sábado, 22 de junio de 2013

El ciclo cerrado

Estoy intentando rematar la tercera entrega de "Mis terrores de la calle Osario". Pero antes, me gustaría que le echárais un vistazo a este escrito sin más pretensiones que la de entretener. ya me dirán.


Marco de corte celtoide que representa el laberinto picto de este escrito.


El ciclo cerrado

El Hombre avanzaba por un laberinto sencillo, compuesto de caminos blancos y negros que se cruzaban entre sí enlazando una obra de arte picto, insertada dentro de la más remota tradición mal llamada céltica. Cada sendero terminaba por conducir a una de las cuatro esquinas que enmarcaban la maraña dedalística y más allá parecía no haber nada. Sobre el Hombre, perdido y sin angustia, se extendía un inmenso plano flotante de estrellas que guiñaban luminosidad en un fondo de azabache brillante y escurridizo. Sus ojos estudiaron el espacio gravitando por encima de él y pensó en la posibilidad de escaparse por una ruta alternativa; tan sólo debía caminar hacia arriba, pero su naturaleza limitada no le permitía más que moverse encerrado en sus propias dimensiones.
     El Hombre continuó adelante hasta que por fin llegó al ángulo superior izquierdo, donde vio una casa levantada en piedra, con la techumbre de paja rojiza, muy similar a una palloza. Adosada a uno de los muros de la vivienda se hallaba una pocilga rebosante de estiércol y otros restos orgánicos. Enormes cerdos de pelo grisáceo hundían sus largos hocicos en el montón de desechos que cubría por completo el suelo en busca de alimento. El Hombre se apoyó en la cerca que rodeaba a los gochos para observarlos con más detalle y descansar también de la interminable caminata.
     En el interior del edificio se iluminó una luz y, de repente, los puercos empezaron a chillar como idos mientras se acercaban a la verja de madera. El Hombre retrocedió con miedo ante el ansioso empuje de las bestias, agolpadas ahora en manada salvaje en el punto más próximo a la cabaña. La puerta de la vivienda se abrió con un dilatado gemido agonizante, y una mujer alta —más que el Hombre, incluso— salió al exterior con un candil encendido en la mano. A pesar de la claridad escasa, comprobó que la mujer era hermosa y excitantemente sensual. Ella quedó inmóvil bajo la mirada penetrante de él, sabiéndose admirada, creciéndose en sana vanidad. En ese momento, la piara armó tal alboroto que el Hombre se asustó. No así la mujer. Tras de ella apareció un lechoncillo torpe y todavía desnudo de pelaje, pegado a la falda de su protectora.
     El Hombre le miró fijamente y descubrió con repugnancia que las patas delanteras de la cría remataban en manos humanas —recordando en cierto modo el caso del caballo de un afamado general romano—, con los dedos deformados y las palmas abiertas en llagas sangrantes de caminar arrastrándolas sobre las piedras.
Dibujo muy, pero que muy ilustrativo
para esta historia, pillado de www.rojillo.com .
     La mujer, enfadada, lo apartó de su lado con un fuerte puntapié que lanzó al estridente cochinillo lejos de ella. El Hombre la volvió a mirar a la cara, luego contempló a los cerdos y al lechón; sucesivamente, una y otra vez, los escrutó a todos por separado y en conjunto hasta que, finalmente, comprendió. Entonces huyó despavorido de la escena. Mientras, la mujer cogió una estaca y golpeó a los berracos en la cabeza y en el lomo sin piedad al tiempo que los anegaba en insultos. Cuando los animales volvieron sosegados a remover desperdicios, la mujer recuperó en brazos a su hijo-bestia y lo atrajo con mimo a su seno cubriéndolo de tiernos besos.
 
     El Hombre escogió por entonces una vereda negra para proseguir. Nada más salir de la primera esquina del laberinto, ya se había olvidado de todo lo que allí ocurriera, sin embargo arrastraba consigo cierta desagradable sensación en el pecho, una especie de malestar general, aunque desconocía el motivo.
    Blanco bajo el negro; sobre el negro, blanco; al lado del negro, blanco; y negro al lado del negro. Al margen de eso, la Nada inmaterial.
     En medio del camino sin polvo se encontró una flauta marfileña y completamente nueva. La recogió y le dio vueltas en sus manos enguantadas, alba entre dedos de ébano. Se la llevó a la boca e interpretó una melodía natural que guardaba atesorada en su interior desde siempre. El Hombre se alegró con la música, de tal manera que incluso la desazón que sentía desapareció del todo. Con una amplia sonrisa en sus labios, se guardó el instrumento en el roto bolsillo sin fondo de su gabán y se puso en marcha de nuevo. La flauta cayó sin ruido al suelo justo donde el Hombre la había encontrado, aunque él no se dio ni cuenta y, por eso, la dejó atrás lejos ya de su fugaz memoria.
 
     Anduvo ligero hasta la esquina inferior izquierda. Allí crecía un árbol enorme entre las malezas de un descuidado jardín circular. Era un inveterado roble cubierto por incontables capas de espeso musgo acumulado en su tronco a través de los siglos. De su copa se derramaban millares de gotas cristalinas, como si la colosal planta hubiera estado acumulando el agua de las lluvias caídas en los últimos trescientos años para filtrarse ahora, sin prisas, a través de sus ramas hasta caer al suelo con lentitud, lágrima a lágrima.
     Cada vez que una de ellas se vertía, el ambiente se llenaba de un sonido líquido y suave; un sonido preñado de ecos, similar al que produciría ese mismo estilicio en el interior de una caverna. El Hombre se relajó tumbándose a reposar bajo el roble, la espalda apoyada contra la dura corteza. Alzó luego la cara para refrescarse con aquella ducha natural y se sintió a gusto. Tanto, que llegó a pensar en quedarse para siempre en ese apartado rincón.
Dibujo de un árbol de la vida circular.
     Al otro lado del árbol se escuchó un nuevo ruido que llamó su atención: el llanto de un niño recién salido a la vida. El Hombre se incorporó y bordeó el amplio tronco, guiándose por los sollozos, hasta dar con la criatura. Estaba completamente sola, cubierta de sangre y grumos y con el cordón umbilical todavía palpitante y cortado por un extremo. De entre los herbosos terrones de tierra se abrió paso una raíz pálida que se introdujo dulcemente en la desdentada boca del neonato. El niño dejó de berrear y se dedicó a succionar la cepa con avidez mal disimulada. El Hombre sonrió ante la visión, y continuó haciéndolo cuando al aún inocente apartó la raíz de sus encías y se puso en pie, al tiempo que balbuceaba ya sus primeras palabras. El rapaz se abrazó encantado al roble llamándole "mamá" y en ese gesto siguió desarrollándose a ojos vista, de forma imparable, hasta convertirse en un mozo que algo después paso a ser un hombre en el cénit de su madurez.
     Fue entonces cuando se separó del árbol y miró hacia arriba con ojos ensombrecidos y serios. Se sirvió del agua de la copa para limpiarse la sangre del invisible parto que aún embozaba su desnuda humanidad y luego extendió uno de sus brazos en un ademán imperante de demanda. Desde lo alto se deslizó hasta sus pies un hacha vieja y mohosa. El nuevo hombre la asió con seguridad y observó la hoja: oxidada, pero con buen filo. Cuando miró de nuevo hacia arriba dejó al descubierto su barba cana y las innumerables arrugas que surcaban su rostro.
     Levantó el hacha por encima de su cabeza para talar el árbol en su base, pero el peso de la herramienta era mayor de lo que sus avejentados miembros podían soportar y se le escurrió de los dedos. El anciano se dejó caer al polvo con cierto terror reflejado en sus pupilas. La piel, seca como un pergamino, se le pegó a los huesos y finalmente se rasgó mostrando la sonriente calavera. Su cuerpo se deshizo mezclándose de nuevo con la tierra, valiéndole así de alimento al roble.
     El Hombre, testigo del suceso, se marchó confundido y, antes de retomar otra senda —esta vez tapizada por la nieve—, volvió a oír en la parte oculta del árbol la llantina dolorosa de un recién nacido.
 
     La luna llena, crema de plata, emergió sin avisar desde el sur. Su ampo destello proyectó sobre el camino la sombra del caminante, quien fue sorprendido por su réplica oscura y sin faz. De nuevo el Hombre sintió miedo. A medida que el satélite se desplazaba, marcando el transcurso de un tiempo inocuo, la sombra fue también creciendo, de tal modo que en seguida envolvió el total del dédalo, pero el Hombre no se apercibió del fenómeno y perdió la perspectiva general en la búsqueda de su propia silueta. Al no encontrarla suspiró con alivio. Tras de sí iba dejando un rastro de huellas desiguales que desaparecían al instante bajo los copos silenciosos de la cellisca azulada.
 
     Sus pasos le llevaron hasta el esquinado inferior derecho. Un gran castillo sin guardias en las puertas dominaba la altura de una imponente colina, a la que se podía acceder a través de un retorcido sendero de adoquines dorados que, por supuesto, tomó. Entonces llegó a la entrada y sobre ella encontró un cartel con la leyenda "Entra para ser juzgado". Nadie le obligó, pero el Hombre se introdujo en la fortaleza.
     Grandes antorchas arrojaban luz sobre un pasillo estrecho, de paredes de piedra cruda, que parecía no tener fin y que se bifurcaba en cada recodo. El Hombre se desanimó y ya se iba a dar la vuelta cuando a su lado apareció un viejo vestido con una túnica talar que le hizo señas para que le siguiera. Así lo hizo, y fue guiado hasta una sala amplísima y de techo elevado atravesada en su centro por una doble hilera de columnas de mármol verde y blanco que partía la estancia en tres secciones: en uno de los lados, una multitud de gente guardaba turno para su juicio; frente a ellos, se veía igual número de guías-ancianos, gemelos en todo al que había llevado al Hombre hasta el salón. El viejo le indicó que se colocara el último en la cola y se retiró después a su sitio.
     La fila avanzaba, aunque el Hombre observó que ninguna de las personas que estaban antes que él volvían por la parte central de la habitación, por la que discurría una alfombra de terciopelo verde, situada allí en honor de los que eran considerados inocentes.
     Al fondo del corredor intermedio se alzaba impresionante la figura de un rey asentado sobre un rico trono de caoba. Una fina corona le ceñía el largo cabello a las sienes y su mirar era tranquilo y amistoso. De espaldas a él, a la altura de la grada donde el monarca reposaba los pies se veía a una mujer ya madura y con aire entristecido; en su mano derecha tenía una diadema de flores moradas y con la siniestra sostenía una copa rebosante de hidromiel que se derramaba sobre el enlosado suelo. Junto a ella, a una distancia de tres metros exactos, un hombre musculoso con el rostro oculto bajo una capucha gris y sin huecos para los ojos, mantenía las palmas de sus manos sobre el pomo de una gran espada ancha y curva.
Verdugo con espada, cogido de es.silenthill.wikia.com.
     El rey era joven aún y, a fin de poder dictar sentencia sin los remordimientos que nacen de los errores, se ayudaba de dos consejeros, impuestos a su persona por necesidad y tradición: una víbora descomunal en el costado real donde se encontraba también el verdugo, y una lechuza en la parte donde estaba la mujer. Ambos estaban capacitados para leer el alma humana y eran los únicos que se hallaban por encima de la cabeza del monarca; la primera, enrollada con seguridad a uno de los pilares que formaban parte del dosel y la segunda, posada pacientemente sobre el pilar contrario.
     Los que acudían para ser juzgados se presentaban ante el rey y, sin decir palabra, esperaban a que se hiciera justicia. El monarca, a su vez, aguardaba a que hablaran sus consejeros, pero la serpiente, a espaldas del soberano, cerraba con su cola el pico del ave, y por eso era ella la que siempre se pronunciaba. El rey, entonces, levantaba su mano derecha y el culpable era conducido por su guía-anciano delante del sayón, quien de un tajo certero, pese a la ceguera, los decapitaba a los dos.
     Con cada ejecución cumplida la mujer de las flores y la copa se iba marchitando un poco más, mientras que el borrero de la pesada cimitarra se cargaba de renovado vigor.
     Por último, le llegó la vez al Hombre. Pero antes incluso de que la víbora pudiera susurrar su venenosa mentira al oído del inexperto rey, el Hombre negó con la cabeza y el coronado muchacho elevó las dos manos. La asombrada sierpe siseó con enojo, la amarillenta curuja ululó asintiendo la firme decisión de su señor, quien adquirió conocimiento propio y dejó de ser un poco menos ignorante, la mujer sonrió con belleza y el ciego boche se estremeció con un escalofrío que le recorrió la espina dorsal en toda su longitud.
     Rápidamente, la dama ofreció las flores y el recipiente al Hombre para que éste escogiera entre uno de los dos premios. Aceptó con gusto la guirnalda que le fue ajustada en la crisma y su guía-anciano le llevó riendo a carcajadas por sobre la alfombra esmeralda hacia la salida. Entretanto, un sinfín de inseguras personas habían ido llegando al castillo en busca de un juicio redentor, y el Hombre escuchó de nuevo el incansable silbido de la espada al segar más cabezas. Una vez a salvo a las puertas de la fortaleza, el viejo se despidió de él fundiéndose con las sombras, más allá del fuego de las teas.
 
     El Hombre optó por un camino enlutado de carbón para dirigirse, sin saberlo, a la última esquina del intrincado conjunto. Mientras andaba, las flores que le dignificaban fueron ajándose y caían mustias encima del carbón, transformándolo bajo su peso formidable en puro cristal de diamante. Pero las flamantes joyas eran devoradas por un dragón enano y sucio que vivía cobijado tras la capa del mugriento mineral. De todo esto el Hombre jamás tuvo conocimiento, y marchaba adelante olvidando siempre y sin recordar nunca nada.
 
     La casilla superior derecha se mostró ante el Hombre como un extenso prado de hierba alta y espesa oscurecida por la noche, ofreciendo matices variados de grises y azules marino, cenizas de violetas esparcidas a lo largo y ancho de la campiña. El viento soplaba del norte y mecía las matas creando la ilusión de arrostrarse a un océano embravecido. En la lejanía divisó una luz minúscula —una estrella caída— y se aproximó a ella para ver quién la había encendido.
     A medida que se acercaba al lugar distinguió la forma de otro hombre ataviado con una bata blanca. Éste se inclinaba sobre una mesa de disección en la que se tendía un cadáver humano abierto en canal. El científico, armado con un bisturí, rajaba al muerto sin seguir un método concreto; buscaba algo sin éxito aparente y cada vez que realizaba una incisión murmuraba frases que sonaban incoherentes para el Hombre.
     "¡Oh! ¿Dónde estás, maldita?", y abría las venas de las muñecas. "Sólo sangre. Sólo sangre", y separaba los huesos del cráneo para destrozar el cerebro. Así continuó, utilizando el filoso instrumento cada vez con más rabia y saña, hasta que no pudo hacer más uso del maltratado cuerpo, y arrojó sus despojos con desprecio manifiesto al otro lado de la camilla. Los alrededores estaban infestados de muertos totalmente mutilados por el de la bata blanca; todos varones y ninguna hembra.
     El roce de la hierba contra sus pies hizo que el hombre del bisturí se girara en redondo, desplegando a la vez una amplia sonrisa lunática. El Hombre se detuvo a contemplar la ambigua expresión del otro, que ocultaba sus ojos tras de unas gruesas gafas redondas de color azul. Estalló un relámpago y arreció el viento, después vino el trueno y con él un grito aterrador. El investigador se abalanzó contra el Hombre, con el estilete preparado para asestar un golpe mortal y definitivo.
Marioneta, de davidopoulos.blogspot.com.
     El Hombre comenzó a correr escuchando detrás de su nuca la agitada respiración del loco, ganándole terreno, cada vez más cerca; más y más cerca. Derramó lágrimas desesperadas, aulló su miedo a las nubes nocturnas y cuando ya iba a ser alcanzado oyó el chasquido seco de unos hilos tensos al quebrarse. Dio unos pocos pasos y se paró con curiosidad natural. El hombre de blanco yacía inmóvil, como un pelele, en el suelo; sobre él flotaban cinco cables sueltos a merced del viento a los que siguió con la mirada, arriba, muy arriba, para descubrir la figura descomunal de un gigante que manipulaba diestramente con unas varillas de marioneta.
     Su diversión se había roto y ahora el muñeco permanecía inservible tumbado sobre la hierba.
     El monstruoso ilusionista guardaba un increíble parecido con el títere que manejaba, mostrando incluso la misma sonrisa babosa de demente. Una nueva descarga eléctrica de la tormenta desveló que el gigante estaba unido a otras tantas fibras que le salían de las manos, los pies y el cuello y que subían más alto todavía, hasta terminar en unas varillas aún mayores.
     Al poco rato, el Hombre adivinó que una forma negra y alada operaba con el titán del mismo modo que éste lo hacía con el científico. De sus lentas maneras se desprendía una profunda tristeza, pero no se debía a la rotura de la primera marioneta. Era un abatimiento que procedía de muy atrás en el tiempo, más antiguo quizá que la propia historia del laberinto. El Hombre se secó las lágrimas intentando recapacitar sobre lo que había experimentado, sin embargo, los hechos desbordaban con creces su entendimiento y lo dejó estar así. Al menos, seguía vivo y, por ahora, eso era bastante.
 
     Se alejó de la cuarta esquina con la mirada fija en el sendero blanco. Los luceros del cielo llamaron su atención y observó el espacio plagado de parpadeos brillantes. Por un instante pensó en la posibilidad de escaparse, aunque su naturaleza limitada, la normal en alguien sin inquietudes y satisfecho con lo que tiene, aunque no sepa de dónde procede, se lo impedía.
     El Hombre se encaminó, perdido y sin angustia, hacia el ángulo superior izquierdo del laberinto picto.
Y para "escuchar" este cuento, me complace incluir aquí "The end", de los Doors, y por supuesto su enigmática traducción.



The End (El final)


This is the end (Éste es el final)
Beautiful friend (mi hermoso amigo)
This is the end (éste es el final)
My only friend, the end (mi único amigo, el final)
Of our elaborate plans, the end (de nuestros elaborados planes, el final)
Of everything that stands, the end (de todo lo que estaba erguido, el final)
No safety or surprise, the end (no hay seguridad ni sorpresa, el final)
I'll never look into your eyes...again (nunca más te volveré a mirar a los ojos... de nuevo)
Can you picture what will be (¿puedes imaginar lo que será?)
So limitless and free (tan ilimitado y libre)
Desperately in need...of some...stranger's hand (Desesperadamente apurado..de alguna..mano extraña)
In a...desperate land (En una...tierra desesperada)
Lost in a Roman...wilderness of pain (Perdido en una tierra salvaje romana de sufrimiento)
And all the children are insane (Y todos los niños están dementes)
All the children are insane (todos los niños están dementes)
Waiting for the summer rain, yeah su (esperando a que caiga la lluvia veraniega)
There's danger on the edge of town (Se cierne un peligro al final de la ciudad)
Ride the King's highway, baby (conduce por la autopista del Rey, nena)
Weird scenes inside the gold mine (Extrañas escenas en la mina de oro)
Ride the highway west, baby (conduce por la autopista del Oeste, nena)
Ride the snake, ride the snake (cabalga la serpiente, cabalga la serpiente)
To the lake, the ancient lake, baby (hacia el lago, el antiguo lago, nena)
The snake is long, seven miles (La serpiente es larga, siete millas)
Ride the snake...he's old, and his skin is cold (cabalga la serpiente... es muy anciano* y su piel es fría)
The west is the best (El Oeste es lo mejor)
The west is the best (El Oeste es lo mejor)
Get here, and we'll do the rest (encuéntrate conmigo y haremos el resto)
The blue bus is callin' us (El autobús azul nos está llamando)
The blue bus is callin' us (El autobús azul nos está llamando)
Driver, where you taken' us (Conductor, ¿hacia dónde nos llevas?)
The killer awoke before dawn, he put his boots on (El asesino se levantó antes del amanecer, se calzó sus botas)
He took a face from the ancient gallery (recogió una cara de la vieja galería)
And he walked on down the hall (y caminó hasta el salón)
He went into the room where his sister lived, and...then he (fue a la habitación donde residía su hermana, y entonces él...)
Paid a visit to his brother, and then he (se marcó una visita a su hermano, y entonces él...)
He walked on down the hall, and (caminó hasta el salón)
And he came to a door...and he looked inside (y llegó hasta una puerta...y miró dentro)
Father, yes son, I want to kill you (¿Padre?, ¿Sí, hijo? Quiero matarte)
Mother...I want to...WAAAAAA (¿Madre?... Quiero... WAAAAAA**)
C'mon baby,--------- No "take a chance with us" (Vamos, nena, no te arriesgues con nosotros)
C'mon baby, take a chance with us (Vamos, nena, arriésgate con nosotros)
C'mon baby, take a chance with us (Vamos, nena, arriésgate con nosotros)
And meet me at the back of the blue bus (y encuéntrate conmigo en la trasera del autobús azul)
Doin' a blue rock (marcándonos un rock azul)
On a blue bus (en un autobús azul)
Doin' a blue rock (marcándonos un rock azul)
C'mon, yeah (vamos, sí)
Kill, kill, kill, kill, kill, kill (mata, mata, mata, mata, mata, mata)
This is the end (éste es el final)
Beautiful friend (mi hermoso amigo)
This is the end (éste es el final)
My only friend, the end  (mi único amigo, el final)
It hurts to set you free (me duele dejarte libre)
But you'll never follow me (pero es que nunca vas a seguirme)
The end of laughter and soft lies (el fin de las risas y de las leves mentiras)
The end of nights we tried to die (el fin de las noches en las que intentamos morir)
This is the end (éste es el final)


*Al igual que con el caso de The Snake de Al Wilson, en inglés snake (serpiente) es masculino y así lo traduzco.
**Mucha gente entiende que en este grito se intuye que como Edipo Rey, se quiere follar a su madre, como si fuera Electra. Es posible que así sea, pero en ninguna versión lo escuché explícitamente y sólo oí el susodicho grito.

domingo, 26 de mayo de 2013

Semi-leyenda urbana

A día de hoy (24 de Mayo -es un nombre propio y no entiendo la razón de que en castellano se suela escribir en minúscula; es como si se le restara importancia vulgarizando su nombre- de 2013), todavía me tengo que considerar más cacereño que otra cosa, porque en esa interesante ciudad del Oeste español transcurrieron 18 años de mi vida, y aún no ha habido ningún otro sitio o lugar que haya igualado esa marca temporal (en Córdoba llevo ya 15 años, pero no los considero suficientes como para sentirme por completo cordobés).
En Cáceres coincidieron una serie de circunstancias que acabaron confluyendo y mezclando en ese difuso caldo de cultivo de mínimos detalles que es la pre-adolescencia y la adolescencia para transformarme, con la fría alquimia de la indiferencia, en este ser que es quien soy hoy en día (para bien o para mal).
Uno de esos capítulos menores ocurrió junto a mi inseparable amigo Carlos Cordero, con la calle General Esponza (cerquita de la Plaza Mayor) de marco, en un mesón que ahora resulta ser un restaurante italiano y que creo recordar que por entonces se llamaba Los Toneles.
Se trataba de un local normalito, con una larga barra a la izquierda, nada más entrar por la puerta, y abundantes mesas de madera repartidas con orden por todo su espacio. Creo recordar que más que sillas tenía bancos también de madera, confiriendo al ambiente un cierto aire medievaloide dentro de la modernidad. Por lo demás, el aire olía a fritanga (allí mismo se hacían cortezas de cerdo que se servían en tapas), la cerveza estaba fresquita y todo parecía muy común, salvo por un elemento que lo hacía destacar sobre otros mesones de la época: Contaba, a la izquierda de la puerta, pegadita a la pared, con una máquina de singles para elegir música. Una especie de juke-box donde los parroquianos podían realizar su selección a cambio de un duro (esto no lo tengo muy fresco en la memoria, pero creo recordar que funcionaba introduciendo una moneda de cinco pesetas, sí).
La del Mesón Los Toneles tenía cierto aire a esta maravilla de los años 50 del siglo pasado.
La mayoría de las veces la máquina permanecía en perfecto y denso silencio, pero para desgracia del dueño y del resto de clientela, cuando llegábamos nosotros éste se rompía de forma mágica. Y reconozco que no era por el simple hecho de poner música (cuestión de vital importancia para nosotros), sino porque únicamente contaba con una canción de nuestro agrado, el "Do Nothing" de los Specials, y, claro está, la poníamos una y otra vez hasta que nosotros mismos, ante el alivio generalizado del resto de la parroquia, nos aburríamos y nos marchábamos hacia otro sitio (generalmente, el Mesón Duque, donde contábamos con una cinta grabada por nosotros mismos y que el propietario sabía que podía poner tranquilamente por las dos caras para que consumiéramos cerveza contando con una banda sonora de elevadísima calidad, o el Fredy Montana, glorioso templo de la época ajeno a movidas clásicas, ya fueran cacereñas o madrileñas, pero que recibía con los brazos abiertos a cualquier subcultura juvenil, entre ellos Mod-ernistas y Rockers, y del que muy probablemente hablaremos en otro momento).
Pues bien, en una de éstas se nos acercó un hombre de aspecto normal, relativamente joven, que nos pidió permiso para sentarse en nuestra mesa "porque teníamos cara de ser inteligentes".
¡Toma ya! Doble sorpresa. Por un lado, no nos gustaba que nadie ajeno a nuestra forma especial de ver la vida se nos acercara con tanta familiaridad. Éramos nosotros los que abríamos la puerta a quien consideráramos meritorio de ello, pero nos desagradaba sobremanera que alguien llamara con sus nudillos para hacernos ver que nuestro voluntario aislamiento ni era todo lo sano que creíamos ni iba a ser permitido en una sociedad tan estrecha de miras como la cacereña. De hecho, pensábamos que nuestro aspecto (parkas hasta arriba de parches y chapas, calcetines de colores rojos, amarillos o blancos, chaquetas estrechas de tres botones de aspecto sesentero, pantalones estrechos y a la altura del tobillo y zapatos negros más brillantes que la calva de Mister Proper) era más que suficiente para espantar a este tipo de plastas, pero fallamos esa vez en nuestra previsión.

Lo dicho. Calcetines de todos los colores para una época que se nos antojaba algo gris en Cáceres.

Por otro, que nos calificaran de inteligentes sólo por la cara era todo un piropo, pero resultaba impropio del lugar en el que estábamos, porque allí acudíamos únicamente a beber, golpear la mesa al ritmo de Ska y hablar de chorbillas y música (muchísima música), pero no a departir precisamente sobre cómo resolver los problemas del mundo, ni de política, ni de cultura general (por lo menos, no en ese preciso instante).
El gran problema nuestro es que no sabíamos decir que no, así que le dimos permiso para hacerlo... Y nos arrepentimos nada más asentar su trasero en la madera del banco. Con sólo abrir la boca supimos que algo se había roto en su cabeza y Carlos y yo nos miramos con una ceja alzada, la medio sonrisa en la boca y una mirada de "que alguien nos rescate como sea".
-Estoy muy preocupado -nos soltó, después de dar un mínimo sorbito a la espuma de su tubo.
Tras un prolongado silencio, Carlos, el más educado de los dos con diferencia, le cuestionó la razón de su desazón, pero a ninguno se nos ocurrió ni presentarnos ni preguntar a nuestro interlocutor por su nombre.
-No hago más que masturbarme en mi casa y temo que mi madre pueda quedarse embarazada de mí.
No se nos atragantó la cerveza de milagro. El mega-onanista ése se nos estaba confesando como si fuéramos sus curas particulares, pero mi curiosidad pudo más que mi prudencia.
-¿Por qué dices eso? -Le inquirí.
-Porque mis espermatozoides se quedan flotando en el aire y en el agua cuando me baño y pueden meterse dentro de ella en cualquier momento y hacerle un hijo.
Se me quedó mirando asintiendo levemente con la cabeza y apretando los labios en un gesto de "no quiero decir más, no vaya a ser que ese espanto me ocurra de verdad".
Aguanté como pude la risa que pujaba por salir a borbotones de la garganta, y antes de que eso ocurriera opté por tranquilizar a ese extraño con la neurona coja.
-No, no. Eso no puede ocurrir, porque el esperma aguanta muy poco fuera del cuerpo y se muere enseguida.
"Onanismo", de Puke. Obra cogida de www.thegallery.pro.

-Es que me hago pajas a todas horas y en todas partes.
-Pero al eyacular el semen acaba en algún sitio y no se limita a flotar por el ambiente al asalto de una hembra. -Evidentemente, no le contesté exactamente eso, pero sí algo muy similar, más para que cortara con aquella historia que otra cosa, porque estaba claro que el amiguete no quería ser consolado.
-¡Que no! ¡Que no! Estoy seguro de que hay peligro de que eso ocurra y estoy muy preocupado.
El hombre inclinó la cabeza hacia la mesa y posó sus dos manos sobre la nuca en un claro gesto de teatralidad medida, pero, al mismo tiempo, creyéndose lo que decía. Mientras, yo miraba no sin cierta desesperación a Carlos para que tomara el relevo a la hora de consolar a ese cretino.
Mi amigo lo intentó de todas las maneras, pero aquel ser unineuronal seguía lamentando su voluntaria y buscada mala suerte, y he de reconocer abiertamente que a mí me costó un trabajo enorme no mandarlo a la mierda de forma directa o aconsejarle que si tanto ansiaba un hijo con su madre, sencillamente que se la tirara, haciendo honor al Complejo de Edipo del que era un claro ejemplo. Pero que, a cambio, se callara y dejara aquella estéril queja, que amenazaba con convertirse en un autocomplaciente bucle echando a perder nuestro más que preciado tiempo de Domingo color amarillo.
A la postre nos tuvimos que marchar bastante mosqueados y dejando al hombre solo en la mesa sin haberse despedido de nosotros, ni nosotros de él.
Son esos pequeños detalles que hacen la intrahistoria de una recogida capital de provincia en su despertar hacia una nueva era. Y que, además, te desvelan la existencia de ese tipo de personas que se escapan a la "normalidad" establecida en una Campana de Gauss, cuya base de extrañezas y rarezas es cada vez mayor y más amplia, en cuanto al género humano se refiere, a medida que transcurre el tiempo.
Personalmente, el encuentro me sirvió de mucho. Ahora detecto casi de inmediato ese tipo de alteraciones en la gente, pero lejos de alejarme de ellos, intento seguir aprendiendo la razón y el motivo de que este macro-experimento divino haya resultado tan fallido...

Cualquiera que entienda mínimamente de este tema sabe la razón por la que se ha escogido esta canción de The Who titulado "Pictures of Lily". No sólo porque el grupo es una genialidad que aguanta como nadie el paso del tiempo, sino por el mensaje de esta placentera canción. Leed la letra y hurgad a fondo en vuestra insana imaginación (allí donde las sombras esconden horrores sin nombre ni forma, y donde ni vosotros mismos os atrevéis a adentraros para conocer vuestro auténtico rostro).



Pictures of Lily (Fotos de Lily)

I used to wake up in the morning (Solía levantarme por la mañana)
I used to feel so bad (sintiéndome tan mal)
I got so sick of having sleepless nights (estaba tan enfermo de tener noches sin dormir)
I went and told my dad (que al final fui a hablar con mi papi)

He said, "Son now here's some little something" (me dijo: "hijo, aquí tenemos una cosita")
And stuck them on my wall (y las colocó en mi pared)
And now my nights ain't quite so lonely (y ahora mis noches no son para nada solitarias)
In fact I, I don't feel bad at all (de hecho, no me siento mal en absoluto)

Pictures of Lily made my life so wonderful (Fotos de Lily, hacen de mi vida algo maravilloso)
Pictures of Lily helped me sleep at night (Fotos de Lily, me ayudan a dormir por la noche)
Pitcures of Lily solved my childhood problems (Fotos de Lily, resuelven mis problemas de adolescencia)
Pictures of Lily helped me feel alright (Fotos de Lily, me ayudan a sentirme bien)

Pictures of Lily (Fotos de Lily)
Lily, oh Lily (Lily, ¡oh Lily!)
Lily, oh Lily (Lily, ¡oh Lily!)
Pictures of Lily (Fotos de Lily)

And then one day things weren't quite so fine (Y entonces un día las cosas no fueron tan estupendas)
I fell in love with Lily (me enamoré de Lily)
I asked my dad where Lily I could find (Pregunté a mi padre dónde podría encontrar a Lily)
He said, "Son, now don't be silly" (Me dijo: "Hijo, no me seas tonto")

"She's been dead since 1929" ("Lleva muerta desde 1929")
Oh, how I cried that night (¡Oh, cómo lloré esa noche!)
If only I'd been born in Lily's time (Si sólo hubiera nacido en la época de Lily)
It would have been alright (hubiera estado muy bien)

Pictures of Lily made my life so wonderful (Fotos de Lily, hacen de mi vida algo maravilloso)
Pictures of Lily helped me sleep at night (Fotos de Lily, me ayudan a dormir por la noche)

For me and Lily are together in my dreams (Para mí, yo y Lily estamos juntos en mis sueños)
And I ask you, "Hey mister, have you ever seen" (Y yo le pregunto: ¡Hey, señor! ¿Ha visto alguna vez)
"Pictures of Lily?" (fotos de Lily?")

He aquí imágenes de época utilizada por los Who para ilustrar este single...



sábado, 4 de mayo de 2013

Divina feminidad

Ejemplo estupendo para ilustrar este estúpido escrito. De www.bligoo.com.

Es un fenómeno que, como mínimo, se podría calificar de peculiar. Y me explico: Personalmente me resulta incomprensible que una mujer se pueda pasar la vida buscando a alguien en concreto -sea del sexo que sea- para compartir en pareja (y en teoría) una vida entera y que lo primero que haga al encontrar a su "media naranja" sea intentar cambiar a esa otra persona casi de forma radical hacia algo completamente distinto a lo que es.
Se trata, sin lugar a dudas, de una tendencia natural y tan inevitable como haber llorado alguna vez siendo un sufrido seguidor del Aleti.
Ese minucioso proceso de modelaje de cuerpo y alma se inicia de forma paulatina, con minúsculos detalles que, ciertamente, si hay amor de por medio, la cesión es inmediata ante una presión insinuada, casi imperceptible, ya que a ese nivel no da todavía la impresión ni de sacrificio ni de imposición.
Así, en esa primera fase, modificar cuestiones pequeñas como permitir que ella se coma los picos del pan, se quede con las patas del pollo (o mejor, de la perdiz -nada más sabroso en este mundo-) o se apropie del primer sorbo de una buena cerveza fría en pleno julio cordobés (como ejemplo de lo que es calor dentro de esta humilde universalidad, nada más), es decir, todo ese conjunto de nimiedades que tanto placer concede a las almas cándidas y sin malicia, no es más que una demostración de un enamoramiento inicial sin límites por el que uno cree que se puede llegar a cualquier límite.

El ser humano es una figura modelable en manos de
una divina feminidad. De pattventura.wordpress.com
El siguiente paso del proceso no tarda mucho en llegar. Dejar de fumar, cambiar algo el color de la ropa, cortarse algo más el pelo (y las uñas), peinarse de otra manera, engordar o adelgazar a su gusto son ya ejemplos algo mayores de esa extraña necesidad que las féminas guardan en su interior.La rueda sigue girando y si antes se hablaba del color, ahora ya se exige de forma descarada que se modifiquen por completo los hábitos en el vestir. Determinados gabanes, abrigos, jerseys, pantalones y camisas son muy hábilmente descartados con sólo decir: "¿no te aburres de ir siempre igual?". Y, aunque parezca lo contrario, este punto es casi el de inflexión en cualquier relación larga que se precie, con lo que guarda una importancia suprema.
A partir de aquí la cosa puede ir a más o moderarse. Depende.
En los casos más graves, ese tipo de música que antes hacía "tan interesante" al macho ya no es aguantable, esas conversaciones sobre el bien y el mal hasta altas horas de la noche ya no la llenan, esa imperiosa necesidad de hacerle el amor cada vez que la hembra asomaba por la puerta se le antoja cansina y todos esos elementos pasan a ser prescindibles por el bien de la "madurez" del varón.
Y si algo resulta llamativo de verdad es que del "madura de una vez" se pasa con pasmosa facilidad y casi de inmediato al "¿qué ha sido de aquel hombre con quien me casé?".
Y el hombre le pregunta entonces: ¿Por qué si te atraen los locos flipados, los gamberros, los macarras o los delicuentes te has casado con una persona común y moderada, y/o viceversa? O más propiamente dicho: ¿Qué diablos quieres de mí?

Este cambio a mejor es el que ellas creen producir en el varón. De rainfer.com.
Inevitablemente, esta estúpida reflexión tiene su reflejo en lo divino. Veamos; tenemos por ahí en su sitio a todo un Ser Supremo que con su aliento se dedica a generar almas casi sin límite. Todas ellas diferentes, cada una con un don (y a veces, sin él) y haciéndolas pasar por el tamiz del tiempo para que sufran las singulares especifidades de cada época que les haya tocado vivir en este mundo.
Pero a todas ellas (las millones y millones y millones que ha habido, hay y habrá) les exige lo mismo: "Cambiad hasta convertiros en lo que Yo quiero que seáis". En este terrible caso no se trata de sutiles modificaciones en la forma de ser o de pensar, sino que prácticamente el Gran Modernista reclama un cambio estructural en la Humanidad a través de cada individuo. Y entonces el Hombre se pregunta: ¿Por qué si me quieres de esa manera me has hecho totalmente opuesta a ella?.
Y la respuesta no siempre se hallará en la supuesta Libertad humana. Existen demasiadas circunstancias en su entorno como para que esa simple réplica sea la válida. Países, épocas, familias, amistades, religiones, paces y guerras marcan la evolución de una persona, y no es culpa suya si la Divinidad no le ha concedido el don de la fe o incluso la ha marcado (estigmatizado para los fanáticos) con un posicionamiento totalmente opuesto a la aproximación a su existencia.
Un curioso capricho que me lleva a pensar en una posible verdad que ya se intuía hace tiempo desde que se descubrió que las mujeres son plurineuronales y los hombres se contentan con una sola neurona: Dios es mujer.
Y así nos irá en la Eternidad...


Y como mensaje a mujeres humanas y divinas, este "Soy así", de Los Salvajes. Esencialmente celestial.



No puedo evitar añadir un tema de Los Brincos que derrocha chulería por todos sus poros y que se llama "Flamenco". Viene a cuento porque habla de formas de ser (en este caso inamovibles, o eso dicen ellos). Atención al ¡Tacatá! que sueltan que suena genial y no es más chulesco porque no se puede y es imposible. A mí me entusiasma (y que por favor nadie le busque tres pies al gato en plan machismo y demás chorradas).



Pero esto no quedaría del todo completo sin este añadido posterior a la publicación de esta entrada, porque el tema se lo merece (y la letra también): "Don't want no woman", del gran Bobby Bland.


Don't want no woman (No quiero ninguna mujer)

I don't want no woman, telling me what to do (No quiero que ninguna mujer me diga lo que tengo que hacer)
I don't want no woman, telling me what to do (No quiero que ninguna mujer me diga lo que tengo que hacer)
Well, I'm grown now darling, just as grown as you (¿Sabes, cariño? Yo ya he crecido tanto como tú)
I don't want no woman, telling me this and that (No quiero que ninguna mujer me vaya diciendo esto y lo de más allá)
I don't want no woman, telling me this and that (No quiero que ninguna mujer me vaya diciendo esto y lo de más allá)
Yes, it makes me mad darling, and I don't go for that (Sí, eso me vuelve loco, cariño, así que no voy a pasar por ahí)
You drink your whiskey, I drink my wine (Tú te bebes tu whiskey, y yo me bebo mi vino)
You tend to your business, and I tend to mine (Tú atiende a tu negocio, que yo atenderé al mío)
I don't want no woman, telling me how to live my life (No quiero que ninguna mujer me diga cómo manejar mi vida)
Yes, I'm gonna leave you darling, 'cause I don't want (Sí, voy a abandonarte, nena, porque no quiero) 
no wife (esposa de ningún tipo)
I don't want no woman, telling me how to live my life (No quiero que ninguna mujer me diga cómo manejar mi vida)
Yes, I'm gonna leave you darling, 'cause I don't want (Sí, voy a abandonarte, nena, porque no quiero) 
no wife (esposa de ningún tipo)
You used to boss your man, that I can't deny (Siempre sueles dar órdenes a tu hombre, que no me puedo negar)
Before I let you boss me, I lay down and die (Antes de dejarte que me sigas dando órdenes, prefiero caerme y morir)
I don't want no woman, telling me how to live my life (No quiero que ninguna mujer me diga cómo manejar mi vida)
Yes, I'm gonna leave you darling, 'cause I don't want (Sí, voy a abandonarte, nena, porque no quiero) 
no wife (esposa de ningún tipo)

miércoles, 1 de mayo de 2013

Última entrega de "Deliciosamente Humano"

Algo me impulsa y me apremia para acabar cuanto antes este ciclo de "Deliciosamente Humano". Así que, sin más dilación, el último relato que cerraría este libro si se hubiera publicado en papel. Gracias por su atención estimado público y a disfrutar de


La Negación (o el sueño del Diablo)
Caída de Lucifer, cogida de expedientecopernicus.blogspot.com.es

En lo más profundo del Abismo existencial, allí donde nada hay y donde se abarca el vacío más absoluto, existe un Reino lejano en el tiempo y en el espacio.
Se trata de un Reino que fue, es y será; cualquier tiempo que se emplee -ya sea presente perpetuo, pasado relativo o futuro absoluto- sirve para describirlo; cualquier verbo que signifique desolación, angustia, desconsuelo, sufrimiento o soledad sirve para definirlo porque, aunque se le denomina la Nada y es imposible de concebir mediante la razón, está plagado de la oscuridad más total, más negra que el mismo concepto de negritud, relleno de cosas que no son, rebosante de efectos sin causa y de seres negados a ser para siempre; por siempre jamás.
Un infinito y eterno Reino de los horrores sin límite, carente de Amor. Donde la Palabra es puro Odio y el Odio no se puede ni explicar ni definir con palabras.
Allí la negación es completa; ausencia de cariño y equilibrio, falta de Dios. Como si un gran arquitecto hubiera creado un hueco permanente en medio de lo que Es. Un vacío interminable, profundo, ancho, pero que, a su vez, no es capaz de quebrar el nivel de cadencia perfecta que lo cubre y lo arropa.
Está allí desde el Principio y desde tal momento fue gobernado por aquél que un día estuvo predestinado a ello.
Un ángel está tumbado sobre una roca incandescente. Un ente casi perfecto, pero luz que se alumbra sólo a sí mismo, dando lugar a una carencia inigualable.
¿Privación de qué?
Una vez guardó en su seno la causa, el motivo, de lo Sagradamente Hecho. Su alma brilló cegando a la tiniebla que tenía delante. Una vez fue lo más amado que se podía amar por el Amor. Pero algo ocurrió.
¿Qué fue lo que le hundió?
El ángel, aún el más hermoso de todos los creados, sueña en silencio. El ambiente de la pesadilla es febril, rápido, inquieto. Soñando le oyeron hablar las sombras sin cuerpo y huyeron de sus gestos angustiados.
Gozaba de la paz que ahora le falta y que tanto ansía. Enfrente, y en derredor suyo, tenía el porqué de su existencia; e Él dirigía de continuo su mirada, no había hastío, y cuanto más tenía más quería. Pero, al mismo tiempo, se encontraba satisfecho, sin necesidad de nada más.
Cruz sangrante, de triunfoarciniegas.blogspot.com.es
"¿Una prueba? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿No te basta con el amor que nos tenemos?... No es una prueba para algo, sino por algo. No sé qué es eso que pretendes, pero yo por Ti, porque soy el que más goza de Tu presencia, acepto mi muestra de amor sin reservas hacia Tu persona... ¿Qué he de hacer?"
El ángel, al llegar a este punto del sueño, se removió intranquilo. Ahora iba a surgir la escena que desde entonces pervivió congelada en su mente. El fruto de su arrogante soberbia. La demostración de que únicamente se quería a sí mismo. La pérdida de la felicidad completa y de la Luz.
Una imagen comenzó a brotar en su privilegiada mente; una despiadada estampa de brutalidad que todavía estaba por venir y que, sin embargo, ya estaba siendo desde el Principio hasta el Fin de los Días: Había una escuálida persona sangrante, con la mirada de humano suplicio en alto, taladrado su muy maltrecho cuerpo en varios puntos, pendiente de un poste, agónicamente asfixiado y con sus brazos bien amarrados con clavos hirientes a un áspero madero.
No entendía lo que significaba, aunque lo intuyó.
"¿Eres Tú? ¿Mi Amado, Tú?... ¿Cómo? ¡Imposible! Lo más grande, mi fin último y mi ejemplo ¿de esa manera? ¡No! ¡No! ¡No! ¡Jamás! Non Serviam! Non Serviam!
La roca sobre la que descansaba el ángel encadenado empezó a agrietarse. Las palabras del sueño se materializaron en aquel Reino perdido, y éste se quebró con estruendo. El ángel despertó con lágrimas de fuego en los ojos y, todavía murmurando aquella negación entre labios, se perdió por túneles insondables de eterna penumbra largamente olvidados...

Como no podía ser de otro modo, aquí no puede faltar el "Devil's dream", en esta ocasión interpretado por Beer Belly. Es una tonadilla interpretada con asaz cachondeo y, en efecto, dan ganas de meterse entre pecho y espalda un par de Guinness.




Y como la cosa va de lágrimas, aquí está el "96 Tears" de Question Mark and The Misterians, todo un ídolo del Mod-ernismo cacereño primitivo (el mío, y a mucha honra).




He aquí la letra y su traducción (por cierto, que con lo que se muestra, tiene todavía más que ver con Lucifer y su mala leche; los deseos de venganza y de humillación ajena nunca llevan a nada bueno. Eso sí, la canción es c-o-j-o-n-u-d-a):


 96 tears (96 lágrimas)


Too many teardrops (demasiadas lágrimas)
For one heart to be crying (para que las llore un corazón)
Too many teardrops (demasiadas lágrimas)
For one heart to carry on (para que las soporte un corazón)

You`re way on top now since you left me (Desde que me dejaste estás en lo más alto)
You`re always laughing way down at me (te estás siempre riendo de mi caída)
But watch out now, I`m gonna get there (pero ten cuidado ahora, estoy a punto de llegar)
We`ll be together for just a little while (y vamos a estar juntos durante un ratito)
And then I`m gonna put you way down here (y entonces, te humillaré yo a ti)
And you`ll start crying ninety-six tears (y empezarás a llorar noventa y seis lágrimas)
Cry, cry (Llora, llora)

And when the sun comes up, I`ll be on top (Y cuando salga el sol, seré yo quien esté en la cima)
You`ll be right down there, looking up (estarás ahí abajo en tu sitio, mirando hacia lo alto)
And I might wave, come up here (Y haré la ola, sube conmigo)
But I don`t see you waving now (pero ya no te veo haciendo la ola)
I`m way down here, wondering how (estoy cayendo aquí, preguntándome cómo)
I`m gonna get you but I know now (voy a conseguirte, pero ahora sé)
I`ll just cry, cry, I`ll just cry (que sólo voy a llorar, sólo voy a llorar)

Too many teardrops (demasiadas lágrimas)
For one heart to be crying (para que las llore un corazón)
Too many teardrops (demasiadas lágrimas)
For one heart to carry on (para que las soporte un corazón)

You`re gonna cry ninety-six tears (Vas a llorar noventa y seis lágrimas)
You`re gonna cry ninety-six tears (Vas a llorar noventa y seis lágrimas)
You`re gonna cry, cry, cry, cry now (Vas a llorar, llorar, llorar, llorar ahora)
You`re gonna cry, cry, cry, cry (Vas a llorar, llorar, llorar, llorar)
Ninety-six tears (noventa y seis lágrimas)

Come on and lemme hear you cry, now (Venga y déjame oírte llorar, ahora)
Ninety-six tears, woo (noventa y seis lágrimas, güu)
I wanna hear you cry (Voy a oírte llorar)
Night and day, yeah, all night long (Día y noche, sí, durante toda la noche)

Uh, ninety-six tears, cry cry cry (¡Uh! Noventa y seis lágrimas, llora, llora, llora)
Come on, baby (venga, nena)
Let me hear you cry now, all night long (Déjame oírte llorar, durante toda la noche)
Uh, ninety-six tears, yeah, come on now (¡Uh! Noventa y seis lágrimas, sí, venga ahora)
Uh, ninety-six tears (¡Uh! Noventa y seis lágrimas)

jueves, 25 de abril de 2013

Leyenda Altoaragonesa (penúltima entrega de "Deliciosamente Humano")

Nos acercamos al final de otro ciclo. Terminé La Rosa Negra y ahora estamos a punto de finiquitar Deliciosamente Humano. Éste es el penúltimo cuento de esta colección y luego habrá que empezar con otra cosa. Ya veremos. Esta leyenda me la inspiró la imagen tomada por Olga Burzaco Ojeda, hermana de mi gran amigo Pedro Burzaco, profesor de violín en Barcelona, que espero reproducir luego. Lean, lean y lo entenderán. Por cierto, que el Alto Aragón es una delicia, en todos los sentidos...



Imagen de Olga Burzaco que refleja una de las tradiciones más curiosas del Alto Aragón.


Leyenda Altoaragonesa

Como una sombra, se deslizó dentro del pajar. Aprovechando cada retazo oscuro, avanzó literalmente pegado a la pared de piedra; con lentitud, sin ruidos. Se detuvo y miró la hierba seca perfectamente empacada, a la espera paciente del invierno,  tan crudo en aquellas tierras altas. Sus ojillos mostraron un brillo amarillento de malicia y se pasó la lengua relamiéndose los labios dibujados en una sonrisa.
Bruscamente extendió los brazos hacia adelante y su delgado cuerpo se contorsionó en una danza de flexibilidad y salvajismo.
Al principio salió humo, gris y tenue; más tarde unas pequeñas llamas cubrieron el dorado tesoro hasta que el fuego creció devorando con gula toda la paja. Pronto las crepitantes llamas lamieron también la madera de las vigas que sostenían el techo y el local se transformó en una monumental pira que iluminaba con rojos intensos la noche violeta.
Desde el interior de la casa cercana un hombre joven salió corriendo atraído por el estruendo y la antinatural luz. Se llevó las manos a la cabeza al ver su almiar consumiéndose entre el fuego, pero su expresión cambió en odio al escuchar una estridente carcajada en la oscuridad. Una mujer tocada con un camisón blanco y un chal crema sobre los hombros se aproximó al hombre, su marido, y con voz ronca le preguntó:
-¿Qué ocurre, Pedro?
Quedó petrificada de espanto al comprobar por sí misma lo que sucedía. Todo el trabajo del verano había desaparecido con la humareda de la gran hoguera. Se cogió del brazo de su esposo sin apartar la vista del espectáculo. Pedro, con los dientes apretados de rabia, se separó de su mujer y se metió en la casa. Al rato volvió a salir con un enorme trabuco dispuesto a disparar.
-¿Qué vas a hacer? ¡Pedro!
Pero el hombre ya no la escuchaba.
La risa se volvió a oír en el interior del pajar. Pedro se extrañó.
-¡No! Si el muy imbécil encima se ha quedado dentro -comentó en voz baja.
Se aproximó luego a la entrada por la que el calor y la humareda salían a raudales e intentó atisbar algo entre el fuego. No vio a nadie.
-¡Qué  raro! Juraría...
De repente se dio la vuelta y en la oscuridad logró distinguir una furtiva figura que huía hacia el monte a una velocidad vertiginosa. Sin pensárselo dos veces Pedro disparó su arma.

Caserío altoaragonés, de romanicoaragones.
Al amanecer sólo quedaban en pie dos paredes medio derruidas y negras; el resto: cenizas y algún que otro madero inutilizado por el desastre. Durante toda la noche Pedro y los vecinos habían intentado salvar algo de la pira, pero fue del todo inútil. Ahora todos ellos sostenían en sus manos sendos tazones de fuerte café caliente preparado por María.-Por lo menos lo intentamos -se atrevió a decir uno de los que ayudaron en la dura faena.
-Pues, ya ves, no ha servido de mucho -respondió otro que se lavaba la cara y los brazos en un barreño de agua ya teñida por el tizón.
Pedro permanecía callado sentado en una silla, mirando con fijeza a los restos de su maltrecha hacienda.
-¿Y cómo se formó el incendio? -Cuestionó el hombre que se había lavado mientras buscaba algo para secarse. María le tendió un paño.
-¿No escuchasteis el disparo? -Dijo Pedro saliendo por fin de su mutismo.
-Sí, pero creímos que se trataba de otra cosa. Nadie podía imaginar que...
-Eran dos -sentenció Pedro.
-¿Cómo lo sabes?
-Uno se quedó dentro y al otro le descerrajé un tiro cuando salía corriendo. Luego fui a ver, y ni rastro, ¿eh?
-Pues ahí en el pajar no hay nada que se parezca a un cuerpo.
-¡Estoy más que harto de los malditos forasteros! -Gritó Pedro levantándose de la silla. Los demás quedaron perplejos-. Esa gentuza que viene de fuera y se divierten de esa manera. Al principio son todo sonrisas y luego mira: Lobos con piel de corderos...
-Di mejor de cabra -atajó el más viejo de los allí congregados.
Hasta el propio Pedro se calló y se le quedó mirando.
-¿De qué hablas? -Preguntó Pedro sintiendo que los cabellos de la nuca se le erizaban con un curioso escalofrío.
-Lo sabes muy bien, y todos éstos también -respondió el anciano-. Ni eran dos ni mucho menos era humano.
Se hizo un silencio cargado de expectación supersticiosa. El viejo siguió hablando.
-Pedro, esta noche a ti te ha visitado un diaple.
-¿Cómo? -Contestó perplejo su interlocutor.
-Un diablo -aclaró el viejo tras un corta pausa.
-¡Ja! ¿Y por qué a mí? -Preguntó medio en broma.
-Fácil: Por haberte casado hace poco y porque os iba bien a ambos. Sólo por eso, y por la mala leche que gastan esos cabritos.
María se acercó a su marido y se aferró a él en un gesto que tanto significaba una búsqueda de protección como una señal de apoyo incondicional hacia el hombre que amaba y con el que se había comprometido de por vida. Pedro también le tomó de las manos apretándoselas con afecto para disimular su miedo.
-Lo mejor que puedes hacer es ir a ver al mosen. Nosotros mientras tanto te ayudaremos en lo que podamos.
Pedro asintió con la cabeza, a pesar de que los curas no fueran precisamente santos de su devoción. El resto de vecinos se limitó a afirmar con gravedad las palabras del viejo. Porque la tradición pesa más, en algunos casos, que la propia fe.
Figuras demoniacas en un templo románico del Alto Aragón, de arquivoltas.com.

Por la mañana temprano Pedro tomó el sendero que bajaba al pueblo.
Caminaba despacio, con los pies buceándoles bajo la fría niebla, preguntándose si el sacerdote, el mismo que los había unido en matrimonio cuatro meses antes, se iba a creer o no aquella pamplina. Por dos veces estuvo a punto de cambiar de parecer y volverse a casa con su mujer para levantar cuanto antes otro pajar, pero algo le obligó a seguir adelante.
La iglesia, de fuerte piedra con sabor a románico, se hallaba en la parte más alta del pueblo. Su campanario se recortaba con claridad por sobre la masa gris y húmeda que empañaba el paisaje. Al verlo, Pedro se detuvo sobrecogido y el tañido de la campana le hizo dar un salto. Se avergonzó del susto y se introdujo finalmente en el templo de sombras antiguas.
Los bancos estaban aún vacíos. En el altar un monaguillo encendía las velas y cirios para la misa que iba a celebrarse en breve. Pedro avanzó por el pasillo y se dirigió al muchacho:
-Oye, el mosen ¿está?
-Sí.  En la sacristía -contestó el rapaz señalando una puerta a la izquierda del altar.
Después de llamar suavemente Pedro pasó a una pequeña habitación donde un hombre bajito y con aspecto bonachón luchaba con tesón por introducirse en las vestiduras sagradas.
-Sea quien sea, ¿me podría echar una mano? -Dijo el cura con la voz ahogada por la ropa.
Pedro no perdió el tiempo y pronto se encontró frente a un rostro arrugado y enrojecido que le sonreía.
-Gracias... ¡Oh! Pedro, eres tú. ¿Cómo está María? Me acabo de enterar de vuestra desgracia. Lo siento mucho.
-Precisamente vengo a hablar de eso, mosen. El Tío Celes me aconsejó que viniera a verle. Según él...
-Un diablo quemó tu pajar -terminó diciendo el sacerdote.
-¿Usted qué opina? -Inquirió Pedro sonriendo.
-Puede que sí y puede que no -fue la respuesta-. De todas formas, me inclino a pensar que lo que diga el Tío Celestino sea cierto.
Pedro levantó una ceja con ironía. El cura advirtió el gesto y meneó la cabeza resignadamente.
-¿Qué quieres? -Se disculpó-. Yo también soy hombre y nací aquí. Además, los diablos no son ajenos a mi religión. De hecho, tengo que vérmelas con ellos a diario.
-Bien está, mosen, y yo le deseo la mejor de las suertes en esa batalla diaria, pero yo busco soluciones a mi problema.
-Claro, claro -reconoció el cura-. Sí, lo más probable es que ese cornudo vuelva a intentarlo en cuanto construyáis otro pajar y es seguro que regrese acompañado por alguno de los de su ralea.
Pedro abrió los ojos con terror. El sacerdote le hizo un ademán para restarle importancia al asunto.
-¡Bah, hombre! No te preocupes. Yo sé lo que hay que hacer.
-Pero, ¿lo dice usted en serio?
-¡Faltaría más! -La expresión del cura mostraba una seriedad fuera de dudas que obligó a Pedro a disculparse.
-Lo siento, mosen, pero, no sé, usted dice las cosas como si no pasara nada y estamos hablando de un diablo, ¿no?
-Ya. Ya lo sé. Es la costumbre. Olvídalo.
Tras soltar un suspiro el cura se dirigió a un armario de madera negra y carcomido por el paso de los años, luego lo abrió con una pesada llave que escondía en un cajón e introdujo medio cuerpo en su interior. Cuando volvió a salir en sus manos descansaba un paquete que guardaba una muy singular forma. Estaba tan cubierto de polvo y telarañas como el mismo mueble donde había permanecido escondido durante tanto tiempo.
-Toma -dijo el cura tendiendo el paquete a Pedro.
-¿Qué es esto? -Preguntó el otro sopesando el regalo con cierto asco y recelo.
-Bueno, está un poco sucio, y es que lleva ahí dentro no sé cuántos años. La verdad es que nunca creí que fuera a servir para algo -el cura se volvió para guardar otra vez la llave del armario-. ¿Que qué es? Ya lo verás... No, no. Ahora no lo abras.
Pedro puso cara de fastidio.
-Te aseguro que funcionará -sentenció el sacerdote-. Cuando te hagas otro pajar avisas al Tío Celestino y le preguntas a él, pero no lo abras antes, ¿eh?
-Muy bien, mosen. Usted sabrá lo que más conviene hacer en estas cuestiones y le haré caso. Bueno, con Dios.
-Ve tú con Él -le respondió el cura viéndole marchar con una mirada de complicidad divertida en los ojos.

Elementos para una buena recena, de coriensesdelconvento.blogspot.com.es.
Poco tardaron Pedro y sus vecinos en levantar un nuevo edificio donde almacenar la yerba seca para que las bestias no quedaran sin forraje durante el duro invierno que ya comenzaba a asomarse en aquellas tierras altas. La culminación de la obra se celebró con una opípara recena, en la que no faltó el buen vino, abundante comida caliente y las jotas cantadas hasta bien entrada la noche. Y cuando ya la buena gente comenzaba a retirarse con paso cansino hacia sus hogares, Pedro llamó en un aparte al Tío Celestino y le pidió con aire de misterio que se quedara un rato más.
El joven sirvió a su invitado otro vaso de oscuro caldo y ambos se liaron sendos cigarrillos sentados frente a la chimenea encendida. Sin dilaciones ni explicaciones previas Pedro se metió en materia.
-María, hazme el favor de traer el paquete.
El Tío Celestino retiró el cigarrillo de los labios para sonreír a sus anchas.
-¿Te lo dio el mosen? -Quiso saber.
-Sí. El mismo día que fui a verle -contestó Pedro-. Me dijo que te preguntara, que tú ya sabrías.
El anciano asintió mientras María entregaba el pedido a su marido.
-Aquí está. El mosen dijo que lo abriéramos hoy mismo y que los diablos no vendrían más -explicó Pedro.
El viejo seco y quemado por los años estudió el envoltorio con mirada experta y antes de que lo desempaquetaran soltó una sonora carcajada asombrando con ello a la joven pareja.
-¿Qué tiene de gracioso el tema? -Indagó pedro.
-Tú ábrelo, anda -fue la respuesta-. ¡Qué jodido! Sí que tiene buenas ideas el hombre éste.
Pedro lo desenvolvió despacio, con mimo y respeto, como si tuviera en sus manos una antigua y frágil reliquia. Al quedar al descubierto lo que había en el interior tanto Pedro como María ahogaron una exclamación. El Tío Celestino, sin embargo, ni se inmutó.
-Por Dios, ¡qué asco! -Dijo Pedro.
-Es repugnante -coreó María.
-Pero nos será de gran ayuda -concluyó el viejo.

Pedro y el Tío Celestino se encontraban ocultos tras de unos árboles cerca de la entrada del nuevo pajar; ambos se envolvían en mantas para combatir el frío intenso de la noche. El de menor edad llevaba una lamparilla apagada.
-¿Cuánto tiempo más vamos a esperar? En un par de horas amanecerá.
El anciano le hizo un gesto apremiante de silencio.  Ante la puerta del edificio se recortaban tres figuras delgadas y oscuras que cuchicheaban jocosas entre sí en una jerga incomprensible y extraña.
-¿Son ellos? -Preguntó Pedro con voz temblorosa.
-¡Venga! Enciende la lámpara ahora.
Un chorro de luz cálida calló de lleno sobre los demonios permitiendo contemplar con claridad su aspecto: eran mitad hombres y mitad cabras. Sus cabezas, grandes como calabazas maduras, así como las patas pertenecían a la parte animal, mientras que el resto del cuerpo se cubría con una grasienta mata de pelo negro y rizoso. Los ojos amarillos de los diablos reflejaron una profunda maldad al ver a los dos hombres que se acercaban corriendo armados cada uno de ellos con un hacha. El Tío Celestino gritaba al tiempo que corría:
-Mirad ahí arriba, ¡ved! Eso es lo que le pasó a otro de los vuestros que llegó antes para quemar el pajar, y eso es lo que os ocurrirá a vosotros ahora.
Los demonios miraron hacia donde señalaba el viejo y chillaron de puro espanto. En la viga que servía de marco superior a la puerta se encontraba clavada recta la cabeza momificaba de un enorme macho cabrío; aún mostraba algo de piel pegada al cráneo, y bajo la pálida sonrisa una luenga barba le caía hacia abajo mecida suavemente por el viento. Los inmensos cuernos, retorcidos como caracolas de mar, hacían resaltar todavía más las cuencas vacías de los ojos. Aquella visión y la de los hombres con las hachas fue suficiente para que los seres infernales salieran huyendo con pánico y poder salvar así sus cabezas, que seguramente irían destinadas también como adorno y aviso en cualquier otro pajar de la zona, tal y como había ocurrido con la de aquel "congénere" suyo.
Pedro y el Tío Celestino se detuvieron bajo la momia de la cabra y tomaron un respiro. Luego se rieron con ganas de la situación.
-¡No te digo! Pues la idea del mosen ha funcionado. ¡Qué jodido! -Comentó el viejo justo antes de liarse uno de sus cigarrillos.

Hombre-cabra, cogido del blog de ruerrero.blogspot.com.es.




Evidentemente, para que suene algo bueno, nada mejor que un grupo de la tierra. Hato de Foces en directo.



Y como toque Mod-ernista, un grupito aragonés de buen soul: The Faith Keepers con su tema "Don´t Worry ´bout Later".