Segundo de los cuentos de la serie "Deliciosamente humano". Sin más preámbulos, ahí va:
Hombre-árbol, de Carlos Sánchez Hijarrubia, que me viene de vicio para la historia
En una población costera situada al Sur del país vivía un
joven moreno y de pequeña estatura. Durante el invierno ayudaba en las faenas
pesqueras yendo cada día en un bote diferente y cobrando en comidas.
En la estación estival se colocaba en algún garito de la
playa donde vendía toda clase de bebidas frescas a los viajeros que venían a
visitar el pueblo. Por supuesto, atendía a todos por igual, pero prefería
servir antes a las turistas que a los turistas.
El joven moreno y bajito –según los extranjeros “típico del
lugar”– soñaba con poderle hablar a alguna de aquellas monumentales bellezas
que, con voz golosa, le pedían cerveza, sobre todo, o agua, las menos. Aunque
sólo iban a eso, a beber.
“¿Será posible que no se fijen en mí?” –Reflexionaba el
joven afligido–. Uno no es tan feo, ¡vamos, digo yo!”.
Todas las noches, al regresar a casa, se preguntaba cuál
podría ser el motivo de que a él no le hicieran ni caso. ¡Qué va! Las muy…
preferían la compañía de esos chicarrones llenos de hinchados músculos y bien
bronceados. ¡Oh, sí! Los veía pasar en parejas agarrados del brazo o dándose la
mano, charlando de intimidades, y ellas miraban hacia arriba para contemplar
embelesadas los ojos de sus experimentados acompañantes. ¡Pues claro, hombre!
Ahí estaba la clave. Su tamaño. Era demasiado bajo para atraerlas a su lado.
“La culpa es de la familia materna –pensaba–, he heredado
sus genes enanoides; mi padre bien podía haberse esforzado en buscar una mujer
más alta”.
La solución se le ocurrió una mañana mientras contemplaba la
vitrina de una tienda de plantas. En unas macetas crecían flores variadas, de
diferentes colores y formas, y se fijó en que había algunas de la misma especie
que tenían una mayor altura que otras. Intrigado, entró dentro del local y
preguntó a la tendera.
–Es por la luz –respondió la buena mujer.
Le explicó entonces que las plantas recogían la energía
lumínica a través de sus hojas y que aquéllas que estaban más expuestas al sol
acababan siendo más grandes que el resto, aunque se hubieran plantado al mismo
tiempo. El joven, emocionado, no se lo pensó dos veces.
“La luz hace crecer –discurrió–. Yo también usaré el mismo
método”.
Se dirigió a una droguería donde adquirió un bote de pintura
verde similar al color de la vegetación. Luego se untó con una brocha el espeso
líquido en las palmas de las manos y se encaminó hacia el monte más elevado de
los que rodeaban al pueblo. Una vez allí, expuso sus manos mirando directamente
al sol por la zona pintada y se quedó quieto con los ojos cerrados, confiando
ciegamente en la provechosa utilidad de su idea.
Poco le importó que la piel se le quemara, quedándose del
todo insensible y dura, ni que empezara a notar cómo los dedos de los pies
adquirieron vida propia para hundirse en el terreno, cada vez más
profundamente. Él sólo tenía la noción de crecer y progresar, igual que un
árbol.
Al cabo de un mes, más o menos, llegó tan arriba que ocultó
el sol al pueblo. Los turistas, por culpa del muchacho, dejaron de acudir.
–Si no hay sol, no hay divisas –gritaron indignados y se
marcharon a una localidad vecina que ofrecía las mismas posibilidades, sólo que
iluminadas por el astro rey.
El desesperado alcalde, que de cuando en cuando seguía
gastando chistera, a pesar de la obsolescencia de la prenda, mandó talar al
loco de las manos verdes que no se avenía a escuchar razones de ningún tipo,
porque, entre otras cuestiones, carecía ya de orejas para escucharlas, y si las
hubiera conservado estarían a tal altura que la voz no les llegaría con
nitidez.
Y el leñador lo segó cumpliendo desapasionado la orden.
Los golpes de hacha no dolían, ni siquiera manó sangre; el
joven sólo pudo sonreír de contento al ver que caía desde tan alto antes de
morir.
Bella imagen extraída de www.arbolemia.es que hubiera podido ser un buen final alternativo, pero no.
Aquí cuelgo un video de los Agentes Secretos titulado "Málaga es mi ciudad", que por ciudad costera que es, conoce bien lo que significa la llegada de turistas y el desastre que supondría su fuga hacia otros lares...
En vista de que jamás voy a publicar nada en papel, pero me apetece tener un público lector, voy a incluir en este blog otra serie de cuentos unificados bajo el epígrafe de "Deliciosamente humano (Guardaros muy mucho de intentar comprender nada de lo que aquí hay escrito)", redactados cuando era un pipiolo mientras me esmeraba en hacer un master de periodismo en Bilbo.
El primero de estos relatos se titula El Nuevo Quijote y dice tal que así:
Una mandíbula digna de tener en cuenta, ¿eh?
Alonso Quijano caminaba cabizbajo, observando la acera
cubierta de fango por las últimas lluvias. Sobre las baldosas rojas y crema,
huellas de cientos de personas diferentes; la mayoría incompletas y todas
anónimas, excepto las suyas propias a las que contempló varias veces para poder
identificarlas. Siempre que pasaba al lado de un charco intentaba captar la
imagen de su cara para poder reconocerse en la calle. Alguien le había
comentado alguna vez que una persona no era igual en su casa, frente a un
espejo, que en plena ciudad caminando mientras se absorben fugazmente los
perdidos reflejos que roban los escaparates y lunas. Quería experimentarlo. No consiguió mirarse ni una sola vez y procuró olvidar el
tema.
Da un poquito en qué pensar, ¿verdad?
Durante su paseo, por la mente inmadura de este enjuto
jubilado fluyeron miles de pensamientos entrecortados, fundidos unos con otros,
sin orden de prioridad. Desconcierto absoluto. Sin embargo, volvía una y otra
vez sobre el mismo asunto, dándole vueltas hasta marearlo: la locura de la
Justicia en el mundo actual; lo absurdo de la modernidad. Actuar de una
determinada manera según el momento, dependiendo de cada suceso, de las presiones
sociales y de uno mismo. Un billón de visiones diversas y vacías; versiones
incompletas sobre el mismo hecho. Pero conclusiones dispares; no todos los
caminos conducen a la Ciudad Eterna. Cada río debe de desembocar en un mar que
no es el mismo para todos. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo conseguir la unanimidad
en la diferencia? Si bien, la auténtica pregunta que se formulaba era ¿por qué
iba a ser necesaria esa conformidad? Frente al señor Quijano apareció repentinamente una figura.
Había una buena dosis de nerviosismo e impaciencia en las palabras de su
interlocutor cuando éste le habló. Alonso se detuvo para mirarle. El joven, con
el pelo cayéndole grasiento y sucio sobre el casposo hombro, le mostraba sin
amenazarle una navaja pequeña y del todo inútil para determinados usos. -Fíjate bien, no quiero utilizarla –dijo el joven arrojando
el arma a un portal cercano, repitiendo, así, un gesto mecánico y aprendido de
memoria-. Necesito dinero, tío. Estoy muy mal. Alonso no abrió la boca, disfrutando de la escena sin miedo,
con mucha calma. El otro se subió la manga de la raída cazadora de cuero negro
mostrando un brazo flaco como un macarrón, pálido, casi amarillo, y con
múltiples marcas de pinchazos en la misma vena. -Pero tranquilo. No quiero violencia –siguió explicando el
muchacho-. Dame lo que puedas, anda. El señor Quijano metió las manos en los bolsillos de su
gabardina, al tiempo que sus dedos aferraron un objeto. “¡Pobre diablo! –pensó-.
Rebajándose a actuar en plena calle, y el caso es que no lo hace mal. A esto se
llega. ¿Y quién es el culpable de que surjan este tipo de lacras urbanas?
¿Quién va a resolver estas injusticias? ¿Quién se atreve a afrontar estas
terribles secuelas? Yo seré quien las resuelva. Yo me atreveré a hacerlo. Yo, y
sólo yo. Por voluntad propia”. Alonso se acercó al rostro del yonqui para hablarle en voz
baja. -Acompáñame, chaval. Puedo resolver tu problema. -Pero si ya te he dicho que no tengo un duro –respondió el
medio muerto, creyendo entonces estar en presencia de un camello. -No te preocupes, chaval. Tú ven conmigo. Se adentraron en un callejón aparte. Fuera de la vista de
los escasos transeúntes que circulaban bajo el plomo de las nubes. El joven se
movía ansioso y el señor Quijano sonreía. De su bolsillo extrajo una reluciente
automática que se abrió produciendo un sonido sibiloso. El yonqui se alarmó,
pero Alonso le agarró con inusitada fuerza de la solapa. -No pasa nada, hombre. Es por tu bien. Es la única solución. Dicho lo cual, hundió varias veces hasta la empuñadura la
hoja en el estómago del mozo y, por último, le rebanó el cuello. Murió casi en
el acto, sin ruidos, y Alonso le miró un instante antes de marcharse.
Realista a la par que desagradable, N'est-ce pas?
-¿Lo ves, chaval? Se acabó el problema. Te he ahorrado
disgustos, a ti y a mucha gente. ¿Verdad que ha sido justo? Según se supo más tarde, éste fue el primero de los cuatro
asesinatos que cometió contra drogadictos en las inmediaciones del puente de
San Antón, cerca del Casco Antiguo bilbaíno, antes de caer abatido una noche
por los disparos de varios agentes del orden que le acorralaron en una tasca de
la calle Máximo Aguirre. La noticia salió publicada tres días después de su muerte,
el 28 de febrero de 1990, en un breve de El Correo Español-El Pueblo Vasco. En esa escueta nota no se aludía a los insultos proferidos
por A.Q.M., de 63 años y natural de Castrillo de la Reina (Burgos), contra los
hombres de uniforme que le acribillaron a balazos al verse amenazados por la
navaja que el viejo se negaba a soltar, y a los que tachó de “fascistas”, “cobardes”,
“rojos de mierda” e “inútiles capados”. Ni tampoco se hacía referencia a un
detalle inquietantemente curioso que trajo de cabeza a los encargados de
investigar los motivos de sus crímenes: el jubilado llevaba la cara pintada de
blanco y el cabello teñido de verde y vestía la capucha con capa de un disfraz
de Batman. Yo conocí los pormenores de esta historia por ser quien soy
y no otro, pero que nadie se atreva a preguntarme cómo ni por qué lo descubrí.
Baste con saber que, a pesar de este tipo de ocultos y sórdidos acontecimientos
que tienen lugar prácticamente a diario, la vida sigue su ritmo en Bilbao…
Todos tenemos un pequeño Joker en nuestro interior, me temo
Espero que os haya gustado tanto como a mí este pedazo de tema musical que a continuación cuelgo Free yourself, de The Untouchables, un grupo del Revival de Los Angeles:
La letra es la que sigue:
Free yourself (libérate)
I like to feel like I feel (Me gusta sentir como siento)
I like to do what I wanna do (me gusta hacer lo que me gusta hacer)
I like to go where I go (me gusta ir a donde voy)
'cause I feel it in my soul, yeah (porque lo siento en mi alma, ¡sí!)
Now, there's a friend of mine, friend of mine (Ahora hay un amigo mío, amigo mío)
He's doing down all the time, down all the time (que se viene abajo todo el tiempo, se hunde todo el tiempo)
So it makes me mad just to see him, mad to see him (Y me vuelve loco verle, loco verle)
But I wish you would free him like you did me (Pero deseo que puedas liberarlo como hiciste conmigo)
Free yourself, yes you can now (Libérate, sí tú puedes ahora)
Free yourself, like I did (Libérate, como yo hice)
Free yourself, be a man, boy (Libérate, sé un hombre, chaval)
Free yourself (libérate)
Now take a look at me, look at me (Ahora échame un vistazo, mírame)
You see I'm feeling irie, feeling irie (Ya ves que me siento cojonudo, cojonudo)
Let's go to... (Vamos a...)
And pulled it off the shell girl (Y a bombearla dentro de una chica)
And I'm not going back, going back (Y no pienso volver atrás, volver atrás)
And debate, that's a fact, that's a fact (Y discute, eso es un hecho, eso es un hecho)
I'm going straight ahead, straight ahead (Voy en línea recta, en línea recta)
And I'm leaving 'till I'm dead, yeah (Y estoy viviendo hasta que me muera, ¡sí!)
Free yourself, yes you can now (Libérate, sí tú puedes ahora)
Free yourself, like I did (Libérate, como yo hice)
Free yourself, be a man, boy (Libérate, sé un hombre, chaval)
Free yourself (libérate)
Now get the feeling down, feeling down (Ahora desecha ese sentimiento depresivo, sentimiento depresivo)
Yes, take a look around, look around (Sí, echa una mirada a tu alrededor, mira alrededor)
If you don't like your style, like your style (Si no te gusta tu estilo, tu estilo)
Just change it with a smile, yeah (Sencillamente cámbialo con una sonrisa, ¡sí!)
You see my point of view, point of view (Conoces mi punto de vista, mi punto de vista)
It's such an easy thing to do, easy to do (Hay una sencilla cosa para hacer, fácil de hacer)
Just believe in what you say, what you say (Tan sólo cree en lo que dices, cree en lo que dices)
And take it all away, yeah (Y mándalo todo lejos, ¡sí!)
Free yourself, yes you can now (Libérate, sí tú puedes ahora)
Free yourself, like I did (Libérate, como yo hice)
Free yourself, be a man, boy (Libérate, sé un hombre, chaval)
Free yourself (libérate)
huh, goodbye, ... (¡Uh! Adiós)
Free yourself, yes you can now (Libérate, sí tú puedes ahora)
Free yourself, like I did (Libérate, como yo hice)
Free yourself, be a man, boy (Libérate, sé un hombre, chaval)
Free yourself (libérate)
Admiro profundamente a los que, con su esfuerzo y obviando las críticas fáciles que su labor suele suscitar, son capaces de generar, año tras año, una actividad cultural. En mi caso, evidentemente, si tiene que ver con el Mod-ernismo, en cualquiera de sus múltiples facetas, mejor que mejor.
Es la situación, por ejemplo, de Juan Pedro González Bonilla, de Cáceres, que se sacó (literalmente) de la manga un par de festivales, el Cáceres Pop-Art y el Europa Sur (con rallie de vespas y Lambrettas, inclusive), al tiempo que dirige el Gran Teatro de mi ciudad natal (chúpate ésa, moreno), o de Elena Iglesias, con el peso del Purple Weekend de León a sus espaldas, y también de Félix Domínguez -AKA Félix A. Limaña y también, por qué no, AKA Mr Felix Trouble & Tea (éste tiene una pinta de ser un cachondo mental de primer orden)- con su Euroyeyé (lo acentúo para que se pronuncie como el Gran Modernista manda), entre otros. Aquí me gustaría destacar el Sherry Sound Festival, que inicia su andadura este año de la mano de Juan García Yo Yo. El tío tiene su propia página en Facebook y ha sido capaz de montar un anuncio para promocionar el evento. Creo que merece la pena animarlo un poco para que esta Escena tan especial ni decaiga ni se marchite recociéndose en sus propios jugos. Además, la costa mediterránea siempre se ha prestado un tanto al fomento del Mod-ernismo hispano (por aquello del mar y la música, acompañados con una cervecita y tal) y a los de Cáceres la verdad es que nos marcó muy mucho allá por nuestros años mozos, bien fuera en Torremolinos o en la zona de Jerez (sacrosando hogar del inmenso Perepe). He aquí un enlace para conocer algo más del nuevo festival y, por supuesto, el video promocional aludido. Bon chance.
Hacía, quizá, 15 años que no regresaba al Manzanares. A
volver a pasar frío de verdad en el glorioso (y remodelado) Vicente
Calderón. Fui con mi hermano, Luis, que es quien
despertó en mí esa realmente funesta atracción y dependencia por los colores
rojiblancos cuando todavía estaban el magnífico, único y malogrado Gárate,
los exóticos Luiz Pereira y Leivinha, el
irrepetible "Ratón" Ayala (a veces pienso que se
creó el maldito fuera de juego para eliminar su capacidad de rapiñear balones
perdidos en el área), Luis (del que apenas hay nada más que añadir y al que el
sobrenombre de "Sabio de Hortaleza“
le iba como anillo al dedo) el sobrio y sólido Capón o el
siempre escayolado Leal. Incluso llegamos a ver cómo le
rompían la camiseta al internacional Rubén Cano en el Rico
Pérez, cuando el Hércules jugaba entre los elegidos.
La posibilidad surgió de casualidad, que es cuando mejor saben las cosas y
quizá acaben resultando más exitosas. Como quien no quiere la cosa, y en mitad
de la comunión de mi sobrina María, va y me suelta: "Pues
hoy juega el Aleti en casa". Lo dijo arrastrando el
sustantivo, tanto como lo hacen quienes le tienen ese especial cariño a un
club, a un equipo y a una afición que ya no son lo que eran, pero que en su
tiempo hicieron temblar los cimientos del fútbol español. Y se calló, pero a mí
me dejó rumiando la idea hasta que alcancé el hueso y lo dejé mondo de
impedimentos.
El rival merecía la pena: un Málaga crecido a base de
petrodólares que coqueteaba con la Champions. Y la ocasión no
era tampoco baladí, puesto que los indios no tenían tan claro eso de estar en
las prestigiosas competiciones europeas, que son las que te acaban saneando las
arcas en los malos tiempos, y más de uno quería jugarse el todo por el todo a
una carta con forma de final contra el Bilbao en la UEFA
Europa League. Pero yo no. Pensaba que había que seguir luchando y
arañando puntos para estar arriba y alejarse de la perniciosa sombra de los
sevillistas, además de que se trataba del último partido de Liga
en su feudo, en su hogar, en la casa del Cholo.
Así que le dije que sí, que nos íbamos a comprar unas pipas, una bufanda
multicolor (las mías estaban en Córdoba) y tras endosarnos una
buena Mahou entre pecho y espalda, adquirimos las localidades
(las más baratas que la cosa no está para gastos excesivos).
Yo no le expliqué a mi hermano en ningún momento la emoción que me
embargaba. Supongo, al igual que le ocurre a la parroquia habitual, que cuando yo
vivía en la capital del reino me resultaba muy habitual ir al estadio los fines
de semana que me correspondían a disfrutar de las alocadas carreras de Futre,
las dianas de Kiko-Gol, el orgullo de mi paisano Manolo,
la presencia de peso de Caminero, la furia de Simeone
o la inconmensurable casta de "Superlópez". Fue una
época en la que se forjaron leyendas (la más bonita, la del Doblete (*), que se ha quedado perdida en un
polvoriento pasado durmiendo el sueño de los justos, aunque recuerdo
perfectamente que mi padre, madridista de pro, aunque todo un señor, nos invitó
a mi hermano y a mí a cenar para celebrarlo).
Y ahí estaba yo. Subiendo las escaleras del Fondo Sur para llegar hasta la
zona alta, desde donde antaño (hace ya muchísimo tiempo) disfruté de un
partidazo contra el Barcelona junto
a mi amigo Juan Francisco, en una
tarde extraña en la que los Boixos Nois
aparecieron de repente sin escolta de ningún tipo. Y fue tal el silencio que se
hizo en la grada con su repentina y libre presencia mirándoles todos nosotros
fijamente que el primero de ellos se quedó cortadísmo y levantando las manos
dijo aquello de “Esportivitat, ¿eh? Esportivitat”. Y así ocurrió. Las
conversaciones volvieron a su cauce normal y el murmullo fue de nuevo
generalizado. Ni siquiera hizo falta presencia policial; y eso que fue uno de esos
encuentros de muchos goles (3-1) y los tres puntitos, en casa.
Justo lo que hacía falta ante el Málaga. Eso era lo que pensaba cuando de
repente se abrió el vomitorio y contemplé el césped verde a través de una leve
cortina de lluvia. Se me hizo difícil respirar. Abajo, varios jugadores
rojiblancos hacían el rondo con un balón y me olvidé por completo del mal
tiempo, de lo peligroso que era el rival y de que por muchos peldaños que
habíamos subido, no nos había correspondido plaza alguna bajo abrigo. De hecho
había dos localidades a cubierto junto a un par de seguidores boquerones, pero
preferimos esperar a ver si se ocupaban antes de iniciar el asalto, como
finalmente así fue. Así que nos tocó empaparnos.
Menos mal que la bufanda recién adquirida (plagadita de escudos y
multicolor) nos sirvió para protegernos a ambos las rodillas como si fuéramos
viejas, y las capuchas mitigaban al menos un poco la persistente humedad del
Manzanares. Del trasero mejor no hablar, porque para eso carecíamos de
protección útil alguna.
Poco a poco, se poblaba la grada, pero no se esperaba el lleno, a pesar de
ser el último partido de la temporada en el Calderón. Calculo que unas 30.000
almas de todos los colores, incluidos los del Frente Bokerón, que los teníamos a mano derecha, allí perdiditos en
un rincón y montando mucho jaleo (aunque sano, que todo hay que decirlo).
La primera parte fue lamentable para los colchoneros y una delicia para los
forasteros. Mi equipo estaba perdido por completo, incapacitado para pensar y
enmarañado en una red del centro del campo, que únicamente le permitía
desplazamientos en horizontal, y mal. Eliseu
se sacó de la manga un golazo que recibió el reconocimiento de todos los
presentes, sólo que deseando los locales que hubiera sido nuestro. Mucha mano a
la cabeza, algún grito de cabreo y, sobre todo, silencio rojiblanco… y, por
supuesto, bulla blanquiazul.
Y entonces ocurrió. Hicieron falta únicamente los siete minutos restantes
para el final de los primeros 45 minutos y que el equipo se marchara al descanso, pero hicieron el efecto deseado.
Miré a mi alrededor y todo eran bocatas recién sacados de bolsillos y pequeños
macutos, diálogos animados y, sobre todo, ¡sonrisas!
Es que no parecía que fuéramos perdiendo. A nuestra izquierda había,
incluso, una muchacha con su camiseta colchonera bien calzada, que bromeaba a
voz en grito sobre todo lo que veían sus ojos. Se estaba cocinando un ambiente
que yo ya conocía de antiguo y que en su día hizo famosa a esta afición a nivel
nacional y que estalló nada más empezar la segunda parte.
He leído crónicas del partido en periódicos especializados y de ámbito
general. La mayoría habla de la bronca que echó el Cholo a sus muchachos en los
vestuarios para que terminaran reaccionando al baño que les estaba dando el
Málaga, pero ninguno menciona la verdadera causa del cambio que se produjo en
el Aleti: y es que el jugador número doce había empezado a funcionar poniendo
en marcha ésa su máquina tan perfectamente engrasada que nunca termina de
oxidarse. La grada se hizo una. Cánticos viejos y persistentes surgían del Frente Atlético y contagiaban al resto
de la afición. Las bufandas, chorreando de agua, comenzaron a agitarse
(duchando literalmente a los que tenían a su alrededor, pero nadie, salvo mi
pobre hermano, se quejó por ello), y el impulso de aliento desde lo alto se
acabó concentrando en energía pura sobre el terreno de juego. Y el Aleti se
transformó como un licántropo sorprendido por la luna llena. Koke, primero, y por último Adrián dieron la vuelta al marcador
despertando el paroxismo de la parroquia que me acabó arrastrando y empapando
más que la propia lluvia. “¡Cálmate, que te va a dar algo!”, me decía Luis,
pero a duras penas él mismo podía disimular su alegría. Y cuando el árbitro
pitó el final, la emoción contenida –somos indios, y nunca las podemos tener
todas con nosotros hasta que se acaba definitivamente- estalló en gritos de
júbilo.
Una vez fuera, comprobé que había perdido la voz de lo que había gritado y
cantado en el campo. Y antes de enfilar hacia la estación de Pirámides, ésa que tantas veces me
había contemplado en mis viajes de ida y vuelta hasta el Paseo de los Melancólicos, volví un momento la mirada hacia el
Vicente Calderón para despedirme, sabe Dios si para siempre. Porque como tarde
otra vez tanto en regresar, para entonces ese glorioso estadio habrá
desaparecido para convertirse en pisos y toda su Historia y las pequeñas
historias de su entorno se habrán evaporado en la nada fundiéndose con las
fluidas aguas del vecino río.
(*) Esa final de la Copa del Rey,
en la que el capitán rojiblanco, Tomás, alzaba el trofeo bien alto, aparece
reflejada en un cortometraje, “Hambre
Mortal”, que hicimos en 1996 con muchísimo esfuerzo unos amigos y yo, entre
ellos, Antonio Sánchez-Escalonilla,
y que tenía como protagonistas a mi querido Paul Naschy, colchonero a ultranza y gran bebedor de cerveza, y a Juan Calot, que ahora se pasea por los
principales teatros de España,
llenándome de orgullo cada vez que leo su nombre (el pobre tuvo que rodar un
día con una fiebre de aúpa y el tío lo bordó).
En este punto, resulta por completo imprescindible poner algún que otro video que venga ni que "p'al pelo". Máxime cuando, además, hemos logrado ser Campeones de la UEFA ante un correoso Bilbao, al que hay que felicitar por su garra y por su estupenda afición. ¡Salve, amigos!
Tengo que decir que el siguiente es el cántico del Frente Atlético que más me ha gustado siempre y que me pone los pelillos tiesos como escarpias (sobre todo cuando se usaba hace una década para animar al equipo de forma incansable cuando se iba perdiendo):
No tiene nombre que no haya colgado antes la letra de Soy un socio del Aleti, de Glutamato Ye-Ye. Aquí está:
Nadie en el campo sabía
quién era aquel rojiblanco
tan audaz y temerario
que en el área se internó.
Nadie sabía su historia
mas la afición suponía
que un gran dolor le mordía
como a un lobo el corazón.
Cuanto más duro era el juego
y la pelea más fiera,
defendiendo su bandera
el rojiblanco avanzó
y sin temer el marcaje
del enemigo desatado
supo saltar como un bravo
y a las mallas remató.
Y al mirar a las gradas llenas de gente,
murmuró el rojiblanco con voz valiente:
-Soy un socio del Atleti.
Tengo un hombre en mi nevera.
Soy un socio del Atleti
que va a unirse en lazo fuerte con la hinchada colchonera.
No soy un experto económico. Ni mucho menos. Es más, considero que la economía es una (muy) peligrosa ciencia que se ha dejado voluntariamente en manos de unos pocos entendidos, y que a día de hoy está abismalmente separada de lo que es el día a día doméstico, que es lo que el común de los mortales puede manejar sin perderse demasiado en el árido desierto de cifras, fórmulas, tecnicismos y teorías casi astrales.
Simpática vaquita española a la que todos contemplaban con admiración y amor en épocas de idem gordas.
Pero parece de perogrullo pensar que sin movimiento de dinero, difícilmente se pueda reactivar la economía de cualquier zona del mundo. La idea de un recorte como fórmula de ahorro no es ninguna idiotez, siempre y cuando venga acompañada de medidas inmediatas para reactivar el flujo monetario.
No sé cómo se podría hacer, pero, por ejemplo, estoy a favor de "obligar" a los bancos a facilitar créditos que son absolutamente necesarios y perentorios. Una urgencia que, a la postre y haciendo un uso racional de la cabeza, les beneficia también a ellos. Como ya comentamos en un post anterior, como sigan manteniendo el grifo tan cerrado, al final se van a quedar sin clientes por no haberles cubierto sus necesidades antes. Sobrevivir -ellos- a un mercado muerto es lo mismo que no haber sobrevivido.
Está claro que la única manera de ahuyentar el miedo (a gastar, a perder el trabajo y casi a vivir) es demostrando que se vuelve a la normalidad. Insisto, siempre con cabeza. Porque las burbujas son lamentables, y los mercados tendrían que aprender de verdad con esta penosa experiencia que todavía no se ha acabado.
Los británicos creen que les lloverá monedas (de ésas que
no han querido nunca unirse
a ella), con el hundimiento de España
Por cierto, que si los pisos han vuelto a lo que tendrían que ser sus precios reales (como así ha ocurrido cuando se descubrió el pastel de la fragilidad del ladrillo), creo que el resto de precios sobre cualquier otro producto también debería de ajustarse a la realidad. Con eso se evitaría la constante inflación por unos valores absolutamente irreales, que se redondearon muy al alza en el año 2000 con la implantación del euro (aprovechando, quizá, el desconocimiento que se tenía todavía por entonces sobre el manejo de la bendita moneda), y que no dejan de subir en clara discordia con los sueldos.
Pienso que no sería ninguna tontería pensar que si los sueldos estuvieran más acordes con la realidad del mercado, el consumo volvería a moverse (no hablo de nóminas más altas, sino de precios razonablemente menguados y no enfrentados a una realidad casi insostenible), con lo que la producción volvería a tener sentido recuperando su pulso y se reactivaría la economía. Un ejemplo de ello ha sido la idea de Renfe de celebrar el 20 aniversario del AVE poniendo 20.000 billetes al 20 por ciento de su precio (es decir, una rebaja del 80 por ciento) durante unos días. Una promoción que apenas sobrevivió al primer día, porque desaparecieron los billetes esfumándose en la vorágine de una necesidad (la de viajar) a un coste al alcance de los bolsillos. ¿Es que Renfe no sabe que si pone los precios más bajos los trenes irían hasta la bandera? Evidentemente sí, pero el problema está en que hay que seguir financiando el resto de obras de Alta Velocidad en España con la venta de billetes de lo que ya está en funcionamiento, por lo que NUNCA vamos a conseguir ver esos precios más económicos y los trenes no se llenarán tanto.
Caricatura de Vizcarra de una Angela Merkel en plan centurión marchando para arrasar a la paupérrima Hispania
En cuanto a la "muy amada" Angela Merkel -la triste, gris e infanda canciller germana- y su acumulación de deuda española, al igual que ha hecho China, con la única y malsana intención de tener pillado por donde más duele a un país que nunca le había hecho sombra ni le había amenazado económicamente (algo que también se podría aplicar al ataque persistente, pernicioso e insistente del mercado británico sin que nosotros supongamos ninguna amenaza para ellos), sólo veo una solución: Si de verdad es un problema de todos los españoles, más vale que todos arrimemos un poco el hombro. Cada uno en la medida de sus posibilidades: abramos una "hucha" nacional en la que ir metiendo pequeñas cantidades (pero de muchas personas), por supuesto controlado por alguien neutral (no vaya a ser que ese minifondo acabe donde no debe) e ir recuperando poco a poco esa deuda.
¿Que se va a tardar mucho en poder hacerse? Ni lo dudo, pero al menos vamos haciendo algo, que ya está bien de escuchar siempre lo mismo después de cinco meses largos por parte de quienes accedieron al poder merced a esta crisis universal: No todo es quejarse de la "herencia" recibida. Hay que ponerse a trabajar ¡ya! Y sin tener que destruir todo lo que se había conseguido a nivel socio-laboral hasta la fecha.
La economía española, en la UCI tras
seguir como idiotas los penosos consejos
del Ejecutivo alemán.
Por cierto que como señala insistentemente mi amigo Jesús Ligero, vamos a tener todos los europeos que elegir al canciller alemán en las elecciones de ese país, ya que está claro que su figura (y la del primer ministro galo) influye en exceso en el devenir de otros pueblos ajenos a su órbita natural. Evidentemente, mi voto iría muy seguramente para Frank-Walter Steinmeier, aunque tampoco estoy muy seguro de cómo hubiera reaccionado con esta crisis.
Llegado a este punto, no tengo más remedio que incluir un tema musical que me vino a la cabeza a medida que iba redactando esta nota. Se trata de "Ma Baker", una canción de Boney M de 1976, que voy a poner traducida para ver si alguien me da una buena razón de por qué mi mente no hacía más que querer incluirla en este post.
Tengo que reconocer (de nuevo desnudando mi alma, ¡qué impúdico estoy hecho!) que antes de convertirme al Mod-ernismo más recalcitrante y excluyente (del que todavía arrastro una herencia casi innata) era un ferviente seguidor de los Boney M y de los Manhattan Tranfer, amén de otros temitas de finales de los 70' que vuelven a mi memoria una y otra vez sin que yo pueda evitarlo. Soy fiel a esos sonidos y aún hoy el "Daddy Cool" hace que se mueva mi alma.
Héteme aquí la letra:
Freeze, I'm Ma Baker - put your hands in the air Gimme all your money! (¡Quietos! Soy Ma Baker ¡Las manos arriba! ¿Dadme todo vuestro dinero!)
This is the story of Ma Baker - the meanest cat from ol' (Ésta es la historia de Ma Baker - el más humilde gato de la vieja)
Chicago town. (ciudad de Chicago)
She was the meanest cat in old Chicago town (Ella era la más humilde de los gatos en la vieja ciudad de Chicago)
She was the meanest cat she really mowed them down (Ella era la más humilde gato que realmente los acabó acribillando)
She had no heart at all no (Ella no tenía corazón en absoluto, ninguno)
no (ninguno)
no heart at all (para nada tenía corazón)
Estribillo:
Ma Ma Ma Ma Ma Baker
she taught her four sons (enseñó a sus cuatro hijos)
Ma Ma Ma Ma Ma Baker
to handle their guns (a utilizar sus armas)
Ma Ma Ma Ma Ma Baker
she never could cry (nunca pudo llorar)
Ma Ma Ma Ma Ma Baker
but she kew how to die (pero sabía cómo morir)
She left a trail of crime across the USA (dejó un rastro de delincuencia a través de EE.UU.)
And when one boy was killed she really made them pay (y cuando mataron a uno de sus chicos realmente les hizo pagar)
She had no heart at all no (no tenía corazón, para nada)
no (ninguno)
no heart at all (para nada tenía corazón)
(Estribillo)
She met a man she liked she thought she'd stay with him (conoció a un hombre que le gustaba y pensó que se iba a quedar con él)
One day he formed with them they did away with him (Un día se unió a ellos, y se lo cargaron de inmediato)
She didn't care at all (a ella no le importó en absoluto)
just didn't care at all (tan sólo le importó un pimiento)
Here is a special bulletin. (Éste es un boletín especial)
Ma Baker is the FBl's most wanted woman. Her photo is hangin (Ma Baker es la mujer más buscada por el FBI. Su foto está colgada)
On every post office wall. If you have any information about (en todos los muros de las oficinas de correos. Si tienen alguna información acerca de)
This woman please contact your nearest police station . . . (esta mujer, por favor contacte con la comisaría de policía más cercana...)
Don't anybody move (que nadie se mueva)
the money or your lives. (el dinero o vuestras vidas)
One day they robbed a bank it was their last hurray (un día robaron en un banco que fue se canto del cisne)
The cops appeared too soon they couldn't get away (los polis aparecieron tan rápido que no pudieron escapar)
And all the loot they had it made them mighty mad (y todo el botín que obtuvieron les volvieron locos)
And so they shot it out (entonces se liaron a disparar)
Ma Baker and her sons (Ma Baker y sus hijos)
They didn't want to hang (no querían que los acabaran colgando)
they died with blazing guns (murieron con las armas al rojo)
And so the story ends of one who left no friends (y así acaba la historia de alguien que no dejó amigos)
(Estribillo).
Oídla.
Por cierto que así va a quedar finalmente la hucha española cuando se acabe este proceso vampírico desde Europa.