y un hiperjoven José Manuel, AKA Mr. Magicmods, y hasta un joven norteamericano negro de nombre Gerald, que poco después cruzó el mar de vuelta a casa. Gente elegante, pero divertida, en la que primaba la unidad y de entre ellos sobresalieron aquéllos que formaron el grupo Servicios a Domicilio. Como en ocasiones anteriores Radio 3 fue la gran culpable. Una de esas noches de insomnio voluntario sonaron unos acordes de corte skatalítico con toques de Reggae y el cantante nos sugirió casi como una orden a los oyentes aquello de "Cómprate un avión", y casi lo hicimos. Los Mod-ernistas cacereños adoptamos ese tema, compuesto por Diego Román (al que tuve la dicha de conocer personalmente —fue un inmenso honor— en una edición del Festival Cáceres Pop, que organiza el genial Juan Pedro González, en el que actuaron los gallegos Phantom Keys), casi como si fuera nuestro himno y hasta llegábamos a hacer nuestra propia versión en casa de Carlos, él tocando el órgano y yo cantando (bueno, más bien graznando). Desde entonces han pasado algunas décadas, y Magicmods, que entonces era el bajista, es ahora guía y maestro de los maravillosos The Refoundations, cambiando el Ska primitivo y primigenio por el Soul en mayúsculas.
Ricky "B64" Gil, sobre la Vespa de Rafael Rodríguez, bajista de los Agentes Secretos. Cogida de smashingreader.com.
Dentro del bloque andaluz, hay que destacar también a los Agentes Secretos, de Málaga. Conocimos a uno de sus miembros, Rafa Rodríguez (creador del Modzine "Aquí y Ahora"), en una Concentración Mod, en la que todos, Ricky Gil entre ellos, quedamos prendados de su Vespa, en la que se veía un dibujo de Pop-Art con un impresionante puñetazo. He de aclarar que no lo conocimos como miembro de un grupo de música —de lo que podría haber presumido perfectamente—, sino como un Mod-ernista más dispuestos a beberse la noche junto al resto de entusiastas amigos. Yo adquirí su single "Un ser extraño", extraído de su trabajo "Todo para ti", con "No soy como ayer" en la cara B.
Con los Mods de Málaga pasamos bastantes buenos ratos tomando minivasitos de moscatel en tascas de pegajosas barras hechas en madera y con siglos atrapados entre los nudos alisados por las consumiciones, las balletas de los camareros y los brazos de la carcomida clientela, visitando el Castillo (impresionantes algunas fotos que tenemos nuestras llenando de parkas los pasillos enmarcados en esas históricas piedras o cenando pescaíto en un chiringo acodados en una impresionante mesa larga en la que sólo se veían sonrisas. Luego la noche, esquivando pasos de Semana Santa y yendo a visitar a sus amigos Rockers en algún local de cuyo nombre ya ni me acuerdo.
Recuerdo Málaga como una ciudad extremadamente divertida, muy vitalista, muy abierta, donde podía pasar cualquier cosa. Y quien no haya dormido en su playa, rodeado de borrachos ruidosos —sobre todo alemanes e ingleses— y condones usados, es que ha vivido poco...
Para más información al respecto: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=589325567800114&set=pb.130108167055192.-2207520000.1405761796.&type=1&theater.
Y no se puede mencionar a Málaga sin nombrar a Lupi y los Hermanos del Soul. Nacidos en 1987, personalmente me recuerdan enormemente al sonido que hacían los miembros de otro grupo, Smart Dress, que me encantaba, todo hay que decirlo. Sobre ellos carezco por completo de vivencias personales, únicamente por su música, que he escuchado (y bailado, faltaría más —en mi casa lo hago, y mucho—) a través de ese extraño invento que es la Red de Redes y que me ha supuesto la apertura a un mundo carente de física, pero repleto de química mental, ingrávidos bits y autopistas vertiginosas hacia metas otrora inalcanzables (si en nuestra época hubiera existido Internet nos habríamos comido —literal— el mundo, aunque es probable que se hubiera viajado un poco menos y nos habríamos perdido encuentros fascinantes como la Concentración de Málaga o la primera que se realizó en Santander, donde me sorprendieron por lo cachondísimos que eran los mod-ernistas leoneses).




No es porque me apetezca formar bloques, pero si en Andalucía se produjo una Escena realmente activa y efervescente, Cataluña fue el origen de la "calidad" (entended que esta entrada es algo personal y que no hablo como experto, sino por las sensaciones que capté entonces y que a día de hoy, le duela a quien le duela y pese a quien le pese, siguen siendo las mismas). Los B64 fueron los primeros en llegar a mis oídos y llenar mis neuronas de ese sonido tan único y especial que nos hace brillar en plena oscuridad, pero hubo otros que viajaron en paralelo (nunca siguiendo la misma estela que los primeros, porque la diferencia entre ellos era brutal) y forjaron su propio camino en este difícil mundo que es el Mod-ernismo.
Ya he mencionado antes el LP "Mi Generación 80". Lo compré el mismo año de salida en la FNAC de Madrid (no sé si ahora hay más de una, pero antes era única, de ahí que lo haya singularizado) y me captó antes el título que su portada (no me agrada y se podría haber esmerado más en ella). El caso es que cuando le di la vuelta al CD (no salió en vinilo) me asaltaron los nombres de un buen puñado de grupos que dilataron mis pupilas y me obligaron a comprarlo (supongo que les ocurrirá a todos, pero mi disco tiene la peculiaridad de que Telegrama aparece en un orden diferente al que en realidad está su corte "Chica del metro"). Y cuando lo escuché me ENCANTÓ sobremanera y de especial forma la canción de "El día que vuelvas", de Los Canguros; no sólo por el ritmo trepidante e inquieto que muestra, sino —y sobre todo— por su melancólica letra (que mentalmente agrupo siempre con temas de Los Flechazos del estilo de "El Faro" o "Arcoiris", o de Aviador DRO y sus obreros especializados con "Selector de frecuencias", y que, personalmente, considero auténticas poesías cantadas). Paradójicamente, en el concierto de presentación del CD fueron los que peor tocaron, porque sus temas se alejaban sobremanera del público que los tenía delante (pocas veces había visto antes semejante concentración de Mods en Madrid) y ellos mismos lo reconocieron cuando se escucharon los primeros silbidos (algo muy similar ocurrió en el concierto de The Truth en Vitoria, al faltar la primordial comunión entre artistas y público). Culpa únicamente de ellos. Para conocer más de Los Canguros: http://no80s-gruposnacionales.blogspot.com.es/2010/07/los-canguros.html y http://esta-pasando.com/?p=1616.
Kamembert, un nombre sabroso donde los haya, eran poperos que sabían jugar a la perfección con toques Soul. Y de esa sabia mezcla nació un sonido muy propio con una reconocible base de bajo poderosa que me hacía bailar. Por entonces, llegué a creer realmente que "lo mod" únicamente existía en Cataluña y, para ser sinceros, les agradecí en el alma a todos estos grupos que se arriesgaban tanto a etiquetarse como tales —porque en muchos casos suponía un claro fracaso comercial— a que cantaran en castellano. Los 80' del siglo pasado fueron como una revelación para este país, porque se pasó directamente, casi de un día para otro, en inventarse formas de cantar en inglés sin conocer el idioma de Shakespeare a poder recitar de principio a fin toda una canción sin sentirse ridículo, y eso nos permitió a toda una generación aplicar sentimientos e ideas en forma de canción que han sabido trascender el tiempo para formar parte de nuestra cultura.  Para más información: http://www.valladolidwebmusical.org/grabaciones/06/kamenbert/ o bien http://no80s-gruposnacionales.blogspot.com.es/2008/09/kamenbert.html.
Más poperos todavía eran Los Sencillos, de los que sobrevivió por encima de todos su cantante Miqui Puig, famoso por sus entradas y salidas televisivas. No obstante, poseían ese toquecito muy suave de Funk que me atraía sobremanera y, de hecho, uno de los temas suyos que más me gustan es "Doctor amor". Es que soy así.




Otro salto al Norte. esta vez a Euskadi. Allí, en Donostia, surgió un pedazo de grupo llamado Scooters, que sólo por su nombre dejaban a las claras lo que querían demostrar. Los conocía merced a mi gran amigo Carlos González, de Vitoria, y a toda la gente con la que se movía bailando en el Dadá, entre los que estaba Iván Garaikoetxea, en épocas muy duras y difíciles en aquella ciudad que no tragaba el Mod-ernismo, con skins locos —Dieguillo y su esquizofrenia que en tiempos pretéritos le hubiera llevado a Arkham Asilum— y heavys absurdos que equivocaban la lucha de clases con el mero hecho de pasarlo bien los fines de semana. Semejante fauna amargó la vida a algunos y a otros los hizo más fuertes hasta el punto de reafirmar su posición más allá de aquellos ácidos años formando el estupendo grupo The Allnighters (de los que tengo la dicha de poseer "Midnight Boogie" y "Keep on keepin' on"), con Igu García —uno de los tíos más estupendos y buena gente que me topé nunca, junto con su entonces novia Laura— al frente, con los que pasé muy buenos ratos mientras cursaba Periodismo en la vecina Pamplona y saltaba los fines de semana a visitar a los gasteizko mods. Bucea aquí para más información: http://no80s-gruposnacionales.blogspot.com.es/2009/01/los-scooters.html.
Hubo otros Scooters, pero se formaron en Valencia, con un tema recogido en un recopilatorio —valga la redundancia— en vinilo de grupos locales (La Moguda Valenciana de la Dipu Pop-Rock '86) que pude conseguir mientras estaba en Iruña. Su tema "Generación 80" es, por desgracia, a día de hoy extremadamente actual por su letra, y el sonido es muy rompedor, con inclusión de armónicas y vientos para cubrir un sonido de rhythm and blues de riffs energéticos y ritmos que se quiebran a lo Jam, muy de mi gusto particular, propio y personal. No conozco nada más de ellos, pero me basta para incluirlos aquí.



Y llegamos al grupo más controvertido de la Escena hispana. ¿Eran Los Elegantes mods? Unos dicen que sí y los defienden con uñas y dientes, otros dicen que no y les tachan de venderse al sistema tras haberse visto catapultados a la fama por el impulso de sus seguidores mod-ernistas... El caso es que trascendieron todo aquello y se convirtieron en un grupo de verdadero culto dentro de la llamada Movida Madrileña, hasta ponerse a la altura de los grandes nombres de la época y pasar a formar parte de cualquier recopilatorio de pop y rock español de los 80'. Las cosas son como son y no hay que darles más vueltas.
¿Que qué pienso yo? la verdad es que prefiero no opinar, pero sí que puedo considerar (o reconsiderar) algunos elementos que me impulsan a escucharlos con asombro y con muchísimo respeto. Siempre.
Justo enfrente de Harpo (la tienda discos cacereña arriba mencionada) se abría una tienda miscelánica, con un poco de todo, fanzines incluídos. Entre ellos estaba uno que hablaba directamente del concierto que dio este grupo en diciembre de 1982 en el Colegio Mayor San Juan Evangelista, donde el redactor de la crónica mencionaba que "cien mods enanos destrozaron el mobiliario" en plena vorágine festiva, mientras que el cantante, El Chicarrón, tuvo que ser llevado a un centro de salud, porque se lanzó hacia el público y se dio de bruces contra el suelo, ya que nadie le cogió antes de estrellarse. En fin, una tarjeta de visita la mar de sugerente y que me puso la mosca detrás de la oreja.
La siguiente ocasión fue de nuevo en Radio 3 y ya me volvió loco. Sonaba una maqueta con una increíble y purista versión de "Zoot Suit" de los High Numbers (los pre-Who) bajo el título de "Mangas Cortas" (nada que ver con la horrorosa versión que hicieron de esta canción para el vinilo y que la destrozó por completo), que ahora mismo echo muy de menos y soy incapaz de recuperarla por ninguna parte, amén de otra divertidísima versión del "Too much pressure" de los Selecter, con el estimulante nombre de "Toma anfetas" (éste más asequible que el anterior), que no paré de cantar y tararear durante el resto de la semana para horror de mis compañeros de clase. No era de extrañar, por tanto, que a Los Elegantes se les considerara en sus inicios como el grupo referente mod español por excelencia. Algo que quedó plasmado en su single "Me debo marchar" (que tengo en mi haber) y en posteriores trabajos, la mayoría de los cuales eran versiones en castellano de temas que escuchaban los mod-ernistas primigenios en las emisoras británicas. No tengo más que decir al respecto. ¿Me gustan? A veces sí y a veces no. Pero no puedo evitar siempre que el corazón se me acelere un poquito cada vez que me asalta uno de sus temas fuera de mi hogar. La vida es así.
Mas cositas en: http://www.popdelos80.com/los-elegantes/


¿Y qué decir de los Pánico Speed? ¡¡¡¡¡Me encantan!!!! Jamás le podré agradecer lo bastante a Carlos González, el vitoriano, que me los diera a conocer en una de ésas tardes en las que íbamos a escuchar buena música a su casa, mientras me enseñaba sus cuadros y sus bocetos de nuevas ideas. Allí conocí a Mark Le Gallez, a Squire y a los propios madrileños. Lo primero que oí de ellos fue su tema "Hoy todo va mal" y me enamoré del ritmo y de la letra de inmediato. Así que poco después me compré su disco "Manera de ser" (1988) y ya en 1995 su EP "Viene a por ti", que adquirí en el Siroco el mismo día que lo presentaron y que sus miembros me firmaron porque fui detrás de ellos uno a uno dándoles la brasa para que me lo personalizaran (creo que coincidió con la presentación también del primer número del "Cartagena 21" —o quizá no, no recuerdo bien—, en la que José Luis Gálvez y yo nos pasamos toda la tarde y parte de la noche fotocopiando y grapando las páginas del modzine en su empresa y llegamos tarde, muy tarde, a la presentación del primer número, en el que participé activamente, ante la desesperación de Juan Pedro González "Juanpe", que nos quería matar...). Tienen un directo la mar de interesante y frente a los que los denostan de continuo (entre ellos el propio Kiko Amat, que utilizó su nombre para bautizar a uno de sus personajes diciendo que se trataba de un grupo muy malo de la capital del reino), tengo que decir que sé de buena fe que cuentan con un montón de seguidores Mod-ernistas, hasta el punto de afirmar que somos Legión... Más cositas en: http://no80s-gruposnacionales.blogspot.com.es/2009/07/panico-speed.html


No hace mucho que hablé en este vuestro blog de Los Negativos. Por desgracia, fue a raíz de la muerte de su alma-mater, Alfredo Calonge (http://jmjcollantes.blogspot.com.es/2014/05/adios-con-dios-o-abur-ben-hur.html). En esa entrada ya dejé bien a las claras lo que supuso el grupo para los Mod-ernistas cacereños de la época, pero sí voy a añadir una pequeña cuestión más en relación a mi época de universitario, cuando conocí al grupo de mods iruñeses (Joseba, Minch, Joe, el primo de Iván Garaikoetxea —maldita memoria, no recuerdo su nombre— y El Bocas) y nos hacíamos escapadas de fin de semana a Vitoria (como ya he referido antes, en algunas ocasiones en el coche de un par de amigos roquetas, concretamente un Rocker y un Teddy-Boy). La cosa no va con ellos realmente, sino con uno de mis compañeros de clase, Miguel Ángel Jimeno (Ximenías, para los colegas), actual profesor de la Universidad de Navarra y uno de esos genuinos beatlemaníacos con los que me he topado a lo largo de mi nada azarosa vida y con los que comparto mi amor por los Cuatro de Liverpool (a pesar de que decir esto está mal visto entre la familia Mod-ernista; pero, con sinceridad verdadera, me la trae floja y pendulona, que diría mi amigo Balta).
Carles, guitarrista de Los Negativos, en el famoso Mini de la canción "Un día especial". Cogida de http://parqueportugues.blogspot.com.es/.
Precisamente, hablando de los Beatles salió a la palestra el nombre de Los Negativos, por las claras referencias y alusiones de su música a los gigantes de la música británica (hoy en día tan curiosamente olvidados) y como no conocía nada de ellos, comencé a tararearle —por entonces carecía por completo de vergüenza alguna— el tema "Un día especial" (no es el que he elegido para esta entrada, sino el "Graduado en Underground" en honor a Alfredo) y cuendo llegué a la estrofa que decía "por el espejo del Mini puedo verte llorar, si se te enfrían los pies por la noche da igual", se sacó el Ducados (eterno) de la boca, se rió y me soltó: "Me encanta", y prácticamente se la aprendió. De cuando en cuando, me llamaba por lo bajo en clase y me soltaba esa frase cantando bajito moviendo la cabeza adelante y atrás y sonriendo como sólo la gente feliz sabe hacerlo, y yo me quedaba satisfecho porque tenía la sensación de que no había desperdiciado uno de mis preciosos temas con un cualquiera, sino que le había hecho un regalo a otro sibarita musical como es mi caso. ¡Ay, cómo echo de menos a algunas personas!


Las letras de Los Escándalos fueron lo que más me llamaron la atención de este grupo tan especial. Eran densas, espesas, había que darles vueltas y dedicarles un tiempo para asimilarlas (algo parecido a lo que me ocurre con los Doors). Cuando Carlos se hizo con el maxisingle "¿Dónde se fue la diversión?" (en realidad carece de título, pero es el primer tema y así lo bautizo yo, porque me da la santa gana), también estuvimos varios días seguidos escuchándolo. Al principio, quedándonos con la música, que es lo que nos hacía bailar (dando saltitos a lo Paul Weller y Bruce Foxton), pero luego comenzamos a fijarnos más en las letras hasta bucear en su profundidad y dejarnos llevar por sus mareas internas. Era muy agradable; producía un extraño cosquilleo en el cerebro y, tal y como le he comentado muy recientemente a su exbatería, Frisco (Paco Ortega), me permitía cantarlas en clase quedando como un cultureta de la vida (como los que se habían leído ya a Kerouac y lo anunciaban a bombo y platillo), porque el resto se limitaba a letras frescas y fáciles, más propias de la Movida, mientras que yo era un digno representante de la Escena. Siempre les tuve un especial cariño y más ahora que Frisco me acaba de pasar un buen puñado de temas suyos (de los que tocaban en directo en plena época), con lo que voy a verme paseando en los próximos días en un cielo estrellado vagando de noche por espacio exterior para envidia (de la que pone verde) de muchos. Para más información al respecto: http://no80s-gruposnacionales.blogspot.com.es/2008/07/escandalos.html.


Smart Dress son el arte de crear el sonido del más puro Rhythm and Soul. Un concepto que ya hacían antes los Makin' Time en Gran Bretaña durante la época dorada del Revival, pero que el conjunto madrileño supo adaptar con inmensa maestría al castellano. De ellos tengo su genial "Diversoul" y estuve a punto de ver en 1990 un concierto de ellos en Bilbao, organizado por Ángel Manzanares, que viajó con ellos, pero me quedé en la puta puerta por falta de dinero. Eran tiempos extraños. Por entonces había solicitado un largo crédito a un banco (que me niego a nombrar porque sería publicidad gratuita) para realizar un Master de Periodismo en el periódico El Correo Español-El Pueblo Vasco y, por supuesto, las pesetas brillaban por su ausencia. En esa época conocí a los mods locales, entre los que estaba uno de los pocos face a los quiero denominar así sin ánimo de insultar, porque era un tipo estupendo, a la par que elegante y educado: Areta (nunca supe su nombre verdadero). Con él viajamos Carlos, Juanpe y yo en el mismo autobús a la Concentración de Santander (magnífica y que la televisión local grabó abundantes imágenes, con lo que tiene que haber en alguna parte un reportaje al respecto) y, aunque quizá no lo recuerde, si el conductor paró el vehículo para echarnos la bronca era porque yo estaba tapando con mi parka el altavoz de la radio, porque queríamos escuchar lo que nosotros llevábamos grabado en un radiocassette. En fin que no éramos unas gamberritos graciosos como la situación daba a entender. Con ese grupo de Mod-ernistas (abundantes) también me topé una noche con un concierto gratuito de los Bad Manners justo delante del Ayuntamiento en el que apenas sí había 20 personas bailando Ska como locos, en su mayoría punks y skins. Para más información: http://no80s-gruposnacionales.blogspot.com.es/2009/07/smart-dress.html


Finalmente, quiero poner una canción de un grupo español de los 60' del siglo pasado: Los Salvajes.
Y quiero hacerlo porque, sin saberlo, influyeron en la Escena hispana hasta extremos insospechados hasta el punto de que no hay ni un sólo Mod-ernista de este país que no tenga algo de ellos en su casa. Dice Carlos que una vez en Barcelona paseaba por la noche y se topó con un chaval que se le empezó a quejar amargamente porque no le dejaron entrar en un concierto de este increíble grupo barcelonés porque era demasiado joven (lo mismo me ocurrió a mí en Cáceres cuando en el Cine Capitol no me dejaron entrar a ver Quadrophenia porque era para mayores de 18 años, cuando yo ya la había visto siete veces). El chaval gritaba que iba vestido con patillas, estrecho pantalón y un jersey a rayas como en la canción de ellos "Soy así", con lo que no era capaz de entender la razón por la que le impedían la entrada (al parecer, el local era estúpidamente "de postín" y había "derecho de admisión").


Espero, Auxi, que con esta pequeña muestra te puedas hacer una idea de lo que es el sonido Mod hispano. Evidentemente me he dejado grupos en el tintero, bien porque cantaban en inglés, bien porque en Youtube no tenían nada o bien porque resulta del todo imposible plasmarlos a todos aquí.
Un saludo y por siempre y para siempre Keep the faith.

P.D. Quien haya entendido que me caen mal los rockers o bien no saben leer entre líneas o no me conocen para nada. Tuve buenos amigos con tupé y tan sólo sufrí encontronazos con dos capullos de Cáceres: uno cojo y contrahecho, al que no querían ni sus propios colegas, y otro alto al que mi colega Juan Francisco le puso en su sitio de tres increíblemente directos puñetazos. El resto eran unos cachondos mentales, que sabían de música y con los que daba gusto estar. Que conste... 

(*) Leyendo el libro "Málaga y la Nueva Ola. Música y vida nocturna 1979-1984", escrito en 2010 por José Luis Cabrera y Lutz Petry, me he enterado que quien organizó ese maravilloso concierto fue Rafael Rodríguez, bajista de los Agentes Secretos. Así que, por fin, tengo a alguien a quien agradecérselo de verdad. Muchas gracias, Rafa. Aunque fuera un fracaso de taquilla, el concierto fue un exitazo de público y nos lo pasamos en grande. La portada del libro y, cómo no, una de las imágenes internas sobre Mods malagueños, cogidas de nuevaolamalaga.blogspot.com y de rafamateostudio.com.