viernes, 11 de octubre de 2013

El sanador de sueños

Está claro que tengo el gafe para esto de los cuentos. Concretamente, éste que voy a plasmar en esta entrada lo redacté hace muchísimos años, cuando estaba haciendo la carrera de Periodismo en Pamplona, y todavía el mundo de los sueños y el viaje onírico no estaba tan explorado en el cine (ese inmenso devorador de ideas literarias). Pero a día de hoy estas líneas ya han perdido buena parte de su frescura tras la ingente cantidad de títulos que aluden a esta materia, como "Más allá de los sueños", hecha en 1997 por Vincent Ward, si bien, el mejor exponente de los cuales sigue siendo, en mi opinión, "Origen" (2010), del gigante Christopher Nolan, aunque en su momento se lo cedí a mi amigo Antonio Sánchez-Escalonilla, profesor de Guión Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, para que sus alumnos pudieran practicar con él y convertirlo en un posible guión cinematográfico (creo que sin resultado alguno, en fin). Siempre pensé que Alfredo Landa hubiera hecho un gran papel como protagonista...
Aquí va (sed indulgentes, por favor, es uno de mis primeros escritos):


Una imagen como ésta, tomada de serialteacher.blogspot.com, fue la que me inspiró el cuento. Ocurrió en uno de mis habituales desplazamientos de fin de semana en autobús de línea entre Pamplona y Vitoria.



El sanador de sueños

— Hola; buenas noches. Soy Luis. Me envía la Compañía de Sueños Ejemplares, S.A.
El enfermo se quedó mirando fijamente a la figura que acababa de entrar por la puerta, con la boca entreabierta de puro asombro. No eran ya horas de visitas y pestañeó para ver si aquel ser era de verdad o simple fantasía. Al comprobar que el hombre no se había volatilizado en el aire pudo articular finalmente algunas palabras balbucientes.
— ¿Cómo ha dicho? ¿Le importaría repetirme eso? —Preguntó mientras seguía con la mirada a Luis, quien ya se acomodaba en una silla junto a la camilla sin haberle pedido previamente permiso. El recién llegado resultaba un tipo sonriente, alto de unos treinta años. Vestía como uno de esos malditos yuppies que tanto salen por las películas, no carecía siquiera de chaleco e incluso llevaba consigo un costoso maletín de brillante cuero negro. Actuaba, eso sí, con toda naturalidad, sin titubeos de ninguna clase.
— Bueno, si lo prefieres te enseño una de mis credenciales —dijo al tiempo que se sacaba una tarjeta del bolsillo interior de la oscura americana y se la alargaba al enfermo. Éste la cogió y pudo leer en ella exactamente lo que el otro ya le había anticipado:

LUIS
SANADOR DE SUEÑOS
COMPAÑÍA DE SUEÑOS EJEMPLARES, S.A.

En la cartulina blanca no ponía nada más, ni dirección ni teléfono siquiera.
— Oigame, ¿Usted se cree que esto es normal? Porque yo no me estoy enterando de nada, ¿sabe? — Recalcó el trato de usted en el tono de la voz; le molestaba sobremanera que un desconocido le tuteara de buenas a primeras. Luis continuó con el mismo aire jovial en sus maneras.
— Pues es muy sencillo. Tú no duermes bien por causa de las pesadillas y eso es precisamente lo que hace que tu estancia en el hospital sea más larga.
— ¿Y qué? —Respondió amoscado el enfermo.
— Vamos, vamos. Los dos sabemos que tu situación económica es bastante precaria, por no decir penosa — le propinó unos golpecitos cómplices en la rodilla, mientras guiñaba un ojo para hacerse el simpático— No te puedes seguir costeando la habitación.
— ¡Váyase a tomar por...! ¿C-cómo se atreve? —Si algo había que al enfermo le sacara de sus casillas era que le mencionaran su delicado nivel financiero. La vergüenza y la rabia le ahogaban la garganta impidiéndole pronunciar las frases con claridad y arrojó la tarjeta de Luis sobre la mesita de noche—. No le consiento ni a mi padre que se entrometan en mi vida privada. ¡Anda, hombre! ¡Habráse visto! Ahora mismito voy a dar aviso para que le echen de aquí.
El convaleciente se medio incorporó en la camilla para pulsar el timbre en forma de pera que había a la cabecera del lecho y con el movimiento tiró al suelo el libro que había estado leyendo durante la tarde. Luis se agachó para recogerlo.
— Es-te-fa-ní-a; ¡je! Buena literatura, sí señor —se burló el extraño personaje ojeando la portada.

Portada de Estefamía, de Marcial Lafuente, que durante muchas
generaciones marcó un tipo de literatura
específico que se vendía en quioscos.
El enfermo no contestó y mantuvo los brazos cruzados sobre el pecho, mirando hacia la entrada. Luis no perdió la sonrisa e hizo otro intento por romper el hielo que ya había helado el tenso ambiente de la habitación.
— Esto es toda una joya; ya no hay quien lo encuentre en las tiendas —observó agitando el libro en su mano.
Nada.
— Muy bien, haz lo que quieras... Pero, por el amor de Dios, no te alteres. Eso hará que vuelvas a tener pesadillas.
Un bufido de disgusto fue la única respuesta del enfermo. Por el pasillo se escucharon unos pasos rápidos y ligeros. La enfermera llamó a la puerta y entró.
— ¿Qué desea, señor González? —Inquirió sumisa pulsando un botón situado al lado de la puerta y que desconectaba la luz de alarma en el cuarto de guardia.
— Este... Señor, por llamarlo de alguna manera, me está molestando —señaló sin mirar a la silla donde se encontraba Luis—. Y ya no debería de estar aquí, así que ¡hala! Llame al sanitario para que lo expulsen como es debido. Hágame el favor.
— ¿Pero a quién? — La jovencita miraba perpleja un asiento vacío.
— ¿A quién va a ser? Éste de aquí... —Se movió hacia el intruso, quien le devolvió una mirada de circunstancias.
— Ahí no hay nadie —apuntó la chica suspirando.
El paciente se quedó de piedra abriendo los ojos con expresión estúpida. Él podía verlo, la muchacha no.
— Vale, monina. Pues déjelo estar. Déjelo. Lo siento mucho —se disculpó ruborizándose hasta la raíz del cabello y negando con la cabeza.
La enfermera, que durante dos interminables semanas había tenido que aguantar el mal humor y las más que mortificantes extravagancias de aquel cliente insoportable, soltó un improperio bastante grosero y se largó dando un portazo, pese a que desde hacía más de una hora había que guardar silencio en todo el edificio.
El señor González Abengózar se pasó lentamente la mano por la cara antes de mirar a Luis de nuevo. Estuvo tanteándole un buen rato sin respirar siquiera. Ésa era la primera vez que el enfermo se enfrentaba a algo ajeno al ámbito de lo común y le asaltó toda una amalgama de sentimientos que iban desde el miedo más absoluto, pasando por la curiosidad desesperante, hasta la creencia en que había perdido del todo la cordura. Nunca en toda su vida de genial funcionario se había topado con lo sobrenatural; de hecho, a sus cuarenta y siete años, todo le había resultado confortablemente monótono: una esposa encantadora y complaciente que no le causaba disgustos, unos hijos ya colocados que ni siquiera pasaron por la edad del pavo, un pisito ni grande ni pequeño en La Ventilla (*), plácidas e indefectibles vacaciones en Benidorm y un trabajo tranquilo del que no había quien le sacara hiciera lo que hiciese. ¿Para qué quería más? No había blanco ni negro; todo resultaba de un gris tremendamente relajante y así quería él que continuara siendo para siempre jamás. Estuvo a punto de extender la mano para tocar a Luis a ver si así desaparecía o, al menos, para comprobar si era material, pero en vez de eso dijo con cara de lástima:
— Ésa no te ha visto.
— Claro, hombre. El problema es tuyo, no de ella —aclaró Luis— . Eres tú el que está enfermo. Tú el que tiene pesadillas. Si estoy aquí es por ti.
González retrocedió ante el dedo que Luis le tendió con brusquedad estudiada.
— Y yo, ¿qué pinto en todo esto? —El enfermo pensaba evidentemente en el dinero y en cuánto le iba a suponer la broma—. ¿Cuál es mi papel?
— Sólo tienes que dormir. Y no te preocupes por nada —contestó el otro.
— ¿Dónde están tus alas? —Preguntó González mostrando la primera sonrisa, tímida, del día. Su chiste pretendía aportar un poco de coherencia real a la atmósfera de absurdidad que se había ido tejiendo en la estancia y que se adhería a su piel provocándole escalofríos tensos.
— ¿Cómo?
— No; nada. Sin más. Una tontería mía —comentó González—. Así que sólo tengo que dormirme, ¿y ya está?
Luis asintió y el enfermo, imitando sin mucho convencimiento su gesto de afirmación, apagó la luz arrebujándose bajo las sábanas. Al principio, le costó conciliar el sueño y, después de levantar varias veces el párpado para ver si Luis no se había ido, terminó por abandonarse en brazos de Morfeo.
Fue entonces cuando el curador onírico dejó de aparentar aquel firme gesto de seguridad en sí mismo y la sonrisa se le borró de la cara.


Había luna llena y el camino de piedras blancas brillaba como si estuviera pavimentado de diamantes. A ambos lados de la avenida se alzaban enormes árboles, pero no eran amenazadores. En el aire flotaba una mezcla de pesadez y transparencia, de claridad brumosa; no se escuchaba ni el caminar pausado de González. A lo lejos se adivinaba la sombreada mole de un gran caserón en ruinas. El sendero iba a morir allí. De las ramas de los últimos dragos, justo antes de llegar, colgaban durmiendo aún boca abajo unas formas peludas que, de cuando en cuando, se agitaban con movimientos mecánicos. González sabía que eran murciélagos gigantescos, como los que hay en India, sin embargo no les hizo caso y siguió adelante.
Se llegó hasta la mansión, que claramente había cambiado de forma y ahora, en vez de parecerse a una casa señorial del Sur americano, se mostraba como una especie de fortaleza-monasterio románica del Norte español. Supo que en el interior de uno de los torreones se retorcía una cerrada escalera de caracol y, a través de las estrechas troneras abiertas en la pared, vio una luz descendiendo despacio, sin prisas, aunque enseguida llegó a la planta baja.
Por el portón apareció la joven enfermera de guardia con una vela desprotegida en la mano; la llama temblaba aguantando el envite del viento sin llegar a extinguirse. le sonreía desde lo alto de los cinco desgajados escalones que iban a dar al patio donde se encontraba el hombre. A pesar de ser tan descarada la moza no era nada fea. González atendió ansioso mientras ella se despojaba de su verde uniforme y en un instante se mostró desnuda ante él: su piel era asquerosamente peluda y arrugada, surcada por millares de venas moradas que se retorcían vivas como serpientes. Sus dedos, filosos y rematados en largas uñas de animal, aplastaron el cirio sin quemarse para arrojarlo a su espalda por encima del hombro.
Horrorizado, González la miró a la cara y gritó un mudo alarido. La mandíbula descarnada de la chica babeaba hambrienta un líquido espeso en el que nadaban caóticos decenas de gusanos lechosos, carecía de nariz y el pellejo le pendía a jirones por todo el rostro. El esperpento de aguzados dientes se acarició el cuerpo con estéril sensualidad al tiempo que sus ojos desenfocados giraban vertiginosos en las órbitas. Una voz ronca de ultratumba rompió por fin el denso silencio.
— Mi amor... Mi amor.
González quiso salir corriendo, pero sus piernas no le respondían. La enfermera entonces comenzó a bajar calmadamente los peldaños proyectando los brazos hacia él. En ese momento, el pobre soñador tuvo la noción de ser empujado a un lado y, tendido en el suelo, llegó a entrever fugaces imágenes de Luis que había cubierto al espanto con una manta y lo golpeaba sin piedad con un grueso candelabro de bronce. Finalmente, el monstruo se evaporó dando paso a un sol prodigioso que iluminó toda la escena.
— Ven, sígueme. No tengas miedo —le dijo el sonriente Luis con voz cálida.
El enfermo se levantó y miró a la figura amiga alejarse por un nuevo camino que iba a perderse en mitad de un paisaje de ensueño: amplias praderas esmeraldas se extendían hacia el infinito del horizonte; aquí y allá, las flores manchaban el tapiz de hierba con colores frescos y relucientes; el aire irisado se endulzaba con las melodías de infinitud de pájaros desconocidos que cantaban para él y al fondo, cerca de una fuente, creyó ver a un unicornio que le invitaba mediante cabriolas a jugar al escondite mágico.
— Disfruta del sueño, mi niño. Contempla la hermosura que te rodea. Descansa y disfruta... Disfruta... Disfruta...
González se vio a sí mismo como un chiquillo que correteaba por el campo riendo a pleno pulmón. Un león dorado le retaba a ver quién era el más veloz.
El durmiente se permitió el lujo de sonreír feliz.

Terribles mandíbulas de un Pez Tigre Goliat, robada de www.vistaalmar.es. 

— Buenos días. ¿Cómo te encuentras?
González se sentía como nuevo y abrió los ojos con pereza, cuidadosamente porque Luis se había tomado la libertad de abrir la ventana de par en par y la claridad entraba a raudales. Cuando lo vio de pie contemplando la calle ya no se notó molesto como antes por su presencia.
— Perfectamente —contestó González desperezándose—. Dime una cosa, ¿tú...?Su pregunta quedó interrumpida por un ademán de Luis que le ordenaba callar. Sonaron unos golpes en la puerta. Otra enfermera de cofia blanca entró con una bandeja de desayuno. Una vez que saludó, la mujer depositó el condumio sobre una mesita acoplada a la camilla y volvió a marcharse.
— Mira, no sé si necesitas comer o qué, pero estaré muy orgulloso si compartes conmigo el desayuno —ofreció el funcionario.
Agradecido, Luis acompañó al enfermo y ambos se regalaron el estómago con gusto. Luego González retomó la conversación.
— Oye, eh...
— Luis —le recordó el sanador de sueños.
— Luis, es verdad. ¿Por qué no me dices un poco en qué consiste tu trabajo? Me parece que después de lo de ayer me merezco una explicación, ¿no?
— No —manifestó contundente Luis tras sopesar en profundidad la demanda del enfermo—. Sólo puedo decirte que conlleva bastantes riesgos. En cierto modo, nuestra existencia depende del público al que atendemos, y nuestra supervivencia también. El resto te lo puedes imaginar por ti mismo. Ya tuviste una experiencia; saca tus propias conclusiones.
González quedó atónito.
— ¿Riesgo? ¿Qué riesgo? ¿Y qué es eso de que tu existencia depende de mí?
— No te pienso decir nada más, así que no intentes sonsacarme. Seguramente tendremos otra oportunidad esta noche. Todavía no estás recuperado del todo y voy a permanecer aquí contigo. Si tengo éxito, mañana mismo podrás salir del hospital.
— Vale, si no quieres hablar de ello, estás en tu derecho. Yo lo comprendo y no te preocupes por mí. Seré un tipo muy cortito de entendederas y todo eso, pero por lo poco que sé al menos puedo asegurarte algo: tu labor me parece maravillosa, y va en serio.
Luis alzó las cejas admitiendo condescendiente el cumplido. El enfermo, entonces, intentó de nuevo la gracia del día anterior:
— ¿Sigues sin querer enseñarme tus alitas?
— No soy un ángel, si te refieres a eso —el rostro de Luis era una pétrea máscara de seriedad y en los más profundo de sus pupilas se encendió una chispa de pánico—. Esta noche —musitó para sí—, sólo esta noche...
No hablaron más durante las siguientes horas. González se contentó con leer su novela del Oeste y recibir las visitas precisas —la de su mujer, aparte de las médicas—, ninguna de las cuales se dio cuenta de la comparecencia de Luis. Éste, por su parte, adoptó una actitud ausente y meditabunda de la que el enfermo no pudo arrancarle por mucho que lo intentó.
Un ángel. Casi sonrió por la ocurrencia. No. No era un ente celestial; por el contrario, era un hombre, y muy humano. O quizá eso quedara para el pasado, cuando en vez de sangre le corría por las arterias un auténtico torrente de alcohol casi neto; cuando era otro paria social sin hogar que bagabundeaba solitario por los parques de las afueras escondiéndose, protegiéndose, del mazo acusador de la bendita sociedad, hasta que aquel alma de Dios benefactora le arrebató de las calles para concederle una segunda oportunidad.
¿Cómo dijo? ¡Ah, sí! El discurso de su ya olvidado salvador sonó algo parecido a esto: "Eres un despojo infecto, sin honra y sin futuro. Estás prácticamente muerto en todos los sentidos, pero aún puedes ser útil y hacer mucho bien". Un mensaje directo y conciso, de los que llegan al corazón, lo quieras o no. Aceptó por dos motivos; el primero, porque no había remuneración monetaria a cambio y eso no sólo le redimía de alguna manera, sino que además le aportaba la paradójica seguridad de que no le estaban engañando. El segundo hacía referencia a un detalle que había estado presente durante casi toda su vida de escoria de la indigencia y, por tanto, no le preocupaba que lo siguiera acompañando en lo que le restaba de permanencia en este mundo: nadie podría verle; nadie, salvo los que necesitaban de su ayuda, por supuesto.
Uno de los invisibles de la calle (en este caso de Barcelona).
Captada de arivolovich.wordpress.com
Durante su formación, junto a legiones como él y algún que otro voluntario aburrido de no hacer nada en su aburguesada cotidianidad de clase media y curiosamente abochornado de su acomodada condición, le aleccionaron sobre el arte de la persuasión, el mesmerismo y la telepatía; el control de la esquizofrenia en la fase REM; el provecho de la teoría y práctica de la tensigridad; la canalización de endorfinas cerebrales y su relación con la regeneración de la mielina y la distinción de los cinco estados oníricos, en especial el cuarto, reino piramidal en cuyo vértice van a converger las peores pesadillas.
Luis nunca entendió conceptos como "inmaterialidad", "plano superior" o "paralelismo corporal", pero sí que se quedó con su poder de influir en las fantasías de los dormidos y su capacidad de aparecer en medio de esas historias hechas a base de polvo de arena, sin las cuales se rompe el sutil equilibrio del sano juicio.
De entre todas las lecciones recibidas, una en concreto se grabó al fuego en la memoria de Luis. Era la que se ocupaba del peligro de la perversidad, ante la que ningún sanador podía defenderse por muy ducho que fuera en el oficio. Para entenderlo mejor, le obligaron a estudiar las obras completas de E.A. Poe, en las que el arte del maestro del horror mostraba en sus múltiples facetas la disformidad de la perversión humana, capaz de obligar a cualquiera, de forma aparentemente inexplicable, a dañar con deleite a aquello o aquéllos que más ama.
Mientras duerme, la malignidad del soñador alcanza grados incontrolables, de ahí que los sanadores tuvieran terminantemente prohibido, por su propio bien, dar a conocer a sus clientes sus métodos de curación, "puesto que vosotros, no lo olvidéis, también podéis morir y, en vuestro caso, incluso de la manera más espantosa que jamás hayáis concebido".
Agobiado con estos preocupantes pensamientos transcurrió el día para Luis. Luego, irremediablemente, llegó la noche...


Cielo encapotado, tan impenetrable y denso que la multitud de nubes azules, moradas y negras que lo cubrían daban la impresión de estar modeladas en látex. Hacía bastante frío y la humedad de la escarcha calaba con perlas de agua el fino pijama de González.
A través de la cerrada niebla, sin embargo, pudo ver que se hallaba en pleno campo y al avanzar con los pies descalzos notó la tierra mojada bajo sus callosas plantas. Aunque si miraba al suelo —y así lo hizo— no llegaba a distinguirlo; sus piernas se hundían en un lecho de densa calina que se levantaba en remolinos lentos a cada breve paso que daba.
Oyó el soplido del viento mucho antes de que llegara a su altura. Venía de frente y con él se llevó desgarrándola buena parte de la opacidad que le envolvía. Ante González aparecieron, como emergiendo del mismísimo centro de la Tierra, las estribaciones de la Sierra de Aralar, en su Navarra natal, y a su espalda discurría la N-240-A, que enlaza Vitoria con Pamplona. Ni el amarillo chillón del desierto asfaltado ni el violeta eléctrico de la rala vegetación llamaron su atención. Sus ojos se posaron en las cercanas montañas y en la alargada masa de nubes grises que se desplazaba sobre las alineadas crestas rocosas. A medida que las cumbres se iban despejando, éstas aparecían nevadas dejando un rastro albo y reluciente, muy similar a la mucosidad que segrega un caracol en su marcha.
Es que, de hecho, aquéllas no eran unas simples nubes, sino el voluminoso cuerpo de una babosa que giró su blanda cabeza hacia González. Bajo el enorme animal los montes perdieron sus perfiles, sus contrastes, sombras y relieves y la babosa inició su descenso a la llanura, en dirección al hombre. la huida de González fue tan instantánea que llegó a dejarse atrás a sí mismo y tuvo que regresar para recuperar su cuerpo indefenso y carente de voluntad para hacer nada. En cualquier caso, la babosa ya se había aproximado tanto a él que podía captar el asfixiante aroma a amoniaco que despedía el descomunal molusco.
Ni siquiera se atrevió a permanecer en el suelo; su yo intangible levitaba en derredor de la infernal escena, sin posibilidad de alejarse de ella, como si estuviera enclaustrada en una minúscula jaula cúbica de cristal transparente. Sabía perfectamente que tampoco allí arriba podía sentirse seguro, conocía también cuál iba a ser el desenlace y, a pesar de ello, por mucho que apartara la mirada o cerrara los ojos, no podía dejar de ver lo que estaba a punto de ocurrir.
— Tranquilo, hombre —dijo Luis a su lado, pero su tono era más bien vacilante y falto de toda firmeza—. No son más que nubes. Has de confiar en mí, por favor.
Aquel cretino le había devuelto al interior de su miserable carcasa corporal con el monstruo a tan sólo unos pasos de la pareja y encima le reclamaba confianza. "No, de eso nada", le apremió su propia voz, "retrocede antes de que sea demasiado tarde.  A la carretera, aprisa. Vamos, sálvate".
Luis lo retuvo agarrándole de la pechera y se situó entre González y la babosa, dándole la espalda a ésta última.
— Deja de hacer el tonto. No hay ningún peligro —le aseguró al enfermo, aunque al decir esto no dejaba de lanzar preocupantes miradas por encima del hombro.
Pero González se zafó de la presa del sanador sin escucharle y se lanzó a la carrera dejando atrás al otro a la suerte del sueño. Mientras galopaba enloquecido vio claramente, como si tuviera ojos en la nuca, cómo el hinchado limaco alcanzaba a su inmóvil compañero y le aplastaba bajo varias toneladas de carne gelatinosa y ácida. Los terribles gritos de Luis se confundieron con el viscoso sonido de algo que succionara con obscena fruición.
La babosa devoró a Luis absorbiéndolo.


Babosa gigante, atrapada de maestroterrax.blogspot.com.es.

Le chorreaba el sudor por todo el cuerpo. No osaba moverse, en parte, quizá, porque se sentía agotado, y escrutó la oscuridad de la habitación con los ojos prácticamente desorbitados por el pánico. Al hablar, sus palabras hicieron vibrar la flema que le atoraba la garganta provocándole una molesta ronquera.
— ¿Luis? —No obtuvo respuesta—. Luis, ¿sigues ahí?
Por fin encendió la luz con manos temblorosas, pero la estancia se encontraba vacía. Ni rastro del sanador por ninguna parte. De pronto, sobre la mesita descubrió la tarjeta de visita de Luis.
— ¡Dios mío! —Sollozó aguantando la náusea—. ¡Dios mío! Le he matado... Si al menos le hubiera creído, si le hubiera escuchado...
Tres horas más tarde, la enfermera de turno entraba con la bandeja del desayuno. González no se había vuelto a dormir desde que despertara anteriormente por la pesadilla y mostraba todas las trazas de haber estado llorando.
— ¡Madre mía! Vaya cara que se le ha puesto —advirtió la uniformada muchacha—. ¿Se encuentra usted mal?
El paciente no se dignó a contestar.
— No importa. Usted tómese esto que yo voy a hablar con su médico y vengo ahora.
La chica abrió la puerta, pero poco antes de que la volviera a cerrar un hombre sonriente se coló en la habitación sin que la enfermera se diera cuenta de ello.
— Hola. Soy Julián. Me envía la Compañía de Sueños Ejemplares, S.A. Creo que ya la conoces.
González se sonó la nariz con la manga y dirigió la mirada a la mesita. La ficha de Luis había desaparecido.

(*) Es una calle de Pamplona bastante bien situada (nota del autor).


Me dio la sensación, de golpe y porrazo, que el tema que pegaba aquí era el "Should I stay or should  go", de The Clash. Así que vamos con él.



La letra:
Should I Stay or should I go? (¿Me quedo o me voy?)

Darling you gotta let me know (Cariño, me lo tienes que decir)
Should I stay or should I go? (¿Me quedo o me voy?)
If you say that you are mine (Si dices que eres mía)
I'll be here til the end of time (Me quedaré aquí hasta el final de los tiempos)
So you got to let know (Por eso me lo tienes que decir)
Should I stay or should I go? (¿Me quedo o me voy?)

Always tease tease tease (estás siempre, de cachondeo, atormentando y jorobando)
(Siempre - coqetiando y enganyando) (original)
You're happy when I'm on my knees (eres feliz cuando me tienes de rodillas)
(Me arrodilla y estas feliz) (original)
One day is fine, next is black (Un día es fantástico y al siguiente, negro)
(Un dias bien el otro negro) (original)
So if you want me off your back (Así que si me quieres quitar de en medio)
(Al rededar en tu espalda) (original)
Well come on and let me know (bien, venga, me lo tienes que decir)
(Me tienes que desir) (original)
Should I stay or should I go? (¿Me quedo o me voy?)
(Me debo ir o que darme) (original)

Should I stay or should I go now? (¿Me quedo o me voy?)
Should I stay or should I go now? (¿Me quedo o me voy?)
If I go there will be trouble (Si me voy habrá problemas)
An if I stay it will be double (y si me quedo serán el doble)
So come on and let me know (Por eso, venga, me lo tienes que decir)

This indecisions bugging me (Tu indecisión me tiene en ascuas)
(Esta undecision me molesta) (original)
If you don't want me, set me free (si no me quieres, déjame libre)
(Si no me quieres, librame) (original)
Exactly whom I'm supposed to be (exactamente lo que se supone que debo de ser)
(Diga me que tengo ser) (original)
Don't you know which clothes even fit me? (¿Tienes idea de la ropa que aún me queda bien?)
(Saves que robas me querda?) (original)
Come on and let me know (venga, me lo tienes que decir)
(Me tienes que desir) (original)
Should I cool it or should I blow? (¿Me quedo o me voy?)
(Me debo ir o quedarme?) (original)

Should I stay or should I go now? (¿Me quedo o me voy?)
(Yo me frio o lo sophlo?) (original)
If I go there will be trouble (Si me voy habrá problemas)
(Si me voi - va ver peligro) (original)
And if I stay it will be double (y si me quedo serán el doble)
(Si me quedo es doble) (original)
So you gotta let me know (Entonces, me lo tienes que hacer saber)
(Me tienes que decir) (original)
Should I stay or should I go? (¿Me quedo o me voy?)
(Yo me frio o lo sophlo?) (original)

La verdad es que en el primer sueño, cuando todo se arregla y se pone a correr como un chiquillo por los campos, el tema que tenía en mente era "Ha, Ha, Ha", de Arthur Conley. Ahora sabréis por qué:



Y, en general, el ambiente del cuentecillo me llevaba irremediablemente a The Creeps y su sensacional "Down in the nightclub". No por la letra, sino por el ritmo y su atmósfera...



La letra:

Down in the nightclub (Abajo, en el club nocturno)

All right (Muy bien)
We're going down to the nightclub baby (Nos vamos abajo, al club nocturno)
Where the fashion lights are all so gay (donde las luces de la moda son tan gay)
And the music's so loud (Y la música está tan alta)
I tell you we're the in-crowd (Te digo que estamos en pleno in-crowd*)
We're the grooviest gang around (somos la banda más groove** de los alrededores)

I got a battering ram in my head (Tengo un constante bombardeo en mi cabeza)
The room is turning in a blue green red (La habitación es un tornado de azul, verde y rojo)
And the lights sure blows my mind (y las luces seguro que van a fundir mi mente)
and I might get this time (y puede que en esta ocasión lo consiga)
Down at the nightclub (abajo, en el club nocturno)

That girl's dancing in her miniskirt (Esa chica con minifalda está bailando)
The way she moves now she gives me the hurt (la forma en que se mueve ahora me hace daño)
Gonna move up to her, let my backbone slip (Voy a subir a por ella, para que se funda con mi columna vertebral)
I'm gonna take her on a magic trip (la voy a llevar por un viaje mágico)

I got a battering ram in my head (Tengo un constante bombardeo en mi cabeza)
The room is turning in a blue green red (La habitación es un tornado de azul, verde y rojo)
And the lights sure blows my mind (y las luces seguro que van a fundir mi mente)
and I might get this time (y puede que en esta ocasión lo consiga)
Down at the nightclub (abajo, en el club nocturno)

I got a battering ram in my head (Tengo un constante bombardeo en mi cabeza)
The room is turning in a blue green red (La habitación es un tornado de azul, verde y rojo)
And the lights sure blows my mind (y las luces seguro que van a fundir mi mente)
and I might get this time (y puede que en esta ocasión lo consiga)
Down at the nightclub (abajo, en el club nocturno)

*The in-crowd, literalmente la "multitud del interior o interna" hay que entenderlo como "la gente que sabe" (donde está la mejor música, la mejor ropa, el mejor ambiente... Todo ello en torno al Mod-ernismo).
**Groove se puede entender como "sensacional", y como un tipo de música muy concreto (con una base expansiva de órgano, a ser posible Hammond). Algo así.

sábado, 5 de octubre de 2013

¿Y si hubiera un remedio para los gorditos?

El genial Boris Karloff, como científico un tanto chifladillo, en "La hora fatal". Cogido de www.judexfanzine.net.

Aprovechando mi extraña condición periodística, voy a colgar, al menos, un par de entradas sobre materia de investigación; esa labor tan escasamente reconocida en este (lejano) país y a la que se mete la tijera en cuanto asoman mínimamente en el horizonte las orejas de las vacas flacas. No tengo más remedio que centrarme en el ámbito cordobés, porque es donde efectivamente me muevo y porque con quienes me he puesto en contacto es con gente que se pregunta con insaciable, envidiable y ejemplar curiosidad sobre el porqué de las cosas que les rodea y que ejercen como tales en esta circunspecta ciudad.
Preludios aparte, voy a narraros someramente una anécdota que aconteció durante una rueda de prensa reciente (hablamos de septiembre de 2013) acerca de la memoria de resultados de 2012 del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), uno de los pocos centros a los que no les va nada mal en plena (y, al parecer, eterna) época de crisis, porque saben vender bastante bien lo que hacen, y porque hacen mucho y de excelencia, por supuesto.
Hablaba su director científico, Francisco Pérez Giménez, sobre las maravillas de contar en el Instituto con una buena y muy competitiva ciencia básica (de ésos que se pasan la vida entre tubos de ensayo, libros y microscopios embutidos en sus batas blanquérrimas -los más limpios, evidentemente-), amén de una nada desdeñable ciencia clínica (éstos ya se dedican al análisis puro y duro para destripar resultados) concentrada en el muy próximo Hospital Reina Sofía, que habría que incorporar poco a poco a las labores del IMIBIC, porque todavía trabajan un tanto al margen. Pero si de algo se sentía orgulloso el jefe científico (siempre quise decir esto de alguien, suena a pura Ciencia Ficción, uno de mis géneros cinematográficos, de cómic y de literatura preferidos) es que "nuestra ciencia sea una ciencia aplicada en todos los terrenos de la vida y sea útil a través de la innovación".
Aplicabilidad. Maravillosa palabra mágica que puede suponer la llegada de fondos salvadores para apoyar a una investigación en concreto con salida práctica. Pues bien, los muchachos del IMIBIC habían conseguido varios buenos ejemplos en este sentido. El primero es una publicación que ha servido para demostrar que la ecografía, una técnica perfectamente conocida por el grueso del público, tiene una aplicación hasta la fecha desconocida: Permite conocer la rigidez del hígado, por lo que se puede saber el tratamiento que hay que aplicar para curar mejor determinadas infecciones (un sistema que, por cierto, utilizaron ya con una de mis hijas para ver si tenía el hígado deteriorado). No está nada mal, ¿eh? Sencillo, directo, concreto y ÚTIL.
Pero, amigos míos, a pesar de todo, es el otro estudio el que puede llamar poderosamente la atención a todos los que lean esto.
Francisco Pérez Giménez era plenamente consciente del impacto que sus siguientes palabras iban a causar entre los periodistas asistentes, así que lo preparó bastante bien e intentó no sonreír en ningún momento. Pero en más de una ocasión, la comisura de la boca se le subió más de lo que él pretendía.
–Otro ejemplo de gran proyección –señaló– es el trabajo de un investigador del grupo del doctor Manuel Tena Sempere, que ha colaborado en un estudio internacional y han descubierto una proteína que regula nuestra Grasa Parda.
Hasta aquí todo normal. Pero cuando el jefe científico explicó lo que era ese colorido elemento, más de uno dejó de escribir e, incluso, la responsable política que estaba en la mesa junto a él (la delegada de Salud de la Junta de Andalucía, María Isabel Baena) levantó una ceja sonriente, al tiempo que un persistente rumor de voces nerviosas llenó la sala. Y no era para menos. Tras unos segundos de espera, el científico prosiguió:
–La Grasa Parda quizá no sepan lo que es, aunque la han oído mencionar. Lo que hace que dos personas que coman igual uno esté delgado y el otro no es que el delgado tiene en su organismo una grasa especial que quema las calorías, aunque tenga una ingesta similar al otro, que no baja de peso.
Los rumores en la sala aumentaron de intensidad y se escuchó alguna que otra risita de incredulidad. Pérez Giménez, obviando lo que ocurría en su entorno, continuó:
–Cuando esa grasa la podamos estimular y ponerla en marcha, la persona podrá comer lo que coma y la Grasa Parda le quema las calorías. En este sentido, el investigador nuestro ha descubierto una proteína que ha sido publicada en una revista de enorme prestigio a nivel internacional –sentenció.
Ahí queda eso. Al parecer, todos tenemos en nuestro pequeño recipiente corporal una substancia prodigiosa, casi mágica, que hace perder las grasas que sobran de forma natural. El problema es que con el paso de las generaciones ésta se ha hecho tan perezosa como la Humanidad propiamente dicha, y del mismo modo que los seres humanos se han ido sedentarizando, su Grasa Parda (que seguramente actuaría con más ahínco durante el invierno, cuando naturalmente el común de los mortales acumulaba más reservas –no hay más que ver cómo nos ponemos en Navidad– para pasar esa época de carencias) ha dejado de activarse, aunque sea ahora, precisamente, cuando más se la necesita.
Reflexiones estúpidas y absurdas aparte, ahondando en la Red de Redes, efectivamente localicé una referencia a ese estudio. Es una nota de Europa Press, publicada (hecha pública, significa eso) el 5 de Octubre de 2011, titulada "Hallan una hormona que combate la grasa con la grasa" y su corto texto decía lo que sigue: "Científicos del Instituto de Investigaciones Médicas Sandford-Burnham, en Estados Unidos, han revelado que una hormona llamada orexina previene la obesidad en ratones mediante la activación de la Grasa Parda, un tejido que propicia la quema de calorías. La investigación ha sido publicada en Cell Metabolism (la publicación de prestigio a la que aludía Francisco Pérez Giménez). La grasa que normalmente consideramos como grasa corporal se llama Grasa Blanca; pero existe otro tipo de tejido, conocido como Grasa Parda, que hace algo más que almacenar grasa: también la quema. Los científicos pensaban que la Grasa Parda desaparece después de la infancia, pero los recientes avances en tecnología de imagen propiciaron su redescubrimiento en los seres humanos adultos".
En fin; algo que está ahí, a la vuelta de la esquina, que seguro que ha estimulado el interés en más de uno de vosotros y que habrá despertado la ansiedad por que esta investigación llegue a su fin cuanto antes, ¿verdad? A lo mejor más de uno se presentaría como "conejillo de indias" para que se apliquen los resultados directamente sobre su "problema" y seguro que si los del IMIBIC reclamaran un solo euro para ayudar en esta investigación en concreto, les llovería el dinero desde todos los puntos del planeta.
En efecto, sobre todo de la muy sebosa Occidente.
Pero cuidado. Imaginando que todo saliera bien (es decir, con efectos positivos en humanos), eso no quiere decir que hubiera que hacer como los antiguos romanos en sus banquetes (devorar como posesos para vomitar y seguir comiendo). No se trata de pensar únicamente en voy a comer lo que me dé la gana, porque voy a seguir estando delgado, sino en que voy a seguir teniendo cuidado en qué me meto, porque las enfermedades graves siguen al acecho, aunque el espejo me pueda devolver una imagen de cine.



Estupenda caricatura de la mascota de una afamada casa de comida rápida internacional maltratado por el efecto de la ingesta excesiva de basura en forma de alimento. Cogido del periódico digital boliviano lapatriaenlinea.com.


Como no podía ser de otro modo, el tema que aquí pega es el "Lip up Fatty" de los Bad Manners.





Lip up Fatty (Levanta, dordito)

Lip up fatty, ah lip up fatty, for the reggae, (Levanta, gordito, levanta gordito, para el reggae)
Lip up fatty, ah lip up fatty, for the reggae, (Levanta, gordito, levanta gordito, para el reggae)
Listen to the music, shuffle up your feet, (Escucha la música, agita tus pies)
Listen to the music of the fatty beat. (Escucha la música del ritmo del gordito)
(Chorus) (Coro)
Moving with the rhythm, sweating with the heat, (moviéndote con el ritmo, sudando con el calor)
Moving with the rhythm of the fatty beat. (Moviéndote con el ritmo del ritmo del gordito)
(Chorus): (Coro)
Lip up fatty, ah lip up fatty, for the reggae,  (Levanta, gordito, levanta gordito, para el reggae)
Trumpeet. (Trompeta)
(Chorus) (Coro)
Listen to the music, shuffle up your feet, (Escucha la música, baraja tus pies)
Listen to the music of the fatty beat. (Escucha la música del ritmo del gordito)
(Chorus): (Coro)
Lip up fatty, ah lip up fatty, for the reggae, (Levanta, gordito, levanta gordito, para el reggae)
Trumpeet. (Trompeta)
(Chorus) (Coro)
(Chorus) (Coro)
Lip up fatty, ah lip up fatty, for the reggae, (Levanta, gordito, levanta gordito, para el reggae)
Don’t call me fat man, (No me llames gordo)
Lip up fatty, ah lip up fatty, for the reggae, (Levanta, gordito, levanta gordito, para el reggae)
Fat man don’t like you. (No te gustan los gordos).


El tema siguiente es una verdadero clásico (aunque, quizá, pegara más en esta otra entrada: http://jmjcollantes.blogspot.com.es/2013/03/viejos-sin-uso.html). Pero la opción elegida es una versión que he descubierto muy recientemente y que me ha asombrado sobremanera. La letra sigue siendo la genialidad creada por el inmenso poeta generacional de la calle londinense Pete Townshend, por lo que eso no es lo asombroso. Me alegró la instrumentalización (el bajista se lo ha trabajado bien y hay algo similar a una zamfoña de fondo que le da cierto toque clásicoide y exótico) y también los cantantes. Escuchadlos y así os podréis explicar el motivo de que tengan más de 5,6 millones de visionados en Youtube. ¿El motivo de que la añada en esta entrada? Sencillamente, porque me da la gana. Por cierto, ellos se llaman The Zimmers y el tema, My Generation.





 Algún día, como no podía ser de otro mod-o, pondré la original de The Who (no habrá que esperar mucho). Entre tanto, la letra (su traducción la pondré cuando publique la original):

My Generation (Mi Generación)

People try to put us d-down (Talkin' 'bout my generation)
Just because we get around (Talkin' 'bout my generation)
Things they do look awful c-c-cold (Talkin' 'bout my generation)
I hope I die before I get old (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

Why don't you all f-fade away (Talkin' 'bout my generation)
And don't try to dig what we all s-s-say (Talkin' 'bout my generation)
I'm not trying to cause a big s-s-sensation (Talkin' 'bout my generation)
I'm just talkin' 'bout my g-g-g-generation (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

Why don't you all f-fade away (Talkin' 'bout my generation)
And don't try to d-dig what we all s-s-say (Talkin' 'bout my generation)
I'm not trying to cause a b-big s-s-sensation (Talkin' 'bout my generation)
I'm just talkin' 'bout my g-g-generation (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

People try to put us d-down (Talkin' 'bout my generation)
Just because we g-g-get around (Talkin' 'bout my generation)
Things they do look awful c-c-cold (Talkin' 'bout my generation)
Yeah, I hope I die before I get old (Talkin' 'bout my generation)

This is my generation
This is my generation, baby

martes, 1 de octubre de 2013

Perdidos y difusos entre la masa informe

Una atractiva luna llena de color azul, sabiamente recopilada de rumbochamanico.blogspot.com.


Veamos, una preguntita: ¿Alguien tiene verdaderamente claro su papel en el conjunto de la Humanidad?
Vale, quizá la anterior pregunta suene un tanto al llamado Teatro de la Vida, y por ahí no van los tiros, así que profundicemos un poco más: ¿Alguien sabe realmente cuál es su función dentro del llamado Sistema?
Pero se puede hilar más fino todavía: ¿Alguien está totalmente seguro de lo que representa y supone su existencia en la sociedad en la que se mueve?
No. No se trata para nada de experimentar el maravilloso suceso acaecido a George Bailey en la entrañable película del mago Frank Capra “¡Qué bello es vivir!” (It's a Wonderful Life, en el idioma original), de 1946: ¿Qué pasaría con la realidad que me rodea si yo no hubiera existido? No. Es, más bien, uno de esos pobres ejercicios de reflexión personal que acaban convirtiéndose en inútiles y futiles intentos para explicar lo que siempre permanece lejos de mi alcance.
Lo mejor es comenzar por el principio (y no es una simple frase hecha, sino la realidad); cuando apenas había seres humanos pisando la Tierra. Hablamos de hace unos 100.000 años (mes arriba o mes abajo), es decir la data de la aparición del Homo Sapiens Neandertalensis (algunos querrán retroceder mucho más atrás, con el Australopithecus, pero a los efectos de este pensamiento en forma de escrito bien nos podemos quedar con nuestros antepasados más inmediatos, ya que las primeras organizaciones sociales no tenían que diferir mucho unas de otras).
¿Cuántas personas podría haber por entonces en todo el orbe terrestre?
¿Unas 20.000, aproximadamente?
¿Quizá 100.000 (el equivalente a las que se mueren diariamente en la actualidad por hambre)?
En cualquier caso, no muchas para todo el espacio abierto que había, y todas ellas repartidas en muy pequeñas tribus de unas decenas de individuos las más grandes. Y encima, con mucha probabilidad, lo suficientemente alejadas unas de otras como para no encontrarse con asiduidad. Eso, quizá, es lo que les hiciera pensar en que eran "especiales", puesto que del resto de animales, salvo en grandes depredadores (como el Dientes de Sable), contemplaban manadas abundantes, mientras que ellos eran los que eran, y nunca más de eso.

¿Pudieron ser así los hombres hace 100.000 años? Imagen cogida de universitam.com.
Se me antoja harto difícil pensar que un individuo cualquiera en esas circunstancias no lograra encontrar su papel esencial en el seno del clan. Dudo mucho que, por ejemplo y en primer lugar, tuvieran el concepto de lo que hoy en día es el paro ni tampoco creo que existieran los actuales parásitos sociales que, por desgracia, ahora abundan (ese mal entendido "dolce far niente", que algunos aplican al pie de la letra).
También es de suponer que hubiera alguno que por su naturaleza marcadamente personal, peculiar y particular se saltara las normas y quisiera vivir o existir al margen de los usos y costumbres, como bien establece la Campana de Gauss (que por aquel entonces debía de mostrar un tamaño muy pequeño en altura, aunque especialmente grueso en su curvatura de lo que es "normal", mientras que su base sería especialmente estrecha por incluir escasos ejemplares de "anormalidad"). Pero en esos escasos casos permanecer al margen de todo equivalía prácticamente a una muerte inequívoca fuera de la seguridad del grupo (a no ser que empezaran los primeros metahumanos autosuficientes a caminar sobre la buena y vieja Tierra).
Me temo que por entonces las funciones de cada persona venían determinadas por la pura y simple superviviencia y, una vez cubiertas todas las necesidades más básicas y perentorias (comida, bebida, mantenimiento del fuego, elaboración de herramientas, crianza de los más pequeños, cuidado de los más viejos, seguridad y enseñanza de los conocimientos —por parte de los viejos— para preservar todo lo anterior), se podía empezar a pensar en el tiempo libre, si es que lo tenían. Mejor dicho, se podían dedicar a la hora del cuento y las historias, de las primeras leyendas y el atisbo de los antiguos y dioses que les guiñaban sus ojos primigenios desde la vóbeda celestial en forma de planetas y soles distantes brillando en la muy limpia noche.
También es verdad que por esa época, la Naturaleza mantenía en su frágil balanza un equilibrio pluscuamperfecto sobre la cantidad de vida que el planeta podía acarrear sobre sus hombros el sin que todo terminara por colapsarse. Así, la cifra de humanos parecía la adecuada dentro de un mundo en el convivían con un número menguado de especies, que prácticamente acababan de sobrevivir a una durísima glaciación.

Prometeo, de Ian Soriano, cogida de arteenlinea.es.tl
Pero dicen los que saben de esto que cuando nació la práctica de la agricultura y de la ganadería en el mundo, allá por el 8.000 antes de Cristo (coincidiendo con el final de la glaciación) había pululando por este planeta unos 10 millones de almas conviviendo dentro de sus respectivos cuerpos humanos. Una cifra que se puede considerar ya como abundante; y, por tanto, algo tuvo que pasar para que se produjera una exploción demográfica tan significativa. Es como si el mito de Prometeo (una más que atractiva figura que tiene unos muy inquietantes paralelismos con la de Jesucristo, en el sentido de que más parece un enviado de la Divinidad, para entregar el conocimiento a través del Fuego o la Palabra y que se acaba sacrificando por el bien de todos los Hombres, que otra cosa) tomara cuerpo en esa época. El caso fue que una brillante chispa de inteligencia suprema prendió en los tenues espíritus de aquellos seres primitivos y eso les gustó hasta el punto de empezar a sentirse ingenuamente seguros.
Una especie de conciencia generalizada sobre el fluir y el devenir del tiempo recorrió el globo y les permitió a estos bípedos de grandes cerebros marcar las faenas más allá de las meras salidas y puestas del sol o la aparición en el cielo de la luna llena. Y el tiempo de asueto se logró prolongar incluso más allá de la aparición de las primeras sombras del crepúsculo. Se estaba venciendo a la noche y sus miedos controlando la luz artificial. Quizá, quién sabe, esa época dorada de la Humanidad coincida con lo que la Biblia determina sobre un extraño mandato divino: "Creced, multiplicaos" (si alguno se pregunta la razón de que no haya querido ligar ambos conceptos con la conjunción copulativa "y", que se lea este magnífico enlace, con el que no puedo estar más de acuerdo, a pesar de que algunos fanáticos podrían tachar de hereje a su autor: http://www.plazapublica.com.gt/content/creced-siempre-multiplicaos-cuando-convenga). El caso fue que el Hombre hizo caso a pies juntillas del consejo y procrearon como si nunca más fuera a haber un mañana.
La verdad es que el mantenimiento de la raza dependía, en cierto modo, de ello, ya que la esperanza de vida no iba más allá de los 20 años y había que hacer todo muy rápido (aunque en esas circunstancias tan duras más de uno se dirá: muy bien, de acuerdo, ¿pero con qué fin?).
Así las cosas, se comenzó a domesticar a la Naturaleza en algunos puntos de la Tierra y se aseguró el territorio para que la tribu no estuviera siempre tan a merced de los elementos ni de los accidentes fortuitos. Y supongo que la especialización de los papeles en una sociedad cada vez más abundante de personal se acentuarían, hasta el punto de que determinados trabajos pasaban de padres a hijos en selectos grupos cerrados formando los incipientes colectivos artesanales, mientras que los gobiernos se regían por el poder de la fuerza bruta, más, quizá, que por el de la razón, la sabiduría o la inteligencia (que, al fin y al cabo, también se ponían al servicio del poder).
La vida se iba haciendo cada vez menos sencilla, y es de suponer que el concepto de esclavitud, a partir de la toma u ocupación de un territorio por un grupo más numeroso y mejor preparado o equipado, también surgiera por esas fechas. De ese modo, los primeros amantes del ocio a ultranza vieron la puerta abierta al bien vivir al margen del trabajo, ya que los otros -los inferiores- habían sido conquistados para ocuparse de esas labores pesadas, en el sentido de que necesitaban de un gasto de energía física, mientras que ellos -los superiores- se dedicarían a tareas "más nobles", como filosofar, idear modelos económicos complicados e inalcanzables para la mayoría y tratar de mantener por todos los medios su estatus preferente a través del tiempo y, a ser posible, de generación en generación (de sus familias, claro está).
Nacen, por tanto, las castas y las diferencias sociales, porque ante estos guarismos poblacionales cada vez más crecientes unos podían considerarse más "especiales" que otros, mientras que la gran masa mortificada y nada crítica daba sus primeros pasos para cobrar forma modelándose bajo la presión de las circunstancias impuestas por los más fuertes.

Imagen horrorosamente cómica sobre la superpoblación actual, cogida de www.eco-addiction.com
El hecho de comenzar por el principio no tiene por qué implicar que la narración sea aburridamente larga, así que la vamos a ir ligerando. Con el transcurso de la Historia, la cifra de la Humanidad va igualmente engordando. Unos 200 millones de personas en la época de Cristo; 310 millones sólo un millar de años después; 1.000 millones ya en 1804 (como quien dice, a la vuelta de la esquina); hasta alcanzar los monstruosos 7.000 millones en la actualidad (2013).
Se calcula que por el camino han nacido y vivido más de 107.000 millones de personas (entre ellos, tú y yo), según Peter Gurnwald, experto en estadística del Centro de Matemáticas e Informática de Holanda. Y mucho me temo que una parte muy importante de ellos han pasado por este mundo casi sin tener conciencia de ello, ahogados por el peso de una economía que siempre les ha sobrepasado de largo y que se ha hecho con las riendas de toda la existencia; angustiados por el hambre puro y duro (de ése que hace daño en el estómago y en la mente); corroídos por la pobreza más absoluta al carecer hasta de una identidad clara y contundente; dolorosamente mutilados por las guerras que han asolado el planeta desde que el Tiempo comenzó a contar y las penurias que esa sangrienta peste arrastra siempre consigo; adormecidos por la inmensa mayoría de las religiones, que no dejan de ser unas muy imperfectas visiones de un Ser inabarcable por la razón humana...
A medida que hay más congéneres a nuestro alrededor y que la vida "se complica" inútil e incomprensiblemente, el papel del Individuo se diluye por completo. El reconocible YO pasa a ser de forma imperceptible y natural un NOSOTROS no tan claro, múltiple y difuso que llega a aterrar (muy recomendable la película "Antz", elaborada en 1998 por Eric Darnell, y que trata sobre este mismo tema). Poco a poco, llegando ya a la Época Moderna, se va dando paso a una compleja sociedad en la que el hombre-insecto, uniformemente gris e idéntico a millones como él, básicamente trabaja, vive y piensa para la colonia, sacrificando su propia personalidad única, preciosa y diferente por una suerte de bien común que flota por sobre el conjunto de la existencia de todo lo creado y que, en definitiva, se aleja un tanto de lo que es la verdadera naturaleza humana.
Toda una sintomática pérdida de identidad que, lejos de frenarse a medida que la Historia prosigue su marcha mirando directamente hacia el Futuro, parece lograr una concreción fehaciente en las indefensas y borreguiles actitudes de los ciudadanos a los que nos está tocando vivir esta crisis económica, política y de personalidad. Porque si la indignación es generalizada, personalmente somos incapaces de mover un dedo por resolver la situación.
Algunos sociólogos dirían que esa incapacidad de reacción se debe más bien a un agudo proceso de individualismo naciente en los últimas décadas (quizá desde los 90' del siglo pasado), pero lo innegable es que es el Sistema como entidad física el que siempre acaba fagocitando cualquier forma de originalidad que se atreva a asomarse al mundo para asimilarlo y destruirlo vulgarizando su brillante esencia.
Por eso, insisto: ¿Alguien tiene verdaderamente claro su papel en el conjunto de la cada vez más poblada Humanidad?
¿Alguien sabe realmente cuál es su función dentro de ese citado Sistema?
¿Alguien está totalmente seguro de lo que representa y supone su existencia en la sociedad en la que se mueve?
Personalmente, tengo que dar las gracias al Mod-ernismo por enseñarme a preservar durante mi adolescencia esos rasgos individualistas tan deliciosos y preciados que, a día de hoy, me siguen atando a la conciencia de existir como persona única y excelente, recreándome en un tipo de vida que me sigue gustando demasiado, aunque ya no puedo mantenerla al cien por cien. Tres temitas musicales que como individuo y persona me excitan: "Turning japanese" de The Vapours, "Pense a moi" de France Gall y "Living in a island" de Status Quo.




TURNING JAPANESE (VOLVIÉNDOME JAPONÉS)

I've got your picture (Tengo tu foto)
Of me and you (de ti y de mí)
You wrote "I love you " (Escribiste "Te quiero")
I love me too (yo también me quiero)
I sit there staring and there's nothing else to do (me siento allí mirando fijamente y no hay nada más que hacer)

It's in color (Es en color)
Your hair is brown (Tu pelo es marrón)
Your eyes are hazel (tus ojos son avellanas)
And soft as clouds (y suaves como nubes)
I often kiss you when there's no one else around (a menudo te beso cuando no hay nadie alrededor)

I've got your picture, I've got your picture (Tengo tu foto, tengo tu foto)
I'd like a million of you over myself (quiero un millón como tú sobre mí)
I asked the doctor to take your picture (Le pregunté al doctor si podría llevarme tu foto)
So I can look at you from inside as well (Así podría mirarte desde dentro también)
You've got me turning up and turning down and turning in and
turning 'round (Me tienes subiendo, bajando, dando vueltas y girando)

I'm turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think
so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
I'm turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think
so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)

I've got your picture, I've got your picture (Tengo tu foto, tengo tu foto)
I'd like a million of them over myself (quiero un millón de ellas sobre mí)
I want the doctor to take your picture (quiero que el doctor coja tu foto)
So I can look at you from inside as well (Así puedo mirarte desde dentro también)
You've got me turning up and turning down and turning in and
turning 'round (Me tienes subiendo, bajando, dando vueltas y girando)

I'm turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think
so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
I'm turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think
so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)

No sex, no drugs, no wine, no women (Ni sexo, ni drogas, ni vino, ni mujeres)
No fun, no sin, no you, no wonder it's dark (ni diversión, ni pecado, ni tú, cualquier maravilla es oscura)
Everyone around me is a total stranger (Todos los que están a mi alrededor son unos completos desconocidos)
Everyone avoids me like a psyco ranger (Todos me evitan como si fuera un guardabosques psicótico)
Everyone (Todos)

That's why I'm turning Japanese I think I'm turning Japanese I
really think so (Por eso me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
I'm turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think
so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)

Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)  
(think so think so think so) (lo creo, lo creo, lo creo)
Turning Japanese I think I'm turning Japanese I really think so (Me estoy volviendo japonés, creo que me estoy volviendo japonés, realmente lo creo)




PENSE A MOI (PIENSA EN MÍ)
Ne prends pas cet air là, (No pongas esa cara)
quand tu n'es pas avec moi, (cuando no estés conmigo)
et si tu t'ennuies, pense a moi... (y si te aburres, piensa en mí)
Ton chagrin s'en ira (tu aflicción desaparecerá)
quand je serai dans tes bras, (en cuanto esté en tus brazos)
mais en at-tendant, pense a moi... (pero, entre tanto, piensa en mí)
Ton chagrin s'en ira (tu aflicción desaparecerá)
quand je serai dans tes bras, (en cuanto esté en tus brazos)
alors, mon amour, pense a moi... (por tanto, mi amor, piensa en mí)
Pense à nos vacances, au ciel bleu, (Piensa en nuestra vacaciones, en el cielo azul)
pense à notre plage, à nous deux, (piensa en esa playa, que es nuestra)
à ce grand soleil, sur toi et moi... (en ese gran sol sobre ti y sobre mí)
Et pense à la neige à l'hiver (Y piensa en la nieve en invierno)
au chalet sous les sapins verts, (en la cabaña bajo los pinos verdes)
à nos soirées près du feu de bois. (en nuestras veladas cerca de la chimenea)
Dou dou dou
Ne prends pas cet air là (No pongas esa cara)
quand tu n'es pas avec moi  (cuando no estés conmigo)
et si tu t'ennuies, pensé a moi (y si te aburres, piensa en mí)
Ton chagrin s'en ira (tu aflicción desaparecerá)
quand je serai dans tes bras, (en cuanto esté en tus brazos)
alors mon amour pense a moi  (por tanto, mi amor, piensa en mí)
Pense a moi (piensa en mí)
Pense a moi (piensa en mí)
Pense a moi... (piensa en mí)
Pense à tous les mots que l'on dit (Piensa en todas las palabras que nos decimos)
quand tous les a-mis sont partis (cuando todos los amigos se han ido)
qu'il ne reste au monde que toi et moi... (y que no queda nadie en el mundo más que tu y que yo)
Alors on devient silencieux (Entonces, nos volvemos silenciosos)
tu me caresses avec les yeux, (tú me acaricias con los ojos)
en disant tout bas : "Je t'aime toi." (susurrando: "Oye, te amo")
Je l'entends déja au lointain (Ya lo puedo oír en la lejanía)
le train qui partira demain (el tren que saldrá mañana)
et qui te ramène enfin vers moi... (y que por fin te trae hacia mí)
Tu sais bien que je serai là, (Sabes perfectamente que yo estaré ahí)
avec tant d'amour dans la voix, (con tanto amor en la voz)
ne pense pense pense qu'à ça ! (¡Sólo piensa, piensa, piensa en eso!)




LIVING IN A ISLAND (VIVIENDO EN UNA ISLA)

Easy when you're number one (Es fácil cuando eres el número uno)
Everybody say you're having fun (todo el mundo dice que te lo pasas bien)
Smiling for the public eye (sonriendo de cara al público)
When your body say you wanna die (aunque tu cuerpo te dice que te quieres morir)
Living on an island (Viviendo en un isla)
Looking at another line (buscando otra rayita)
Waiting for my friend to come (esperando a la llegada de mi amigo)
And we'll get high (para tener un subidón)

Hugh he got a real nice place (Hugh consiguió un sitio realmente bonito)
Cruxie gonna be there soon (Cruxie estará con él prontito)
And I just want to see his face (Y yo sólo quiero ver su cara)
I'm getting lonely in my empty room (Me quedo solo en mi habitación vacía)
Living on an island (viviendo en una isla)
Working at another line (haciéndome otra rayita)
Waiting for my friend to come (esperando a la llegada de mi amigo)
And we'll get high (para tener un subidón)

Passing time away in blue skies (Dejando pasar el tiempo en cielos azules)
Thinking of the smile in her eyes (pensando en la sonrisa de sus ojos)
Easy, it's easy (Fácil, es fácil)

Living on an island (Viviendo en una isla)
Oh boy, we're having fun (¡Oh, chaval! Nos lo vamos a pasar bien)
Living on an island (Viviendo en una isla)
Thinking 'bout the things I've done (Pensando en las cosas que he hecho antes)
Living on an island (Viviendo en una isla)
Searching for an other line (buscando otra rayita)
Waiting for my friend to come (esperando a la llegada de mi amigo)
And we'll get high (para tener un subidón)
Waiting for my friend to come (esperando a la llegada de mi amigo)
And we'll get high (para tener un subidón)
I said we're gonna get high (digo que vamos a tener un subidón)
Yeah, we're gonna get high (Sí, vamos a tener un subidón)
We're gonna touch the sky (vamos a tocar el cielo)
Sky...sky...sky...sky...sky...sky... (Cielo...cielo...cielo...cielo...cielo...cielo..)